Mes: noviembre 2013

Adviento

«Inventar nuestro futuro  con Dios» ( Mounier).  Sabiendo que, en nuestra sociedad industrial y consumista, este período coincide con el lanzamiento comercial, en gran escala, de  la campaña navideña, – iniciada, ya, con el viernes negro -, una reflexión sobre el adviento ha de ser  un compromiso  con los valores y actitudes que mejor expresan la visión  trascendente de la vida y de la historia. Con la liturgia del adviento, la comunidad cristiana está llamada a vivir determinadas actitudes esenciales a la expresión evangélica de la vida, la vigilante y gozosa espera, la esperanza. El adviento es ese breve período que nos prepara a la Navidad. Mientras que la naturaleza se hunde lentamente en el sueño del invierno, escuchamos la advertencia de Pablo: «Ya es tiempo de despertarnos del sueño porque nuestra salvación está ya más cercana. La noche está avanzada y el día encima». El adviento culmina en el nacimiento del Salvador, en Navidad. El tiempo de adviento, en su expresión litúrgica, está consagrado a la venida de Dios y al fin de la historia, cuando Jesús reine como Rey universal. Este tiempo es esencialmente la celebración “de la venida de Dios” en su triunfo final. El adviento nos conforta y nos espabila de nuestro sopor. Adviento, lejos de ser un tiempo penitencial o de desesperanza, es un tiempo de alegría en la esperanza y un tiempo de...

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Domingo I Adviento A Dic.1,2013

Is.2,1-5; Sal. 121; Rom.13,11-14; Mt.24,37-44   Querido hermano: Iniciamos un año nuevo en la liturgia, un ciclo más. Pío XII decía que “El Año Litúrgico, es Cristo mismo que pasa de nuevo en medio de nosotros con las mismas bondadosísimas intensiones con las que pasó haciendo el bien a todos y curando a los oprimidos por el demonio cuando vivió su vida terrena. 1. En entregas pasadas he hecho alusión frecuente a la importancia central, vital que la liturgia tiene en la vida de los fieles. En la Exhortación Apostólica Verbum Domini el Papa insiste mucho en la importancia de la liturgia, de la palabra de Dios en la liturgia, de la pastoral litúrgica. Si logramos hacer que los fieles comprendan, y por lo tanto vivan, la liturgia, lograríamos mucho en el crecimiento espiritual de nuestro pueblo. En nuestras reuniones de los martes bien podríamos dedicar un tiempo mayor y más calificado a éste particular. Igual, anteriormente he compartido con ustedes algunas ideas sobre la escatología cristiana. De hecho, el domingo XXXIII, compartía con ustedes un ensayo al respecto titulado: La vuelta de Cristo y la resurrección general. También en el sitio Web de la Diócesis, el domingo anterior y éste, aparecerá éste ensayo. Y es que el final del año litúrgico está marcado por la insistencia en la dimensión escatológica de nuestra fe. Pablo dice: Vivimos aguardando a...

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Paseantes Extraviados.

El papa BXVI, fiel a la idea de poner de relieve las virtudes teologales, decidió  convocar un Año de la fe, que comenzaría el 11 de octubre de 2012, y terminará en la solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo, el 24 de noviembre de 2013. BXVI vio con claridad meridiana que el cristianismo ha de volver a sus raíces más profundas; intentó despertar la conciencia de que ser cristiano no es más que vivir la fe, la esperanza y la caridad. Así quedó claro en sus tres encíclicas sobre cada una de estas virtudes. En ellas y en sus catequesis, en sus mensajes y visitas internacionales, plasmó lo que viene a ser la esencia del cristianismo. Lo demás es historia. Pero yo quiero abordar este tema desde el testimonio de aquellos para quienes la fe fue un camino largo, difícil y no falto de sufrimiento. Y sorprendente y desconcertante. Después de todo, la fe seguirá siendo don y misterio. Cuando nos hablan de ello los religiosos nos dejan la impresión de que se trata de algo que pertenece y es fácil para ellos, pero que en la vida, en “lo terriblemente cotidiano”, en “la vida real”, es punto menos que imposible. En todo caso los oye uno en silencio y con respeto. Pero la vida se presenta como un inmenso páramo que no sabemos a ciencia cierta cómo habremos...

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Domingo Cristo Rey. C. Nov. 24,2013

Sam. 5,1-3; Sal. 121, Col. 1,12-20; Lc. 23,35-43  1. El ciclo o año litúrgico está rimado por tiempos de “preparación-espera” y epifanías del Señor. El ciclo abierto por la efusión del Espíritu sobre la comunidad apostólica propiamente no se cierra, permanece abierto hacia el futuro. El año litúrgico termina en la espera de la gran epifanía del Señor cuando vuelva con gloria al fin de los tiempos (Mt.24,15-30 y par. cf. los evangelios de los  últimos domingos). «Entonces se habrá consumado el misterio de Dios » (Ap. 10,7). Esta última parte de año litúrgico tiende hacia la epifanía de glorificación. El último príodo del año litúrgico, el más largo, es pues un ciclo de esperanza, un ciclo profético, iluminado por la visión de «una muchedumbre inmensa, que nadie podía contar, de toda nación, razas, pueblos y lenguas» venidos de «la gran tribulación» a la Jerusalén celestial. «Y gritan con fuerte voz: la salvación es de nuestro Dios, que está sentado en el trono, y del cordero» (Ap. 7,9-10), según las lecturas de la fiesta de “Todos los Santos”. El pueblo de Dios se encamina a través de los sufrimientos de esta vida hacia esta epifanía suprema del amor divino. Entonces, escribe todavía S. Juan, «el Señor Dios los alumbrará y reinarán por los siglos de los siglos» (Ap.22,5). “La Iglesia camina en el tiempo, pues, según frase afortunada de...

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