Mes: marzo 2016

II Domingo de Pascua C.

Domingo II de Pascua o Divina Misericordia. Hch 5,12-16; Sal. 117; Ap 1,9-11.12-13.17-19;Jn. 20,19-31     Hch 5,12-16. El signo milagroso – El poder que Jesús tenía para vencer la muerte y todo mal ha sido transmitido realmente a los apóstoles. Era necesario convencer de ello a un público que todavía creía solo en la potencia de Dios. Pero la verdadera victoria sobre el mal no es solo el milagro: también es la presencia de una frescura que hace sonreír a un rostro contraído por el dolor, un gesto de amistad que conforta a un corazón entristecido, la voluntad de cambiar el propio ambiente y hacerlo mejor, un compromiso serio de la propia conversión. Todo esto vale más que un milagro para hacer evidente la presencia del resucitado en el mundo de hoy.    Sal. 117; Ya envié un sencillo comentario al salmo 17. Esta en el sitio web de la parroquia: wwwJesusmaestro.tk.   Ap 1,9-11.12-13.17-19; El día del Señor – Juan, desterrado en Efeso, escribe a los cristianos perseguidos por la autoridad política. Un día se le aparece Cristo bajo la imagen del «Hijo del hombre» (es decir: el juez de los últimos tiempos), de sacerdote verdadero (la túnica larga hasta los pies), y de Rey (el rostro de oro). Él, lo ve sobre todo como Señor de la iglesia (en medio a los siete candelabros que representan...

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La verdadera vida.

La verdadera vida. Este cuerpo mortal habrá de revestirse de la inmortalidad divina. (S. Pablo).   Porque si la resurrección nos revela qué es la muerte, también nos revela qué es la vida. De igual modo que la muerte no era la vida que sigue a la muerte, así la vida no es la vida que precede a la muerte. Esta vida, la vida presente, es una vida muerta. La vida tampoco es la poderosa corriente de la vida biológica que circula por las especies animales y por la especie humana. Esta vida que disuelve al hombre en la corriente de la especie es más una tumba que una madre. Sus aguas rebosan de cadáveres, y sólo lleva hasta su extremo más avanzado a un frágil resto de vivos. El optimismo frente a la vida biológica nos parece una inmensa mixtificación, en el sentido etimológico de la palabra, por su falaz idealización del cruel realismo de la existencia biológica. Ese afán puede conduce al encarnizamiento médico. La verdadera vida está en otra parte. La verdadera vida es la del hombre entero cuando es sustraído a la corruptibilidad de la existencia biológica y transformado por las energías divinas que le comunican la incorruptibilidad. Esta vida es lo que Pablo llama el espíritu, por oposición a la carne. El hombre es espíritu en su alma, cuando ésta queda sustraída a la...

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Descripción del logo del Jubileo de la Misericordia

Descripción del logo del Jubileo de la Misericordia   El logo y el lema ofrecen juntos una buena síntesis del Año jubilar. Con el lema Misericordiosos como el Padre (tomado del Evangelio de Lucas, 6,36) se propone vivir la misericordia siguiendo el ejemplo del Padre, que pide no juzgar y no condenar, sino perdonar y amar sin medida (cfr. Lc 6,37-38). El logo – obra del jesuita Marko I. Rupnik – se presenta como un pequeño compendio teológico de la misericordia. Muestra, en efecto, al Hijo que carga sobre sus hombros al hombre extraviado, recuperando así una imagen muy apreciada en la Iglesia antigua, porque indicaba el amor de Cristo que lleva a término el misterio de su encarnación con la redención. El dibujo se ha realizado de manera que se destaque el Buen Pastor que toca en profundidad la carne del hombre, y lo hace con un amor capaz de cambiarle la vida. Además, es inevitable notar un detalle particular: el Buen Pastor con extrema misericordia carga sobre sí la humanidad, pero sus ojos se confunden con los del hombre. Cristo ve con el ojo de Adán y este lo hace con el ojo de Cristo. Así, cada hombre descubre en Cristo, nuevo Adán, la propia humanidad y el futuro que lo espera, contemplando en su mirada el amor del Padre. La escena se coloca dentro la mandorla...

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Domingo de Resurrección

DOMINGO DE RESURRECCIÓN Hech. 10,34.37-43; Sal. 117;  Col. 3,1-4; Jn. 20, 1-9 ò Lc. 24,1-12 ó Lc. 24, 13-35   En los Hechos leemos: En el grupo de los creyentes todos pensaban y sentían lo mismo (cf. 4,32). Aquí tenemos a la Iglesia que ya celebra y anuncia públicamente la fe en la resurrección. Parte de su testimonio radica en su unidad: la de los creyentes unidos en una misma fe y en el amor, es decir, en la dimensión comunional de la iglesia. Jamás reflexionaremos lo suficiente sobre la idea de comunión, de comunidad, la comunidad de los creyentes.   El siguiente comentario es a Jn. 20,1-9. Este paso consta de dos episodios independientes y de extraordinaria profundidad. El primero está constituido por el tema de la paz y que culmina con el «acta fundacional»  de la Iglesia. La paz es un don de Dios dado al mundo por medio de su Hijo; es posible sólo porque Jesús ha vencido el pecado y la muerte. Don y conquista, porque debemos ser trabajadores  y anunciadores del evangelio de la paz. Sobre el tema se han escrito libros al por mayor. Mucho hay que decir al respecto. El segundo episodio nos habla de Tomás. En realidad es el final del evangelio y se nota la intención redaccional de Juan: un relato escrito para quienes no tuvieron la oportunidad de conocer,...

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Vigilia Pascual. Una reflexión.

Vigilia Pascual. Una reflexión.   En los evangelios queda claro que ni los apóstoles ni los demás discípulos del Señor esperaban la resurrección. De ahí la sorpresa de María Magdalena, que piensa que se han llevado el cadáver de Jesucristo. San Marcos nos transmite el desconcierto y el miedo de las mujeres las cuales deciden no comunicar nada por el miedo que tenían: «Salieron huyendo del sepulcro, del temor y del desconcierto que les entró, y no dijeron nada a nadie, del miedo que tenían»; (Mc. 16,8); esta parece ser la reacción general de los que, después, llegarían a ser «testigos de la resurrección».   Sin embargo, todos ellos acabaron creyendo. Al meditar los textos, nos damos cuenta de que la sorpresa inicial y la fe posterior coinciden con  unos corazones que amaban intensamente al Señor. Este testimonio también está en las escrituras: Pedro, no obstante la negación, ama intensamente a Jesús y llora amargamente su caída. Las mujeres permanecen al pie de la cruz y se fijan dónde han depositado el cuerpo de su Señor; María, en el evangelio de Juan, – símbolo de la iglesia -, busca “a su Señor”; todos ellos, algunos no obstante su miedo y su desconcierto, amaban intensamente a Jesús.   La muerte en la cruz era un hecho irrefutable y vergonzoso, pero nunca dejarían de anunciarla. Sabían lo que habían sucedido en...

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