Mes: Julio 2016

Asimetría sistémica (¿?)

Asimetría sistémica (¿?) Para acercarnos a la realidad social, para tratar de diagnosticarla, hay que recurrir al lenguaje tomado de donde sea. Sustantivo y adjetivo. Se trata de un sistema, en este caso social, completamente irregular. La vocal “a”, es privativa; no hay simetría. Entonces tenemos que buscar qué es ‘simetría’. Del griego ‘syn’ y ‘metrós’= la misma medida, o sea, proporción adecuada de las partes de un todo entre sí y con el todo mismo. Una misma medida; la armonía sería la percepción estética de la simetría. Armonía, equilibrio, proporción, tal es el presupuesto de la belleza. Entonces, la a-simetría es la ausencia de armonía, de equilibrio, de belleza; la desproporción es propia de lo monstruoso. Ahora bien, cuando tal asimetría se convierte en sistema, en forma de relación y funcionamiento, entonces hacemos del desequilibrio, de la anomalía, el sistema de navegación-relación social. La dis-función en el ente social es la fealdad en la teoría estética. Desde este sencillo título, E. Lezama, traza un buen diagnóstico de nuestro México, o de los mexicanos, en su día a día. Y comienza con una pregunta a bocajarro: ¿Por qué los servicios en México son tan malos? Y yo añado, y tan caros. La relación del individuo como cliente o ciudadano sucede en un ambiente desfavorable, asimétrico. La persona que está detrás del escritorio o ventanilla, en el banco o en...

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Homilía de San Basilio Magno

De las homilías de San Basilio Magno, Obispo. SEMBRAD PARA VOSOTROS MISMOS EN JUSTICIA.   Oh hombre, imita a la tierra; produce fruto igual que ella, no sea que parezcas peor que ella, que es un ser inanimado. La tierra produce unos frutos de los que ella no ha de gozar, sino que están destinados a tu provecho. En cambio, los frutos de beneficencia que tú produces los recolectas en provecho propio, ya que la recompensa de las buenas obras revierte en beneficio de los que las hacen. Cuando das al necesitado, lo que le das se convierte en algo tuyo y se te devuelve acrecentado. Del mismo modo  que el grano de trigo, al caer en tierra, cede en provecho del que lo ha sembrado, así también el pan que tú das al pobre te proporcionará en el fruto una ganancia no pequeña. Procura, pues, que el fin de tus trabajos sea el comienzo de la siembra celestial; Sembrad para vosotros mismos en justicia, dice la Escritura.   Tus riquezas tendrás que dejarlas aquí, lo quieras o no; por el contrario, la gloria que hayas adquirido con tus buenas obras la llevarás hasta el Señor, cuando, rodeado de los elegidos, ante el juez universal, todos proclamarán tu generosidad, tu largueza y tus beneficios, atribuyéndote todos los apelativos indicadores de tu humanidad y benignidad. ¿Es que no ves cómo...

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XVIII Domingo Ordinario C

Domingo XVIII T. O. “C” Eclesiastés 1,2; 2,21-23; Sal. 89; Col. 3, 1.-5.9-11; Lc. 12, 13-21   “Hay que tener cuidado con las cosas que Dios ha puesto en nuestras manos”. ¿Qué cosa asegura la vida? Narrando la desventura de un rico terrateniente, Jesús nos hace ver cómo la “providencia humana” tiene una visión muy corta; aquél hombre creía haber encontrado su propia seguridad vital en la abundancia de reservas acumuladas en sus graneros pero, imprevistamente, la muerte lo atrapa… Y Jesús denuncia su imprevisión y su locura: limitando las propias aspiraciones a este mundo, prácticamente ha renegado de Dios.   ++++ Eclesiastés 1,2; 2,21-23 – Todo es vanidad – La corriente amarga del cinismo griego, (saludos al P. Chicho), ha sobrepasado las fronteras y arriba por primera vez a las playas del optimismo hebreo, cuyo fundamento era la esperanza mesiánica. El sabio no tiene miedo de respirar este aire nuevo; efectivamente, de frente a la muerte, todos los proyectos del hombre desaparecen. También el cristiano, a veces, se deja llenar los pulmones de esta “sabiduría profana”, que es, más bien, astucia. ¿Pero, será capaz, como el sabio bíblico, de ser honesto con su fe hasta redimir el espíritu de su tiempo?   Sal. 89 – Meditación sobre la brevedad de la vida humana, con una súplica esperanzada. Hay que leerlo, –  aparece con frecuencia en la liturgia de...

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La avaricia.

La avaricia. Por estos días los medios nos han dado a conocer la danza de millones y millones que giran en torno a la gestión política; venimos a saber, incluso, lo que ha costado cada voto, los sueldos y prebendas de los actores en el ámbito político, el costo, no solo económico sino social, del sindicalismo y un largo etcétera en este rubro. Pareciera una búsqueda febril de dinero y más dinero, lo más fácil posible. Y frente a esto una pobreza evidente oculta solo, tal pareciera, para el discurso oficial. Y hay que cuadrar los números. Primero Riva Palacio y después en El País nos alertan de que el cambio de director en el INEGI tiene la finalidad de cuadrar los números, de darnos unas cifras alegres según las cuales la pobreza ha sido, prácticamente, abatida. Mediante un puente aéreo diseñado por Meade fueron atendidos el 90% de las comunidades oaxaqueñas hambreadas por el bloqueo de los llamados maestros. Tal puente sería una envidia para los mejores ejércitos en zonas de guerra. “El vicepresidente de la Junta Directiva, Félix Vélez, admitió que en la institución ha sabido siempre de esta laguna de imprecisión en los datos sobre los ingresos de los mexicanos, pero decidieron corregirla cuando notaron que la disparidad entre sus números y los de las Cuentas Nacionales era demasiado grande”. Hay que cuadrar los números. Hay...

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La sociedad del cansancio….

La sociedad del cansancio…. a la que orgullosamente y tercamente pertenezco, es, sin duda, la característica nueva y definitoria de nuestra sociedad cansada, estresada, dopada. Debemos, ahora, redefinir la profecía de Nietzsche, según la cual, “nuestra cultura hará del hombre un bestia de trabajo y de placer”, puesto que el posible placer de que se puede disfrutar es el dopaje, y todo en orden al trabajo, al rendimiento. De hecho, había hablado a El Diario para avisar que este domingo no enviaría artículo por simple agotamiento, pero, ya ve usted, aquí estamos tratando de compartir simplemente esta experiencia de cansancio y, como buen cura, dar el consejo y quedarme sin él, según sentenciaba mi abuela Paulina. Y ahí tiene usted; precisamente, este mes y medio, hasta mediados de agosto, cuando debería ser un tiempo de baja en el trabajo y búsqueda de reposo para resarcirnos, iniciamos, en “mi changarrito”, un curso intensivo de catequesis infantil y metí en el enjuague a la gente que me ayuda. Lidiar con 170 niños, trabajo heroicamente realizado por las catequistas, es agotador. Pero lidiar con las 170 mamás, abuelas, madrinas, tías y demás familiares, es de pronóstico reservado. Y este trabajo se vuelca en la oficina, donde se mantiene en pie heroicamente la secretaria y ayudantes. Ese ‘don de si’ expone seriamente a los sacerdotes al  burn out, al agotamiento, al derrumbe; al...

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