Año: 2017

III Domingo de Adviento “A”

  Is. 61,1-2. 10-11;  Sal. Lc. 1, 46-55;  Jn. 1,6-8.19-28.   Is. 61,1-2. 10-11.  Sacerdotes a la manera de profetas. Todos los cristianos son «sacerdotes del Señor y ministros de Dios». Han recibido una consagración que los constituye profetas del evangelio, testigos de la alianza entre Dios y los hombres. Dejemos por lo tanto de preguntarnos «¿en qué cosa podemos ser útiles?» En nuestras manos está el germen de la justicia y la felicidad. Pero es en medio de las naciones donde descubrimos nuestra dignidad de «estirpe bendecida del Señor», participando en las penas y los trabajos de los hombres, iluminados por la fe en el compromiso del testimonio y la participación.   Sal. Lc. 1, 46-55.- Ver más abajo.   ITes.5,16-24.- Profetas en la propia tierra.-  Don de profecía es todo lo que actualiza el evangelio; es la presencia en el hombre del Espíritu siempre nuevo. No ocuparse de él, despreciarlo, significa apagar la luz que la iglesia puede llevar al mundo. Sin el carisma de la profecía, la iglesia no es más que un museo. Pero la iglesia no es tampoco una secta de iluminados: debe acogerlo todo, verificándolo en nombre del evangelio y del bien común. Es un equilibrio que ha de conservarse, en la iglesia y en cada cristiano: acoger y asimilar. Es el equilibrio mismo de la buena salud.   Jn. 1,6-8.19-28.- ¿Qué dices...

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Guadalupe, ¿estará contenta?

  ¿Estará feliz María de Guadalupe, viendo correr a raudales la sangre de sus hijos, tan especialmente queridos?, ¿viendo la pobreza, el olvido, la indiferencia, el abuso, la corrupción; cuando los ‘moradores de estas tierras’ viven el fracaso del sistema nacional de seguridad, cuando cualquier mexicano es susceptible de ser baleado, asaltado, secuestrado? ¡Círculos imbatibles donde anida la pobreza y medra el crimen; centros donde crímenes macabros se dan con naturalidad! ¡Cuánta zozobra, cuánto miedo, cuánta incertidumbre con nuestro futuro en manos de pobres seres de polvo! Y los ‘moradores de estas tierras’ se aprestan a un 18 impredecible, dominado por la palabrería vacía: seguridad, modernidad, fin a la corrupción, de la impunidad y el perdón imposible. La Virgen llegó a México en el Adviento de 1531, en el adviento histórico de un nuevo momento, de un nuevo nacimiento, aparición de una nueva raza; traía la esperanza de un renacimiento a los habitantes de estas tierras estremecidos por el choque brutal. La presencia de María de Guadalupe es un caso único en las religiones: historia, presencia e Imagen en medio de un pueblo. María es Mujer. Por ello es Madre. Y en aquel adviento vino a anunciar, a traer, a dar a luz, como lo hiciera en Belén, al Evangelio de la vida, del amor, de la esperanza. Pero, ¿dónde nos encontramos ahora? Ahora, en Adviento, en este adviento,...

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II Domingo de Adviento “B”

  Is. 40,1-5. 9-11; Salmo 84; 2Pe, 3,8-14; Mc. 1,1-8   Is. 40,1-5. 9-11. Un camino recto.- Después de 50 años de exilio, Dios lleva de nuevo al pueblo elegido a su tierra, como un nuevo éxodo, incluso más glorioso que el primero. Miles de kilometro separan Babilonia de Jerusalén, y el camino normal significaría enorme rodeo, caminando hacia el norte para evitar el desierto. Pero Dios tiene prisa de llevar a la libertad a su pueblo y traza un camino recto a través del desierto reverdecido. Adviento: en toda miseria humana Dios viene a nosotros no para exigirnos ni condenarnos, no para hundirnos más en la desesperación, si no para salvarnos. El texto de hoy ha dado origen a la palabra «evangelio», mediante el anuncio: «he aquí, que vuestro Dios llega». Si, él viene y quiere vivir con nosotros.   Salmo 84. Lamentación colectiva, con oráculo de salvación. Transposición cristiana. Todos los actos de salvación del A.T. quedan incompletos, preparando la salvación culminante, cuando en Jesús venga la gloria de Dios al mundo, y nuestra tierra germine al Justo. En ese momento se realiza el gran encuentro de la justicia con la fidelidad y la misericordia y la salvación, frutos de una tierra fecundada por el Espíritu Santo. Pero de nuevo la salvación realizada en Cristo se abre hacia la consumación, produciendo y sustentando nuestra esperanza.   2P.3,8-14....

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Tiempo de esperanza

  El Adviento (= Adv.) es el tiempo de la presencia y de la espera de lo eterno.  Por esta razón es, de modo particular, el tiempo de la alegría, de una alegría interiorizada, que ningún sufrimiento puede borrar. Nos prepara a celebrar la ‘causa’ de nuestra alegría. La alegría que brota del hecho de que Dios se ha hecho niño, compañero nuestro de camino, de una vez para siempre. Esta alegría, invisiblemente presente en nosotros, nos anima a caminar confiados en la esperanza sobrenatural. Blondel hablaba de la existencia en el hombre “de un deseo natural de lo sobrenatural”. Adv. puede traducirse como “presencia”, “llegada”, “venida”. En el lenguaje del mundo antiguo era un término técnico utilizado para indicar la llegada de un funcionario, la visita del rey o del emperador a una provincia. Pero podía indicar también la venida de la divinidad, que sale de su ocultación para manifestarse con poder, o que es celebrada presente en el culto. Los cristianos adoptaron la palabra “adviento” para expresar su relación con Jesucristo: Jesús es el Rey, que ha entrado en esta pobre “provincia” llamada tierra para visitarnos a todos; hace participar en la fiesta de su adviento a cuantos creen en Él, a cuantos creen en su presencia en la asamblea litúrgica. Con la palabra adventus se pretendía sustancialmente decir: Dios está aquí, no se ha retirado del...

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I Domingo de Adviento. “B”

  Is. 63,16-17.19;64, 2-7; Salmo 79; ICor. 1,3-9; Mc. 13,33-37   Is. 63,16-17.19;64,1.6-7.- «Tú eres nuestro Padre. Abraham no sabe de nosotros». Al inicio de este nuevo año litúrgico nos dirigimos a Dios con este título: ¡Padre!, que es el centro de nuestra religión, porque así es como Dios se ha revelado en Aquél cuya fiesta preparamos para celebrarlo como nuestro hermano en la carne. ¿De dónde brota tal audacia? Ciertamente, no de nuestros méritos, sino de la bondad de Dios, de su voluntad, manifestada «en los últimos tiempos», de hacer de cada uno de nosotros un hijo. En esta alianza que quiere hacer con nosotros, él nos asegura su apoyo; a nosotros no nos resta más que tener confianza en él, amarlo y servirlo como compañero de viaje, hermano y padre.   Salmo 79.–  Lamentación pública en una grave desgracia: invasión militar. El estribillo señala el tono, ensanchando cada vez más el nombre divino. Trasposición cristiana. La imagen de David la asume Cristo, como concentración del pueblo de Dios, Jn. 15,5, y después se la pasa a su iglesia. Como Cristo, también la iglesia es pisoteada y entregada a las contiendas y burlas de los enemigos. Con Cristo la iglesia invoca la ayuda de Dios, y en Cristo contempla la iglesia el rostro de Dios que brilla con poder y clemencia.   1Cor. 1,39.- Cristo don de Dios...

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La Fiesta de hoy es
Nuestra Señora de Guadalupe