Mes: junio 2017

!Luz, más luz!

  ¿Son todas las preguntas, en el fondo, una sola? ¿No es nuestra existencia sino una vasta monotonía, páramo ingrato? Las últimas palabras que pronunciara Goethe, al filo de la muerte: “¡Luz, más luz!”, (Licht, mher licht), según su médico, parecen afirmarlo. Esta exclamación sintetizó su vida entera, que quedó sublimada en la imagen de una búsqueda, de una luz buscada y perseguida. O que expresó la insatisfacción profunda de su sistema vital. Cuando no el simple hecho de la agonía que trastorna la visión. Por ello, Vasconcelos se reía de buena gana de tal frase. ¿Cuál fue la luz que no encontró Goethe? ¿Cuál, la luz que pedía? Me impresiona que la marca más relevante que uno ponga a su propia vida en tal momento, cuando no hay lugar para la chapuza, sea el impulso como tal de buscar luz, dando por hecho que aún no se ha encontrado, o que la que existe no es suficiente, y que por tanto es preciso pedir más hasta que exhalemos nuestro último aliento. Cuando se tiene la suerte de disponer de tiempo para arrojar tales resúmenes, de lo que ha significado la propia vida, al mundo que se abandona, caen ciertos velos y ciertas ilusiones. Resulta extraño llegar al momento postrero pidiendo luz cuando toda la vida la tuvimos al alcance de la mano. Palabras iluminadoras, de cualquier modo. El ...

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Domingo XIII “A”

  2 Re. 4, 8-11.14-16; Sal 88; Rom. 6,3-4.8-11; Mt. 10,37-42   “Por encima de Cristo, nada”. S. F. de Sales.   A quien se entrega totalmente a él, Jesús le da un amor capaz de establecer relaciones nuevas con todos, comprendidas las más ìntimas, la propia familia. Además, dado que el misionero prolonga la presencia de Cristo, puede contar con una acogida  favorable. Y, separado de todo, puede unirse a todos, ‘hacerse todo con todos y para ganarlos a todos’, como Pablo. ——— 2 Re. 4, 8-11.14-16.- Es sabido que una madre sin hijos proyecta su ternura maternal en otras personas. Y ese afecto es el que se proyecta sobre Eliseo y se convierte en hospitalidad y acogida. Pero acoger a un pequeño, es acoger a Dios mismo (Mt. 10,40); y aquella mujer hace esta experiencia, aprovechando la visita de Dios en la persona del profeta. Por el hecho de que se ha puesto toda entera al servicio de la hospitalidad, ella puede descubrir en Dios el secreto que la impulsaba a amar.   Sal 88.- vv.2-3.16-17.18-19. – Larga lamentación colectiva en la derrota; con referencia a la alianza de Dios con David y revelación de la misericordia de Dios.  Aún en las circunstancias adversas, el anónimo poeta nos invita a “cantar eternamente las misericordias del Señor, a anunciar su fidelidad por todas las edades”. El pueblo privilegiado...

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Ayudar a Dios

  Etty Hillesum (Middelburg, 15.01.1914 – Auschwitz, 30.11.1943), fue una joven judía holandesa que mantuvo un diario durante la II Guerra, entre los años 1941 y 1943; en él testimonia su propio fin en Auschwitz. Se parece al diario de Ana Frank, pero escrito por una mujer de 27 años. El libro tuvo gran resonancia en Holanda y es considerado un documento de gran valor religioso y, por ello, profundamente humano. No pocas veces, el sufrimiento nos lleva, explicablemente, a una rebeldía, a un cuestionamiento al modo de actuar de Dios y a exigirle que solucione o modifique nuestra situación. ¡Es tan difícil descubrir el sentido del sufrimiento humano! ¿Por qué a mí? ¿De qué sirve la oración? El sufrimiento humano tiene muchas vertientes. Y nosotros no sabemos qué quiere Dios con ello. Y los que no han aceptado el don de la fe, ¿qué esperanza les resta? Dios no teme nuestras preguntas y rebeldías. Pero en los momentos de depresión y abatimiento podemos mirar a hombres y mujeres que, en medio de los sufrimientos más atroces e injustos, cuando la muerte se desarrolla a escala industrial y el sufrimiento se aplica con los métodos científicos más sofisticados, han encontrado misteriosamente el “camino” en medio de la noche más oscura de la existencia. Frankl, Edith Stein, Etty Hillesum, entre miles y miles que descubrieron la ‘felicidad inadvertida’ en los...

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Homilía XII Ordinario “A”

  Jer. 20,10-13; Salm. 68; Rom. 5,12-15: Ev. Mt.10,26-33     Antes, el martirio aparecía como condición del evangelio. “La sangre de los mártires es semilla de cristianos”. (Tertuliano). Hoy hablamos más bien del anonimato, de las cárceles o campos de donde nadie retorna. Pero la voz de los mártires, llamados a una gran pureza, sigue alzándose hasta el cielo.   ++++ Jer. 20,10-13.- Dios es fiel – Aquellos que esperaban palabras tranquilizantes o el consuelo de su propio prestigio, se encuentran desconcertados por el mensaje del profeta. Jeremías pagará el precio de ello: se encontrará solo y perseguido. Pero la fe de Jeremías es más fuerte que las amenazas; el profeta presagia que, tiempo andando, sus adversarios conocerán una derrota total; él ve ya la caída de aquellos que rechazan su mensaje; más allá de las apariencias, él está seguro de la fidelidad de Dios.   Sal. 68, 8-10.14-17.33-35.- Lamentación de un individuo enfermo y acusado; concluye con una acción de gracias. Se leen los vv. Indicados. 7-8. Para mover a Dios, alega el efecto que produce su derrota: él ha confiado en Dios, le ha sido fiel, le ha invocado; si Dios no lo escucha, los que esperan a Dios y lo buscan quedarán defraudados. Otro motivo es que el salmista sufre por Dios. 14-17. Comienza de nuevo la petición. Hay días especiales que Dios otorga su...

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BONUS SENEX. (1917-2017)

  (Con ocasión del Centenario de natalicio de don Manuel Talamás C., publico, íntegro, este artículo aparecido cinco días luego de su muerte. In Memoriam.). Así se dirigía S. Agustín, a su obispo Valerio: bonus senex. Así saludaba yo a D. Manuel. ¿La traducción?: “mi querido viejo”, con la connotación de amor y veneración, de confianza y respeto que el “bonus senex” se había ganado a pulso. Y, él, con su sonrisa inolvidable, volvíame a contar el chascarrillo de los viejecitos que, platicando entre ellos, le dice uno al otro: ¡qué feo es llegar a viejo!, y el otro respondía: ¡es más feo no llegar! Y don Manuel llegó a la edad provecta con la nota del proceso ascendente que es toda vida que no se malogra. Le recordaba yo las palabras de Pablo, y no porque él las hubiera olvidado, que bien las sabía, sino que, por el peso de esa larga enfermedad que es la vejez, se quejaba de sus dolencias y limitaciones: “Mientras esta morada terrenal en la que habitamos se va desmoronando, se nos prepara una mansión incorruptible, no hecha por mano de hombre, que nos aguarda en el cielo”.  Y me decía: “En efecto, así es. Tienes razón”. Yo estaba seguro que, mientras la enfermedad y el tiempo iban carcomiendo la morada terrenal, su cuerpo físico, al mismo tiempo, en el cielo, se le...

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