Mes: agosto 2017

XXII Domingo Ordinario “A”

Jer. 20,7-9; Sal. 62; Rom. 12,1-2; Mt. 16,21-27. Queremos un cristianismo sin cruz. (Pablo VI).   «Aléjate de mí».  La orden de Jesús a Pedro, «retírate de mí» (Vade retro, Satana,), puede ser interpretada por cada cristiano como una invitación a seguir al Maestro: como Cristo, el discípulo no puede separar de su vida, la cruz y la salvación.  Verdaderamente, los pensamientos de Dios no son los del hombre.   Jer. 20,7-9.- La palabra de Dios, fuego devorador – Jeremías hubiera preferido ser un profeta de prosperidad y consuelo, sin embargo, debe serlo de contestación, de desgracias. Como Moisés, incomprendido; como Elías, a disgusto y desilusionado; como Jesús en Getsemaní, prueba al mismo tiempo el derrumbe ante su misión y la potencia de una palabra que vence toda resistencia. ¿Por qué te he encontrado? Parece decir Jeremías. «Me sedujiste, fuiste más fuerte que yo». La vida es ya difícil de por sí, ¿para qué complicarla más con la experiencia quemante de la fe?   Salmo 62.-  Para superar la tentación del desaliento, tantas veces resultado del cansancio y de las dificultades de la misión, es necesaria la intimidad con Dios que refleja líricamente el salmo 62, avivando el deseo de la comunión con él, intima, intensa e ininterrumpida. Separados de Dios no podemos resistir la tentación de abandonar la vocación, o terminar convertidos en eficientes burócratas. De esa intimidad...

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Experiencia del vacío.

  G. Lipovetsky, ha escrito un libro inquietante, “La era del vacío. Ensayos sobre el individualismo contemporáneo”. Escribe: “Si nos limitamos a los siglos xix y xx, deberíamos evocar, citar en desorden, el desarraigo sistemático de las poblaciones rurales y luego urbanas, las languideces románticas, los genocidios y etnocidios, Hiroshima devastada en segundos y con 75.000 muertos, los millones de toneladas de bombas lanzadas sobre Vietnam y la guerra ecológica a golpes de herbicida, la escalada del stock mundial de armas nucleares, las figuras del nihilismo europeo, los personajes muertos-vivos de Beckett, la angustia, la desolación interior en Antonioni, seguramente la lista se alargaría desmesuradamente si quisiéramos inventariar todos los nombres del desierto. ¿Alguna vez se organizó tanto, se edificó, se acumuló tanto y, simultáneamente, se estuvo alguna vez tan atormentado por la pasión de la nada, de la tabula rasa, de la exterminación total? En este tiempo en que las formas de aniquilación adquieren dimensiones planetarias, el desierto, fin y medio de la civilización, designa esa figura trágica en la que la modernidad prefiere la reflexión metafísica sobre la nada. El desierto gana, en él leemos la amenaza absoluta, el poder de lo negativo, el símbolo del trabajo mortífero de los tiempos modernos hasta su término apocalíptico”. ¡!Uff! Y la lista no es exhaustiva.   El vacío. «¡Si al menos pudiera sentir algo!»: esta fórmula traduce la «nueva»...

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XXI Domingo Ordinario A

  Is. 22, 19-23; Sal. 137; Rom. 11,33-36; Mt. 16,13-20   Jesús hace entre sus discípulos lo que ahora llamaríamos un «sondeo de opinión»; ¿qué dice la gente de él? Tal vez las respuestas de nuestros contemporáneos serían más heterogéneas que aquellas dadas por los discípulos. Pero hay una cosa cierta: hoy como entonces la historia de Jesús no ve tanto al pasado, sino al futuro que abre con él. Su misterio abarca todas las generaciones y el universo entero.     Is. 22, 19-23.- Las claves del poder – Para sustituir a un funcionario que abusa del poder en su puesto, Isaías anuncia la promoción de Eliacín; él no abusará, sino que servirá. Detrás de estos cambios de puesto se perfila la figura de Cristo, verdadero servidor de la casa de David y al mismo tiempo gloria del Padre. De Dios ha recibido todo poder; pero en la tierra lo delegará a un pescador, Pedro, y después a una comunidad que deberá estar al servicio de las Naciones, en una diaconía permanente.   Sal. 137.- (vv. 1-2abc -3.6.8bc).- Canto de acción de gracias que concluye con una súplica confiada. vv.1-2. Introducción. La eucaristía o acción de gracias arranca del corazón y se va expresando hacia afuera: en las palabras, en el canto, en el acompañamiento de instrumentos, en el gesto corporal. Así el culto es sincero y entrañable....

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XX Domingo T.Ordinario A

  Is. 56,1,6-7; Sal. 66; Rom.11,13-15.29-32; Mt. 15,21-28   ¿Seremos capaces de vivir un evangelio sin fronteras que deje atrás la tranquila seguridad de nuestros hábitos y prejuicios? Con una migaja tomada de nuestra mesa, muchos llamados “no creyentes”, pero con una fe humildemente obstinada, podrían devolvernos el sabor de una comida universal ofrecida y recibida gratuitamente.   Is. 56,1,6-7.- Puertas abiertas – La grave tentación de todos los tiempos es encerrar en un gueto gente de la misma raza, del mismo país, del mismo origen social, de la misma cultura, de la misma lengua. Dios se opone siempre a tales barreras. El profeta abre la puerta del templo a todos los que se han adherido al Señor, aún a los extranjeros. La campaña contra la segregación ha iniciado; pero hay que continuarla. ¿Cómo hacen los cristianos para que, en la iglesia, todos se sientan como en su casa?   Salmo 66. Este salmo nos habla del pueblo que pide la bendición, la recibe y alaba a Dios por ella. Se pide la bendición. Iluminar o hacer brillar el rostro es mostrarse afable, benévolo. El rostro como expresión auténtica de la persona. El estribillo del salmo reporta: “¡oh Dios!, que te alaben los pueblos/ que todos los pueblos te alaben”. La voluntad de Dios conocida se convierte en bendición; el pueblo pide que todos los pueblos alaben al Señor....

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Homilia del Papa Benedicto XVI en el Año 2011 Solemnidad de La Asunción.

  Castelgandolfo, Lunes 15 de agosto de 2011    Nos encontramos reunidos, una vez más, para celebrar una de las más antiguas y amadas fiestas dedicadas a María santísima: la fiesta de su asunción a la gloria del cielo en alma y cuerpo, es decir, en todo su ser humano, en la integridad de su persona. Así se nos da la gracia de renovar nuestro amor a María, de admirarla y alabarla por las «maravillas» que el Todopoderoso hizo por ella y obró en ella. Al contemplar a la Virgen María se nos da otra gracia: la de poder ver en profundidad también nuestra vida. Sí, porque también nuestra existencia diaria, con sus problemas y sus esperanzas recibe luz de la Madre de Dios, de su itinerario espiritual, de su destino de gloria: un camino y una meta que pueden y deben llegar a ser, de alguna manera, nuestro mismo camino y nuestra misma meta. Nos dejamos guiar por los pasajes de la Sagrada Escritura que la liturgia nos propone hoy. Quiero reflexionar, en particular, sobre una imagen que encontramos en la primera lectura, tomada del Apocalipsis y de la que se hace eco el Evangelio de san Lucas: la del arca. En la primera lectura escuchamos: «Se abrió en el cielo el santuario de Dios, y apareció en su santuario el arca de su alianza» (Ap 11, 19)....

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