Mes: octubre 2017

XXXI DOMINGO T. ORDINARIO A

  Mal.1,14-2,2.8-10;Sal. 130; 1Tes.2,7-9.13; Mt. 23,1-12   Uno solo es el Maestro, Cristo, y uno solo el Padre, Dios. Los cristianos, todos son hermanos, radicalmente iguales entre ellos. Ninguno puede situarse a sí mismo delante de los demás.  En ello va el testimonio mismo de nuestra fe, porque de la fe brotan las relaciones que deben ejercitarse entre nosotros, basadas en nuestra calidad de hijos del mismo Padre y discípulos del mismo Señor.   Mal.1,14-2,2.8-10.  Límites de la liturgia – Este violento mensaje se refiere a la liturgia y está dirigido especialmente a los sacerdotes. Un templo nuevo se ha levantado sobre las ruinas de la guerra; pero las ofrendas llevadas en sacrificio son objetos desechables: los sacerdotes se reducen al rol de funcionarios de un culto formal sin alma; ¿cómo reconocer la liturgia de la alianza en medio de todas estas «hechicerías»? En el culto, los sacerdotes encuentran un refugio para huir del ardor inspirado de las profecías y del realismo de los sabios, pero no son ya mensajeros; son solo los antepasados de Caifás; el profeta desenmascara su hipocresía.   Sal. 130. Breve Salmo en el que el salmista se acepta a sí mismo con humildad. Reconoce y acepta el límite de todo lo humano y así evita el pecado capital de la soberbia. En el interior y en los gestos externos es mesurado. Así cultiva una...

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! Dios mío, que solos/se quedan los muertos!

  Siempre me parecieron sugestivos estos versos de Bécquer leídos en los tiempos lejanos de estudiante: “Tan medroso y triste/ tan oscuro y yerto/ todo se encontraba …/ que pensé un momento:/ ¡Dios mío, que solos se quedan los muertos!”.  Y es que la muerte se presenta siempre ante el hombre como amenaza y como escándalo.  El hombre ve confluir en ella todos los fracasos, todas las oscuridades, todos los males que forman la heredad de nuestra condición humana; congela y suspende, por igual, los grandes amores, los odios y las ambiciones innobles. Corta el hilo de eso que llamamos vida y nos obliga a dejar pendiente aquello que juzgábamos importante.   a). Día de muertos. La Liturgia católica ha consagrado un día especial para la oración por los fieles difuntos; no para entronizar la muerte, sino para declarar su derrota definitiva según la frase del Apóstol: “Muerte ¿dónde está tu victoria? ¿Dónde está, muerte, tu aguijón? (ICor.15,54-55). O, también: “El último enemigo en ser destruido, será la muerte” (ICor15,26.), según lo había anunciado Isaías: «Él aniquilará la muerte para siempre» (25,7).   No se trata, pues, según la liturgia católica, de un dato cultural o de estériles remembranzas que en nada compensan, ni de imaginaciones exaltadas, sino de la consideración seria del problema fundamental que, quiérase o no, sépase o no, preocupa y entristece al hombre y, de esta...

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Fin del Año Litùrgico. Todos los Santos

  Como toda realidad humana, el culto cristiano se despliega en el tiempo según los grandes ritmos del día, de la semana y del año. De esta manera comprendemos que el año litúrgico es, en realidad, el marco de una vida consagrada. Es la organización cristiana del tiempo. Por él, nos situamos religiosamente en el tiempo. De ahí la importancia de que sepamos orientarnos en él.   En la encíclica Mediator Dei, Pío XII definía así el año litúrgico: «El año litúrgico es Cristo mismo que persevera en su iglesia y que prosigue aquel camino de inmensa misericordia que inició en esta vida mortal cuando pasaba haciendo el bien, con el bondadosísimo fin de que las almas de los hombres se pongan en contacto con sus misterios, y por ellos en cierto modo vivan. Estos misterios están presentes y obran constantemente como nos lo enseña la doctrina católica…son fuentes de la divina gracia por los méritos y las  oraciones de Jesucristo, y perduran en nosotros por sus efectos….»   El ciclo de la espera. El ciclo abierto por la efusión del Espíritu santo sobre la comunidad apostólica el día de pascua propiamente hablando no se cierra. Permanece abierto sobre el futuro. El año litúrgico termina en la espera de la gran epifanía del Señor cuando vuelva con gloria al fin de los tiempos (Mt. 24,15-30; Mc. 13, 24-32; evangelios...

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XXX DOMINGO T. ORDINARIO A

  Ex.22, 20-26; Sal 17; 1Tes. 1,5-10; Mt. 22,34-40     1ª lectura. La esperanza de los pobres. La usura, la tacañería, la indiferencia ante el sufrimiento de los pobres, de los migrantes y desplazados, de los débiles, se da entre nosotros con tranquila conciencia. La Palabra de Dios lo condena sin ambages. Ante Dios, todos somos pobres, peregrinos y forasteros y él ha tenido compasión de nosotros.  Ustedes eran pobres en Egipto, dice el Señor; por esto los hice salir de aquel país. Pero existen todavía muchos pobres en el mundo; ¿quién dará testimonio ante ellos de mi benevolencia, quien los liberará en mi nombre? ¿Quién tomará la defensa de los pobres como lo he hecho yo? ¿Quién devolverá, antes de que anochezca, al hermano lo que yo les he dado por la mañana, sin retenerlo egoístamente? «Si tomas en prenda la cobija de tu hermano, devuélvesela antes de que se meta el sol», dice el Texto.       Salmo responsorial (17, v.3.4.47). Este salmo se presenta como un himno que entona David alabando y dando gracias a Dios por su protección cuando el enemigo lo atacaba, por las victorias que le concedió por haber extendido su poder a someter algunos reyes vasallos. (1Sam. 18,29).  Los temas están desarrollados con amplitud y con riqueza imaginativa. David es el ungido o mesías, y como tal es figura de Cristo,...

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El horror

    A doble ocho columnas, El Diario publica el escalofriante asesinato de una niña de tres años. El asesino, una vez más, el amasio de la madre. El hecho se ha repetido esta misma semana varias veces.  Esto debe llevar a nuestra sociedad a un profundo examen de conciencia.  ¿Cómo y por qué suceden cosas tan terribles? También la función de padrastro ha sufrido un deterioro completo; a cualquier amante de ocasión se le da este nombre que en muchas ocasiones se refiere a alguien que desempeña una función digna, como el que, por razones diversas, suplen la función del padre. La historia de esta niña puede ser el tema tanto de un relato de terror como de un trabajo sociológico profundo, en el caso de que la nuestra no fuera la sociedad de los sociólogos muertos. Hechos como el presente requieren una sesión de radiografía. Historia y entorno de los autores, condicionamientos sicológicos y sociales, antecedentes, etc., etc.  ¿Qué sucede en nuestra sociedad que permite, favorece tales hechos? Somos una sociedad permeable, porosa, sin raigambre. Juárez parece una ciudad de paso, de botín.   La declaración rendida por el inculpado ante el MP se relata que el viernes pasado, tras haber recibido los puñetazos en el estómago, la niña no lloró, solo le preguntó a su asesino si podía dormir y él le respondió que sí. Entonces...

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