Año: 2018

IV DOMINGO DE PASCUA “B”

  Hch. 4,8-12; Sal. 117; 1Jn. 3,1-2; Jn. 10,11-18     Hech. 4,8-12. El poder del nombre de Jesús – A través de Pedro y los Apóstoles se prolongan las acciones y el destino de Jesús: los mismos milagros y las mismas acusaciones ante el tribunal, la misma liberación como obra del Padre. Es la prueba que Jesús está vivo y que los últimos tiempos han comenzado. Refiriéndose a la profecía de Joel (3,5), Pedro inaugura la predicación del nombre de Jesús: Creer en su nombre quiere decir creer que su victoria sobre la muerte y sobre el pecado continúan también hoy; ser bautizados en su nombre significa colaborar en la salvación ofrecida a todo hombre; pronunciar su nombre significa que él está siempre cerca de nosotros.   Sal. 117. Remito al II Domingo de Pascua.   1Jn. 3,1-2. Verdaderos hijos de Dios – Como la resurrección de Cristo no es una cosa evidente para todos, sino sólo para el que cree, así, la vida nueva del cristiano no es para todos una realidad concreta y tangible y aquellos que se niegan a creer en Cristo, se cierran también a la posibilidad de reconocer la vida de Dios presente en los creyentes. Sin embargo, mucho depende de nosotros: si verdaderamente vivimos como hijos de Dios, manifestemos el amor del Padre e invitemos a los otros a reconocerlo.   Jn....

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Miedo al Silencio

  El bien no hace ruido y el ruido no hace bien, reza un antiguo refrán monástico. Y en el mucho hablar no falta el pecado, leemos en la Biblia. El Diario, este miércoles hacía referencia al ruido que trastorna nuestra difícil convivencia ciudadana. Aludía a las fiestas ruidosas que no nos dejan dormir o trabajar, descansar, leer u orar. ¿Quién no sabemos del vecino que organiza una francachela hasta horas de la madrugada?, ¿quién no sabe del vecino dueño de un perro, o dos o más, que ladra toda lo noche y parte del día? Y al único que no molesta es al dueño. Nadie pensamos en el derecho de los otros al descanso, al reposo, al sueño. Esto sería suficiente, pero el problema es más profundo. Bástenos decir que solo en el silencio el hombre puede encontrarse consigo mismo y con Dios. Tal vez por ello tememos al silencio. Si el ruido impide tal encuentro, entonces se trata de algo muy grave. Max Picard se ocupó del tema a fondo; títulos como: ‘El último hombre’, ‘El rostro humano’ o ‘La Huida de Dios’, dan cuenta de ello. Filósofos y psicólogos y sociólogos se han ocupado del problema del ruido hoy. Antes que ellos, ya los padres del desierto, los monjes en sus monasterios, los santos, conocieron el valor y la necesidad del silencio. Igual, los filósofos griegos....

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III DOMINGO DE PASCUA “B”

  Hech. 3,13-15.17-19; Sal. 4; IJn. 2,1-5; Lc. 24, 35-48.   Hech. 3,13-15.17-19. Del milagro al sacramento – Pedro ha realizado un milagro: ha curado un paralítico que pedía limosna en la puerta del Templo. Es la prueba de que Jesús no está muerto, y que prosigue de un modo nuevo su obra restauradora de la humanidad (v.12). Él ha resucitado, y los apóstoles son testigos de ello. Por lo tanto, es posible todavía, para aquellos que no han reconocido al Mesías cuando estaba en medio de ellos en su carne mortal, reconocerlo ahora y convertirse, hecho que prolonga su acción de renovación del mundo mediante el testimonio de sus fieles.   El salmo 4 es una súplica en la que domina el tema de la confianza; lo rezamos a diario a la hora de Completas, para terminar nuestro día y entregarnos al descanso. Es una experiencia espiritual que se expresa en símbolos de paz, luz, anchura, alegría, sueño tranquilo, que tanta falta nos hace. En suma, es la confianza en el Padre que nos enseña Jesús.   IJn. 2,1-5. En realidad, esta unidad inicia el 1,8-10: “Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos y la verdad no está en nosotros (1,8). Si confesamos nuestros pecados (Él) es fiel y perdonará nuestros pecados y nos purificará de toda injusticia (1,9). Si decimos «no tenemos pecado»...

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Existirá un líder, hoy?

  Javier Marías parece decir cuanto hay que decir de las campañas. Un gravísimo ataque de rectitud recorre el mundo, … Esto sería bueno en principio, dados los delirantes niveles de corrupción de nuestros políticos y de la sociedad, que, camuflados y a sabiendas, una y otra vez, vamos a reelegir. Pero cuando la rectitud no es resultado de un convencimiento estrictamente personal, dice Marías, sino algo sobrevenido, impostado y narcisista, y además se da en forma de arrebatos o ataques, constituye uno de los mayores peligros que acechan a la humanidad. Como en los fundamentalismos sectarios, los únicos santos, buenos, salvables, somos nosotros. Los demás son incircuncisos. El exceso de rectitud afecta a todas las capas sociales y a todas las ideologías, derecha, centro, izquierda, populismo o demagogia; a los cafeteros, columnistas y actores y actrices, escritores, cantantes e historiadores, y sobre todo a individuos desconocidos que creen haber dejado de serlo gracias a las redes y a sus plataformas. “Lamento informar que el arranque oficial de las campañas electorales en México me provocó un pesadísimo tedio; más bien, una somnolencia insoportable…” (J. F Hdez.). Los discursos hasta ahora oídos me recuerdan la Teodicea de Leibnitz. El filósofo de Leipzig añadió al principio de “razón suficiente”, – Nada existe sin una razón suficiente, determinante para ello -, el optimismo del «mejor mundo posible». Se trata de la «lex...

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II DOMINGO DE PASCUA “B”

  Hech. 4,32-35; Sal. 117;  IJn. 5,1-6; Jn. 20, 19-31.   J.-H Newman. – Aprender, al menos para el futuro, a tener fe en lo que no vemos. El mundo parece caminar con su paso acostumbrado. No hay nada celestial en el rostro de la sociedad; no hay nada de celestial en las noticias del día; en el rostro de la gente, o de los grandes o de los ricos o de los intrigantes, no hay nada de celeste. Y ni siquiera en el discurso de aquellos que saben hablar, en las acciones de los poderosos, en la reunión de los sabios, en las decisiones de los soberbios, en el lujo de “los señores”.  Sin embargo, el Espíritu de Dios, por siempre bendito está presente.  La presencia del Hijo eterno mas luminosa y mas potente que, cuando, revestido de nuestra carne, habitaba aún en la tierra, está con nosotros. No olvidemos nunca esta divina verdad: entre más escondida está la mano de Dios, es más poderosa; mientras más silenciosa, más terrible. El Señor estaba con José. Estaba con David, y en los días de su carne estaba con los apóstoles. Y ahora está con nosotros mediante su Espíritu. Y porque el Espíritu divino supera inmensamente la carne y la sangre, el Señor Resucitado y glorioso es más potente que cuando aparecía en la forma de Siervo; el Verbo eterno,...

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