Su gran triunfo es habernos

convencido de que no existe.

Bernanos.

 

Bernanos pinta en esa novela, – genial como todo lo suyo -, la naturaleza de la tentación, o, mejor dicho, su finalidad última. Un sacerdote que tiene su sede en plena campiña francesa se encuentra en un momento de su vida en el que está perdiendo las fuerzas a consecuencia del dolor y el pecado de sus semejantes. Comienza a dudar de su vocación. Después de todo, ¿qué hemos logrado? ¿Qué hemos cambiado? Un día, yendo de camino a un pueblo lejano, se le acerca un desconocido que le pregunta si puede acompañarle en su recorrido, ya que es de noche. En realidad, el desconocido es Satán, Príncipe de las Tinieblas, que le hace saber que le pondrá tentaciones (pruebas) que harán que al final sea suyo, que acabará perteneciéndole; que sembrará la duda, muchas dudas en su alma. Satán es el maestro de la duda metódica y constante. Duda sobre Dios y todo lo que de él se dice. El sacerdote tendrá una de las pruebas en el asesinato que comete una joven de 16 años. Ha dado muerte a un hombre rico del que era su amante.

Se genera esa atmósfera enrarecida donde las certezas se desperfilan y acaban derrumbándose. Es el mal hiriente y la aparente ineficacia de su mensaje lo que amenaza, y puede derrumbar, la fe del sacerdote. No se trata de llevarlo a tal o cual pecado, no; se trata de generar la desconfianza, la duda, el derrotismo; son la fe y la confianza en Dios lo que el Tentador busca aniquilar. Es el gran especialista en orquestar todos los debates y propone una idea racionalista de Dios, un Dios que, si no cabe en nuestros razonamientos, no existe. El Dios de los filósofos. Ante este dios, el de los filósofos, Voltaire se rebelaba: «únicamente la revelación puede desanudar ese gran nudo que han anudado los filósofos». El mal es una obscuridad irreductible a la luz del espíritu humano; este no es el mejor de los mundos posibles; demasiada maldad, demasiado dolor, mucho sufrimiento. No te propongo que no creas en Dios, sino que busques caminos alternos; los hay mejores, dice el Tentador.

El único objetivo del Tentador es quebrar la confianza en Dios. Hay mejores alternativas, sugiere, existe la ‘verdad alternativa’, los ‘hechos alternativos’, la verdad ‘post-factual’; existen mejores hipótesis en todo caso: técnica y política, economía, ciberespacio y “la opinión pública”, el armamentismo en gran escala, la guerra, el mercado, también de las drogas, de la armas, de la verdad.  También tenemos un escaparate con religiones para todos los gustos. Nos convence, – ¿o nos impone? -, que no es necesario referirnos, ya, al padre ni a la madre; después de todo, Dios, en cualquier caso, no es un buen ejemplo de padre. Es conveniente, pues, comenzar a olvidar a los padres. Al fin y al cabo se convertirán en un estorbo, en algo «descartable».  Oficialmente no debo mencionar a mis o padres. Como ves, Dios se ha equivocado en todo. ¿Hay razón para seguir creyendo?

El fondo demoniaco de toda tentación es la desconfianza en el proyecto de Dios, en su providencia, en su sabiduría, en su amor. Los artistas suelen captar con especial agudeza los detalles que escapan a los especialistas bíblicos; así en la película de Mel Gibson, La Pasión, uno de los episodios más seductores e impresionantes, con el que abre la película, es precisamente la tentación. La escena es simple y sencillamente terrible, porque es sutil, seductora y ataca en el punto exacto donde puede doblarse la voluntad. Y se resume en esto: si tu Padre fuera eso, un padre, no permitiría que te sucedería esto, dice el tentador, mientras acaricia tiernamente a un hombrecillo deforme como diciendo: Yo acaricio y mimo a éste engendro, ¿por qué tu Padre te entrega a un destino tan atroz? Además, ¿podrás, tú, cargar con el pecado del mundo? Es mucho, es enorme. ¿No será, de tu parte, un acto de soberbia? Luego, cuando Jesús va cargando, ya, la cruz, con el pecado del mundo a cuestas, entre la multitud aparece, de nuevo, el tentador, ese ser andrógino, bello, seductor, llevando amorosamente en sus brazos al pequeño hombre deforme. “Todavía es tiempo; no te fíes de tu padre; mira hasta dónde te ha llevado”. Y se siente la carcajada burlona, irónica. Es la sutileza con la que el diablo nos presenta la duda, la desconfianza, la sospecha.

Satanás empieza haciendo que se tome conciencia de la anormalidad de la situación, ¿y por qué no comer de ese fruto?, ¿por qué una prohibición de esa naturaleza?, después de todo, ¿quién es Dios para prohibir? ¿Qué es eso de honra a tu padre y a tu madre, si son prescindibles?    Es la tentación primordial y permanente: el hombre que quiere ser dios, conocedor del bien y del mal, dictar sus propias normas, excluir a Dios, decretar su autonomía completa respecto a Dios. Este es el fondo demoníaco de la tentación. No puede haber tema más actual.

Jesús se enfrentó a la tentación. Con este episodio comienza la cuaresma. Por ello, la cuaresma tiene el carácter de un combate. Wolfgang Trilling comenta la siguiente manera el episodio de las tentaciones: “Hay algo así como un antidios, un ser maligno, que quiere servirse de todos los recursos para combatir contra Dios. En el N.T. y especialmente aquí, en este pasaje, todo esto se ilumina con el fulgor del relámpago. En el primer instante en que debe hacerse la obra de Dios, ahí está también el antagonista. En cuanto se levanta el telón de un escenario aparecen en él, frente a frente, Dios y Satán, sin fingimiento y con dureza. Se nota cuánto pesa la palabra tentación.  No es una de nuestras cotidianas tentaciones, sino que es una tentación grande y única: desde Dios a Satán. Es la tentación a la caída a la muerte, a la nada”.

“Si ha habido sobre la tierra un verdadero y extraordinario milagro, fue aquél día, el día de las tres tentaciones. En aquellas tres propuestas que te dirigió el potente Espíritu inteligente, está como condensada y profetizada la entera historia de la humanidad, y en ellas están puestas las tres ideas en las que confluirán, después, todas las irreconciliables contradicciones de la naturaleza humana en el mundo entero. ¡Esta incorregible raza humana!”.   (Dostoioveski).

«¡ Su risa! Esa es el arma del príncipe de este mundo. Se oculta o mismo que miente, adopta todos los aspectos, incluso el nuestro. Nunca espera, no se queda quieto en ningún sitio. Está en la mirada que lo desafía, está en la boca que lo niega. Está en la angustia mística, está en la seguridad y en la serenidad del necio… (Bernanos. Bajo el sol de Satán)

Grave error sería, sin embargo, creer que la libertad humana queda anulada. ¡Terrible misterio! Lea bajo esta perspectiva estas cabezas de noticias: 1) Once cuerpos masacrados aparecen en una camioneta en boca de río; 2) Exhiben régimen de terror en Veracruz. Veracruz enfrenta las devastadores verdades de más de una década de violencia y corrupción a gran escala, informa Crisis Group; 3) Luego de cada erupción verbal de Trump, Wall Street impone nuevo record de ganancias; 4) En febrero pasado, igualamos el número de muertes de febrero del 2011. El péndulo viene de regreso; 5) La mayor cementera del mundo, dispuesta a participar en la construcción del muro de Trump. La francosuiza LafargeHolcim vislumbra grandes oportunidades en el mercado estadounidense gracias al multimillonario plan de inversión en infraestructuras

Pero también hay para el buen humor. El IMSS está listo y ha comenzado a inscribir a todos los posibles deportados.