El  que es de fiar en lo poco también en lo importante es de fiar.

 Debes saber de dónde te viene la existencia, el aliento, la inteligencia y lo que en ti hay de más precio; el conocimiento de Dios; de dónde viene la esperanza del reino de los cielos y la de contemplar, un día, su gloria que hoy ves de manera oscura, como en un espejo, pero que mañana verás en toda su pureza y esplendor.

¿De dónde viene que seas hijo de Dios, heredero con Cristo y, me atrevo a decir, que tú mismo seas un dios? ¿De dónde te viene todo esto y por quién? Y hablando de cosas menos importantes, de las que se ven: ¿quién te ha dado la posibilidad de ver la belleza del cielo, el recorrido del sol, el ciclo de la luna, las innumerables estrellas y, en todo eso, la armonía y el orden que las conduce? ¿Quién te ha dado la lluvia, los frutos, las artes, las leyes, la ciudad, una vida civilizada, unas relaciones familiares con tus semejantes?

¿No es aquel que, antes que todas las cosas y a cambio de todos esos dones, te pide amar a los hombres? Si él, nuestro Dios y nuestro Señor, no se avergüenza de ser llamado nuestro Padre, ¿vamos nosotros a renegar de nuestros hermanos? No, hermanos y amigos míos, no seamos malos administradores de los bienes que se nos confían.   (San Basilio Magno. 330-379)