Ayer sábado 17 de mayo un grupo de personas vestidas de color morado se puso frente a la catedral para celebrar el día internacional de la lucha contra la homofobia. Algunos, al verme vestido con mis santos hábitos religiosos, se acercaron con el propósito de regalarme un globo y tomarse una foto conmigo. Yo me negué para no prestarme a ser víctima de una trampa.

Cuatro de ellos me hicieron la pregunta de si yo estaba a favor de la discriminación de personas homosexuales, a lo cual respondí que no. Cuando me preguntaron si estaba a favor del matrimonio entre personas del mismo sexo les hice notar que el término ‘matrimonio’ debe estar reservado solamente para parejas de hombre y mujer, porque son las que pueden procrear hijos de manera natural para propagar la especie humana. Les dije que ellos están en su legítimo derecho de buscar otra figura jurídica, pero no el término matrimonio. No podemos faltar a la verdad de lo que significa ‘matrimonio’ porque de esa manera cada persona o grupo buscará llenar ese concepto con sus propias ideas.

Quizá mis hermanos creyeron que haciendo su campaña frente a catedral me iban a provocar, pero no me irrité ni fui agresivo hacia ellos porque, en primer lugar, quise transmitirles el mensaje de que son amados inmensamente por Dios, y que no son rechazados por la Iglesia como personas. Son hijos de Dios. Les dije que mi oficina está abierta para el diálogo y los invité a conocer más de cerca a Jesucristo. Creo que, al menos, la conversación los hizo sentir bien y los dejó pensativos.

Espero que el grupo “Compañeros”, organizadores de la campaña, nos permita también a los católicos de Catedral, repartir nuestra propaganda a favor de la castidad y de la evangelización, próximamente, frente a sus oficinas.