(Beato John Henry Newman. 1801-1890)

Amado Señor, muéstrame mi pecado, muéstrame mi indignidad, enséñame a arrepentirme sinceramente, perdóname según tu misericordia. Te pido, mi amado Salvador, que vuelvas a tomar posesión de mí. Sólo tu gracia puede  hacerlo; no puedo salvarme a mí mismo; soy incapaz de recobrar lo que he perdido. Sin ti, no puedo volver de nuevo hacia ti ni complacerte.

Si cuento con mis propias fuerzas, iré de mal en peor, desfalleceré completamente, me afirmaré en mi indigencia. Haré que el centro de mi vida sea yo en lugar de ser tú. En lugar de adorarte a ti, adoraré a algún ídolo modelado por mí mismo si tú no lo evitas con tu gracia, tú, mi único y verdadero Dios y Creador. ¡Escúchame, mi querido Señor! He vivido ya bastante tiempo en ese estado fluctuante, indeciso y mediocre; quiero ser tu fiel servidor, no quiero pecar más. Sé misericordioso conmigo, haz que, por tu gracia, me sea posible llegar a ser el que debería ser.