• CUARESMA Y MEXICANIZACIÓN.

    CUARESMA Y MEXICANIZACIÓN.

     

    Cuaresma, un tiempo especial.
    Todas las grandes religiones reservan tiempos especiales para que sus fieles rectifiquen el camino, o bien, para que se purifiquen. La vida, en efecto, es un camino que bien podemos perder o, al menos, algo de polvo se nos pega; y el camino lo es en la medida que nos lleva al lugar deseado. El escudero de don Quijote reprochaba a su señor “que anduviera por caminos que no lo son”. Hay caminos que no lo son. Demasiadas vidas caminan hacia la nada. En ellas parece cumplirse el aserto de Pascal: “Vamos hacia el precipicio con los ojos vendados”.

     

    En la comunidad que presido, donde trato de vivir y compartir mi fe, he puesto como lema de esta cuaresma este motivo: “Are you going the right way?” Resulta que en una carretera, en Oregon, al tomar una curva, el conductor ve de improviso un letrero: «¿estás yendo por el camino correcto?» El conductor sabe que no se le pregunta por la carretera, sino por su vida. La vida es ir haciendo camino, ¿iremos por el camino correcto? Si sigo por donde voy, ¿dónde y cómo terminará mi camino? Se trata de una pregunta sencilla e inquietante. ¿Y si fuésemos por el camino equivocado?

     

    La esencia de la cuaresma.
    Una monición litúrgica presenta así la cuaresma: La institución cuaresmal sigue siendo necesaria en la iglesia. La cuaresma es tiempo propicio para meditar y orar en el silencio de nuestro interior. Es tiempo de prepararnos para celebrar la Pascua en la que renovaremos nuestra iniciación cristiana. Es tiempo de conversión: de volver sobre nuestros pasos extraviados y emprender de nuevo el camino de Dios.

     

    En esta breve monición está la esencia de la cuaresma. Dada nuestra fragilidad estaremos siempre necesitados de rectificar; dado que vivimos absorbidos por la materialidad de las cosas, en la periferia de nosotros mismos, o en verdaderas periferias existenciales, en medio del ruido y el estrépito, es necesario buscar el silencio para meditar. La cuaresma en sí es un camino hacia la luz de la Pascua, prepara para celebrar el misterio central del cristianismo, el misterio de la Vida, el triunfo del Resucitado sobre la soberbia del demonio y sobre la muerte. Por ello, es necesario “desandar caminos”, regresar, pensar en la posibilidad real de que el nuestro sea un camino equivocado. Se trata, pues, de un tiempo densamente religioso y que ha marcado indeleblemente nuestra civilización.

     

    El leit motiv de la cuaresma
    Así pues, el resorte que impulsa la cuaresma es el tema de la conversión; en el mundo bíblico, la conversión se expresaba con verbos de movimiento: convertirse es regresar, retornar, volver, desandar un camino equivocado hasta encontrar el camino correcto. Este movimiento viene determinado porque se descubre a Alguien con la capacidad de reorientar la existencia toda. Así, Pablo, luego de enumerar todas las cosas de las que él podría estar orgulloso, su sangre, su raza, el celo por su religión, su inteligencia, puede decir: «pero cuando se me manifestó Cristo todo esto lo tuve por estiércol». Un antes y un después.

     

    Es evidente que la invitación va dirigida a cada alma, a cada corazón, a cada interioridad, pero no es menos cierto que va dirigida a todo el pueblo, a la comunidad entera. Raras veces los profetas hablaban a personas singulares; tanto los oráculos de salvación, como las denuncias y la invitación a la conversión se dirigían a todo el pueblo, a la nación entera. Es más, en el libro de Jonás, hasta los animales se someten al ayuno. En efecto, “por orden del Rey fue proclamado en Nínive este decreto: que hombres y animales, vacas y ovejas no prueben bocado, no pasten ni beban…”

     

    Revertir la mexicanización.
    Los mexicanos iniciamos esta cuaresma dentro de una crisis muy severa. La ebullición en los estados del sur es premonitoria. Y el error más grave es creer que se trata de una crisis política, económica, simple reacomodo de fuerzas, luchas por el poder y el dinero, de simples errores de táctica o deficiencias, de antisistemas; en realidad se trata de una profunda crisis moral que está a la base. El Papa ha puesto el dedo en la llaga, tal vez involuntariamente, y sin ánimos de ofender, ciertamente. También nosotros acuñamos un día el término colombianización. Hace muchos años, allá por los 80’s, un misionero llegado de Colombia me decía: ojalá que México no termine como Colombia. En realidad, creo que la hemos superado. Pero las palabras del Papa ya le dieron la vuelta al mundo y han exhibido un lado lamentable de nuestra realidad nacional. Las “muertas de Juárez”, los desaparecidos, las tumbas clandestinas, el narcotráfico, alta producción y consumo de drogas, las ejecuciones, el que México haya reconocido ante los tribunales internacionales desconocer el número de desapariciones y secuestros, la impunidad, la connivencia, la inconciencia colectiva, las protestas, la anarquía, la crisis de la instituciones, la oposición a las reformas, la corrupción rampante. Un gobierno copado. ¿Existe país que quiera ese panorama? No nos engañemos; así somos vistos.

     

    Necesitamos los mexicanos entrar en un proceso de verdadera conversión, en el más estricto sentido cristiano. Nos hemos enfrascando en una espiral de violencia en la que solo habrá perdedores; estamos en la condición a la que se refiere Pascal, nos movemos, con los ojos vendados, al borde del precipicio. Es decir, inmersos en la ambición desmedida de poder, de dinero, en la corrupción, componendas y simulación, en la mentira; en realidad, estamos cavando nuestra tumba. En este mismo espacio hablaba yo de la forma impresionante cómo en México se dispone y se desperdicia el dinero público, en cantidades estratosféricas, (10 mil millones a la Coordinadora en dos años, según Riva Palacio, vía el ISSSTE); en este espacio he dicho que el problema de México es que tiene demasiado dinero, y en este mismo espacio me preguntaba hasta cuándo iba a aguantar. Videgaray tiene que sacar dinero de donde pueda, y sabemos de dónde puede sacarlo. Pues bien, creo que ese momento ha llegado y lo vemos en los recortes presupuestales que han debido hacerse. Solidarios, los senadores se rebajarán el sueldo, $200. Tenemos la política más cara del mundo!

     

    “México es flujo trágico. Más vapor de tempestades que nación. Más sustancia reaccionando a la mentira, que estado de derecho funcionando. Cuánta razón tiene Mario López-Roldán, el miedo, la mentira y el control se siguen imponiendo sobre la verdad y la libertad. Es por ello que quizás el término mexicanizar, lejos de ser un anhelo, se ha convertido, desde una óptica externa, en sinónimo de vergüenza y reflejo de nuestra impunidad.

     

    En tiempos de creciente incertidumbre donde la tensión entre gobernantes y gobernados aumenta porque prevalece la falta de apertura, honestidad, transparencia y resultados, es necesario hacer un alto para reflexionar cómo y por qué llegamos a este punto. Debemos buscar la manera de detener y revertir ese deterioro que hoy el mundo conoce como mexicanización.” (A. Regil V. El País 26.02.15). Tales palabras son una invitación, en lenguaje laico, a la conversión en sentido cristiano. Resulta, entonces, que eso de mexicanización, ya es de uso común en el ámbito internacional, como sinónimo de frustración, de actos fallidos, de rebatinga, y no invención del papa.

     

    “La caída abrupta y el impacto que generan la violencia, los conflictos de interés, el tráfico de influencias y la corrupción sin límite —historias que van desde la cancelación de la licitación del tren México–Querétaro hasta las casas de Grupo Higa y otras propiedades de gobernadores en Estados Unidos— nos abren los ojos y recuerdan la contradicción en la que sobrevivimos.

     

    El Mexican Moment parece haber sido una ilusión, un espejismo. Su fracaso fue ignorar la realidad e inclinar la balanza de lado del Gobierno buscando más control en lugar de garantizar mayor libertad. Pronto y dolorosamente aprendimos que la publicidad que no está sustentada en los hechos es dinero perdido pues es imposible cambiar la percepción en contra de la realidad. La disonancia entre lo que nos dicen y lo que realmente se ha profundizado una crisis en la que la desconfianza parece no tener fin”. (ibid). Y en nuestra ciudad, los demonios comienzan a salir de sus cavernas cada vez más amenazantes. En este espacio lo dije con toda claridad: si medimos la “recuperación” de Juárez por el número de antros, no aprendimos nada de lo vivido. Siempre caigo en los mismos errores, dijo alguien. En este contexto, sin embargo, hay caminos abiertos, el mal, incluso nuestro mal, no tiene todo el poder, no es absoluto.

     

    Dios no permite que predomine la oscuridad.
    La Cuaresma es el tiempo privilegiado de la peregrinación interior hacia Aquél que es la fuente de la misericordia y de la vida. Es una peregrinación en la que Él mismo nos acompaña a través del desierto de nuestra pobreza, sosteniéndonos en el camino hacia la alegría intensa de la Pascua. Incluso en el «valle oscuro» del que habla el salmista (Sal 23,4), mientras el tentador nos mueve a desesperarnos o a confiar de manera ilusoria en nuestras propias fuerzas, Dios nos guarda y nos sostiene. Sin embargo, en la desolación de la miseria, de la soledad, de la enfermedad, de la violencia y del hambre, que afectan sin distinción a ancianos, adultos y niños, Dios no permite que predomine la oscuridad del horror. En efecto, hay un «límite impuesto al mal por el bien divino».

     

    El juego terrible de la libertad.
    El señor Dostoievski decía que el don más terrible que Dios pudo darnos fue la libertad; elemento esquivo, difícil, pero, ¿qué seríamos si no fuésemos seres libres, si no tuviésemos la capacidad de decidir? Dios no hizo marionetas. Quizá sea este uno de los problemas más arduos del pensamiento humano. En el Libro Sagrado se expresa esta verdad en una forma escalofriante: «Mirad hoy pongo ante vosotros bendición y maldición: la bendición, si escucháis los preceptos del Señor, vuestro Dios, que os mando hoy; maldición, si no escucháis los preceptos del Señor, vuestro Dios, y os desviáis del camino que yo os mando. Escoge la vida y vivirás» (Deuteronomio).

     

    Y en otro lugar de forma más plástica dice: «Mira: hoy te pongo delante la vida y el bien, la muerte y el mal. Si obedeces los mandatos del Señor vivirás y crecerás. Pero si tu corazón se aparta y no obedeces, te anuncio que morirás sin remedio. Pongo como testigos contra vosotros al cielo y la tierra; te pongo delante bendición y maldición. Elige la vida y vivirás.» Y en otro lugar: «Pongo delante de ti fuego y agua; el bien y el mal; extiende la mano y agarra lo que quieras». Ante tales textos palidece la pobre razón humana, la filosofía es balbuceo.

     

    Caos del espíritu.
    Nuestra vida no se desenvuelve bajo el signo de la fraternidad, de la felicidad, de la paz espiritual, por el contrario, se trata de un verdadero caos del espíritu, de un estado de incertidumbre muy semejante a una forma de locura: no se trata de la locura histérica del Medioevo, sino más bien de una especie de esquizofrenia, en la cual el contacto con la realidad íntima se ha perdido y se verifica una ruptura entre los pensamientos y los afectos. (Fromm). Así es que la respuesta al mal habrá que buscarla en la negativa del hombre, en su penuria espiritual.

     

    Combate espiritual.
    Así las cosas, (Armando), “¿Qué significa «entrar en la Cuaresma»? Significa comenzar un tiempo de particular compromiso en el combate espiritual que nos opone al mal presente en el mundo, en cada uno de nosotros y a nuestro alrededor. Quiere decir mirar al mal cara a cara y disponerse a luchar contra sus efectos, sobre todo contra sus causas, hasta la causa última, que es Satanás.

     

    Significa no descargar el problema del mal sobre los demás, sobre la sociedad, o sobre Dios, sino que hay que reconocer las propias responsabilidades y asumirlas conscientemente. En este sentido, resuena entre los cristianos con particular urgencia la invitación de Jesús a cargar cada uno con su propia «cruz» y a seguirle con humildad y confianza (Cf. Mateo 16, 24).

     

    La «cruz», por más pesada que sea, no es sinónimo de desventura, de una desgracia que haya que evitar lo más posible, sino una oportunidad para seguir a Jesús y de este modo alcanzar la fuerza en la lucha contra el pecado y el mal. Entrar en la Cuaresma significa, por tanto, renovar la decisión personal y comunitaria de afrontar el mal junto a Cristo. La Cruz es el único camino que lleva a la victoria del amor sobre el odio, de la generosidad sobre el egoísmo, de la paz sobre la violencia. Desde esta perspectiva, la Cuaresma es verdaderamente una ocasión de intenso compromiso ascético y espiritual fundamentado sobre la gracia de Cristo.

     

    PD. La captura de la Tuta es anecdótica; en todo caso una bombona de oxígeno para el sistema, pero la Medusa sigue igual.

     

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