(Beato Guerrico de Igny. Ca. 1080-1157)

 Estuvo luchando alguien con él hasta rayar el alba; Jacob le dijo: «No te suelto hasta que no me hayas bendecido». Para vosotros, hermanos, que habéis emprendido la tarea de arrebatar el cielo y os habéis comprometido en la lucha contra el ángel encargado de guardar el acceso al árbol de la vida, os es absolutamente necesario luchar con constancia y tenacidad hasta llegar a la muerte de vuestro ser carnal. Con vuestra ascesis no podréis  llegar hasta allí a no ser que el poder divino os toque y os conceda esta gracia.

¿No te parece que es luchar contra el ángel, o mjeor aún, contra Dios mismo cuando, cada día, se interpone en tus  deseos más ardientes? Le gritas y no te escucha. Quieres acercarte a él y te rechaza. Decides alguna cosa, y hace que llegue la contraria. Y así, en casi todos los planes, lucha contigo con mano dura. ¡Oh bondad escondida, disfrazada de dureza, con qué ternura, Señor, luchas contra aquellos con quienes luchas! Te gusta esconderlos en tu corazón, sé muy bien que amas a los que te aman, y que no tiene límite la bondad que tú reservas a los que a ti se acogen. Entonces, hermano, ¡no desesperes, actúa valientemente, tú que has emprendido al tarea de luchar con Dios!