La respiración es lo más íntimo y secreto de nosotros. El Espíritu Santo es como la respiración porque está en lo más íntimo de nosotros. Dice Jesús: “El Espíritu está en ustedes y vive en ustedes”. Con razón san Pablo afirmaba que somos templos del Espíritu Santo, y la Iglesia lo llama “el dulce huésped del alma”. ¡Qué dulce intimidad es la intimidad con Dios! La intimidad tiene que ver con la casa, la familia, el lugar de la comunión, el espacio donde nos sentimos seguros, perdonados, reconciliados. El Espíritu Santo quita el miedo y nos da la paz y el descanso. ¡Ven Espíritu divino, lo más íntimo de mi alma! ¡Ven Maestro interior, guíame y sé mi consolador!