El marxismo sueña con construir el paraíso en la tierra. Las feministas anhelan la abolición de los sexos para hacer un paraíso asexuado. Los ateos científicos se ilusionan con un macabro mundo de híbridos hombres-máquina. Los cristianos, en cambio, en el esfuerzo por mejorar el mundo tenemos puesta nuestra esperanza en ‘otro lugar’, en un lugar más allá de toda comprensión humana. Incluso cuando las cosas van terriblemente mal en el mundo, los cristianos nos sentimos alentados por alcanzar, al final de la vida, no el Olimpo, ni Roma, ni una mansión en California, sino el Reino eterno del amor, la verdad y la belleza, la vida con Dios en el Cielo. (“Guía políticamente incorrecta de la Civilización Occidental” de José Javier Esparza y Anthony Esolen)