El llano en llamas.

Semana pródiga en acontecimientos trascendentes. Colombia y las Farc han firmado un acuerdo de paz. “La guerra es más dolorosa por sus víctimas y sus horrores, más costosa en recursos humanos y materiales, pero más simple. Al final, se trata de destruir al otro, a lo que dé lugar. Quien tiene más capacidad de hacerlo, puede terminar ganando.

Hacer la paz, crear una cultura de paz, ampliar la democracia para que quepan todos los que estén dispuestos a renunciar a la violencia, recuperar a los desplazados, reconocer y compensar a las víctimas y trabajar, gobernar, para todos, con un desarrollo incluyente, es una tarea más compleja, más difícil, pero mucho más satisfactoria”. Acertadas palabras de, ahora moderado, Felipe González.

Difícil y compleja llega después de 52 años de enconada lucha y con un costo de 200 mil muertos y 45 mil desaparecidos. Desaparecidos que no aparecerán. Nos quedamos cortos, conociendo estas cosas, si redondeamos en 250 mil las vidas segadas en ese conflicto. A razón de 5000 muertos por año.

Firmar la paz no equivale, por lo tanto, a decir: ‘aquí no pasó nada’. Hay heridas que no se puede saber cómo se van a curar, existen demasiadas cuestiones pendientes que no se ve cómo se van a solucionar. El periodista colombiano, Néstor Pongutá,  precisa “que dicha firma no significa que mañana terminó todo, se necesitarán algunas generaciones para consolidar la paz, y no todos quedarán contentos”.

Otras fuentes consultadas por ZENIT indicaron que entre los temas difíciles está que la guerrilla de las Farc deja las armas pero no que las entrega. También los más de 10.000 millones de dólares que las Farc tendrían en cuentas bancarias extranjeras y que no serían usadas para indemnizar a las víctimas. Y, ¿qué decir del enrolamiento de niños? Pongutá lamenta que “esos ‘millones’ de muertos en Colombia son colombianos, guerrilleros que tenían que matar a su hermano soldado y viceversa”. No obstante las dificultades, el entrevistado  considera que va a funcionar “porque la gente está cansada del conflicto, son tres generaciones que buscan la paz”. ¡Qué difícil hacer tabula rasa de las conexiones con el narcotráfico, el uso de los niños para las armas, los secuestros, los asesinatos indiscriminados, el terrorismo, los costes materiales; de todo el horror y la muerte que se desencadenó! Colombia es el país de horror. ¿Se enteró, Ud., del Bronx en Bogotá? Supera las mejores películas de terror.

La importancia de la firma casi ha quedado borrada por el triunfo de los conservadores ingleses; democráticamente, han triunfado los que quieren al R.U. fuera de Europa. Y sus razones tendrán. Se alega mucho la presencia de inmigrantes que quitan puestos de trabajo a los nativos. Se trata de un fenómeno más que otra cosa, económico. Así lo demuestran los discursos en favor y en contra y la reacción inmediata de las bolsas. Todos los calificativos se han agotado. El R.U. se ha dado un tiro en la cabeza, dicen. Se trata de una convulsión inédita; los ingleses, solos, lograron lo que ni napoleón ni Hitler pudieron: aislar a Inglaterra del continente. En este mundo nuestro, red de vasos comunicantes, las consecuencias nos afectarán de una u otra manera. Videgaray ha anunciado un nuevo recorte y el peso se hunde. Incertidumbre, pues. Por su parte,  Trump se ha reforzado en su discurso y lo ha celebrado en tierras inglesas.

Y aquí, el llano en llamas. El mundo gira y sigue su marcha mientras entre nosotros, la inestabilidad, la irresponsabilidad, la incapacidad para el diálogo sincero y honesto, sin cartas en la maga; marchas, asesinatos, narcotráfico, una sociedad hastiada, (esa de ‘hartazgo’ está muy manoseada, hay que sacar una nueva), que también, por años, ha anhelado y buscado la paz, la seguridad, el empleo digno, etc., todo esto, digo, sigue siendo pendiente.

Reyes Heroles y Riva Palacio, nos han dicho qué es la Cente; iniciado el proceso de paz en Colombia, el conflicto, no magisterial en sentido estricto, la Cente, es el más enconado del Continente. ¿Cuándo y cómo se terminará con ello? ‘Questo no si sa’, como dicen los italianos.

Y aquello que los sencillos y trabajadores chihuahuenses veíamos en los noticieros, vía los políticos, ha llegado a estas áridas regiones. Lamentable, muy lamentable lo sucedido en Chihuahua capital.

Y, ¿qué queda de todo esto? Acusaciones mutuas, – que yo no fui que fue teté – y declaraciones desafortunadas e innecesarias.

El llano en llamas, mientras nuestros dirigentes juegan con una tea ardiendo sobre un barril de pólvora.

¡Qué tragedia tan terrible el accidente que costó la vida de tantas personas y ha dejado heridos, dolor, duelo y llanto! No es la primera y dada nuestra normatividad en materia de transportes, tampoco la última.

De veras: ¡el llano en llamas! Y esto porque, el común denominador de lo dicho en esta entrega, se llama…. ¡política!