Los griegos se esforzaron en comprender el mundo, y nos heredaron algunas ideas fundamentales que construyeron nuestra civilización: la idea de que el mundo es un ‘cosmos’ ordenado (no un caos) en el cual el hombre ocupa un lugar interesantísimo. La idea de que la belleza no es cuestión de opinión. La idea de que el amor, inspirado por la belleza, tiene una chispa de lo divino. De los griegos heredamos los principios de que el bien y el mal existen; de que  la verdad existe y se puede conocer; el principio de que lo hermoso existe y podemos amarlo; y la noción de que el mundo no puede ser reducido a simple materia. Una de las causas de la decadencia de nuestra civilización occidental es la negación de todos estos principios que la antigua Grecia nos legó.