Francisco en Juárez. 2.

 

Nos quedábamos, el domingo pasado, con la frase de M. Buber que invitaba a un ateo a abrir la mente, a tener la valentía de cuestionar sus seguridades: “Y, ¿si ello fuera verdad?”. Bueno, hay quienes creen que creen y quienes creen que no creen. El caso es que el 17 de febrero, al filo de las 10 am, el sucesor de Pedro, el Vicario de Cristo en la tierra, aterrizará en el aeropuerto de nuestra ciudad. ¡De veras, hay que ser valientes para creer!

Presidirá eventos puntuales en nuestra ciudad. Un contingente de niños, 5000, lo recibirá en aeropuerto; luego se reunirá con los internos(as), de Cereso Estatal; en seguida platicará con el mundo del trabajo, obreros y empresarios; tras un breve descanso en el Seminario diocesano, se trasladará al Punto, la extensión donde en otro tiempo se realizaba la feria. Está previsto que se acerque al bordo limítrofe entre las dos Naciones donde en silencio, ante una Cruz, dirá una oración y depositará un ofrenda floral en memoria de los migrantes, por los que aún penan en este mundo y por los han muerto en el intento. Regresa al puerto aéreo donde tendrá un encuentro privado con el Presidente Peña Nieto y esposa, para abordar, luego, el avión que lo regresará a ‘su prisión’.

¿Por qué viene el papa a Juárez?

Han mediado invitaciones; la primera, la del Presidente mismo, luego el episcopado mexicano y, de ahí, las diferentes diócesis interesadas en ser visitadas. Éstas debieron exponer los motivos para esa visita. Los coordinadores de los viajes apostólicos del papa sopesan las razones aducidas y, luego, ello se confronta con las prioridades pastorales del papa a fin de definir la agenda.

Memorias del subsuelo.

Era necesario que la diócesis de Juárez expusiese las razones por las que el papa debería visitarnos; así lo había sugerido y recomendado el embajador de México ante el Vaticano, contacto imprescindible, Mariano Palacios Alcocer. Para ello era necesario alguien con la calidad expositiva y el suficiente conocimiento y cariño a nuestra tierra, para trazar las líneas del por qué y para qué de esta visita ilustre.

¿Conocemos, los juarenses, nuestra historia reciente, su significado? Creo que, más bien, hemos sido parte, la hemos vivido; en los momentos de auge, pudimos exhibir “pleno empleo”; luego vino el derrumbe. En realidad no amábamos la Ciudad. Huimos con el botín logrado. Por momentos la Ciudad se paralizó. Rindo homenaje a los sacerdotes, capellanes de guerra, que vivieron con las víctimas de todos los bandos, la tragedia; algunas veces, el cortejo fúnebre salido de la iglesia, era atacado nuevamente. Igual, a los que se quedaron.

Nos habían olvidado hasta que la sinrazón en Villas de Salvárcar, sacudió a la Nación. Desde Japón, el ejecutivo en turno, calificó el hecho como lucha entre delincuentes. Asesinatos que pasarán a las más negras páginas de las historia del crimen, se dieron en nuestra Ciudad: niños destrozados, mujeres asesinadas por serlo, padres y hermanos asesinados por los suyos. Los asesinatos de mujeres. Tráfico de todo. Todo esto corrió por el mundo; “ea fama vagatur”, diría Virgilio.

Ni siquiera sabemos, a ciencia cierta, cuántos miles de hermanos murieron en la peor estupidez de nuestra historia. Nuestra Ciudad, por ello, necesita ser “purificada”, en sentido estrictamente religioso, a la manera de un templo profanado que ha de ser nuevamente consagrado. El asesinato del hermano hace estéril la tierra; la madre tierra no bebe la sangre de sus hijos más que con repugnancia y dolor. Limpiábamos la sangre recién vertida para seguir con la fiesta. Todo asesinato es un fratricidio. El Texto Sagrado nos transmite las palabras del Señor a Caín, en el exordio de la historia, cuando el asesinato primordial: “Por eso te maldice la tierra que abrió las fauces para recibir de tu mano la sangre de tu hermano”; y por ello, la tierra se vuelve estéril. Fuimos una sociedad porosa, permeable. Se había roto nuestra relación con Dios. ¿Cómo y en qué momento perdimos el rumbo?

¿No será, Francisco, el enviado de Dios para realizar tal purificación? Sobre Juárez no se ha dicho, no lo sabemos todo. Y la Patria toda sigue desangrándose en una lucha, tan cruel como absurda. Dinero, droga, poder, corrupción, pobreza extrema, desequilibrios sociales inadmisibles, derroches ofensivos, niños que migran solos, migrantes abusados. La solución ya no es solo política o solo económica.

A fin de trazar las líneas del porqué de la visita, recurrimos a D. Inocencio Reyes Ruiz, ‘alto varón de las letras y gran señor de la vida’, a fin de bosquejar las razones para una posible visita del papa. Corría diciembre de 2014. D. Inocencio, amigo de siempre, e imperturbable, de Palacios Alcocer, (Ni modo, también de A. Proal), y a sugerencia de aquel, se dio a la tarea de redactar. Diez razones fueron aducidas. Recibidas por el Embajador, él hizo llegar el documento a los interesados. Reyes Ruíz puso su escrito, literato al fin, bajo el dictado: “Memorias del subsuelo”, título de una novela de Dostoyevski, publicada en 1864 y considerada una de las obras clave en la literatura rusa.

(El documento contiene información reservada). He aquí las primeras cuatro:

Primera

“El miedo es el sentimiento profundamente labrado en la memoria y conciencia de la población de Ciudad Juárez. Aun con la gradual recuperación de la normalidad de la vida laboral y social de la ciudad, las nuevas generaciones de juarenses fueron inoculadas por el virus del miedo y había motivos sobrados para que así fuera y lo siga siendo.

Por otro lado, Ciudad Juárez fue algo así como el chivo expiatorio de México: lo malo ocurre “allá”; los demás estamos bien: paz, seguridad, bienestar. El tiempo se encargó de desmentir la creencia de que sólo en Ciudad Juárez el país sufría la guerra contra el narcotráfico. El problema estaba en muchas regiones del país, pero Ciudad Juárez fue el humo negro que brumó la realidad mexicana.

La violencia criminal de Ciudad Juárez fue real, pero la industria de la sangre y la difusión mediática agigantaron el problema y, con ello, evitaron advertir con claridad lo que en verdad estaba ocurriendo.

Junto a la violencia criminal indiscutible (la lucha por la frontera), la violencia doméstica era y es una realidad que ha destejido las relaciones interhumanas.

Segunda

De las fronteras mexicanas con Estados Unidos, Ciudad Juárez es la síntesis de nuestra Nación, el no-lugar de la esperanza, la nada existencial, la historia desprovista de humanidad; pero es importante decir que es el último reducto de los exiliados de su propia tierra. Miles o decenas de miles de mexicanos de todo el país, sobre todo de las regiones del sur más empobrecidas, ven en el Norte la esperanza de una vida libre de miseria, violencia comunitaria y exclusión de los beneficios de la educación, la libertad y el desarrollo social. Se puede decir sin faltar a la verdad, que en Ciudad Juárez, merced al crecimiento acelerado de la industria maquiladora, fue una tabla de salvación para miles de desarraigados de sus comunidades en todo el país y al mismo tiempo la geografía del miedo, el espacio de la nada social, el desierto físico y espiritual de los desplazados de todas partes, de tantos a quienes les fue negada su entrada a la historia y a la dignidad. (Se anexa documento estadístico sobre la migración que se asentó en Ciudad Juárez durante 30 años).

Tercera

Los estudios históricos, antropológicos y sociológicos muestran una profunda religiosidad y a la vez una fragmentación de la fe y de las creencias. En la ciudad proliferan sectas de toda índoles, desde algunas que ofrecen el paraíso al instante hasta otras sectas destructivas que trafican con seres humanos y rebullen la esperanza de los habitantes, pero vanamente, pues en su mayor parte las sectas pseudo-religiosas constituyen una industria de inmensa rentabilidad económica, en perjuicio de la gente más pobre y desamparada, de mujeres solas que trashuman su martirio entre la delincuencia organizada y algunas iglesias que se alzan llamativas en medio de la más dolorosa miseria urbana y moral. Los cálculos sobre el número de sectas e iglesias que operan en Ciudad Juárez es muy alto según los estudios publicados, sin contar aquellas cuyas reglas exigen absoluta secrecía y sumisión. (Se anexa estudio de las religiones en la frontera de investigadores estadounidenses).

Cuarta

Se calcula que en Ciudad Juárez se hablan alrededor de treinta lenguas y dialectos y en la frontera operan bandas criminales de todo el mundo, desde las tradicionales que trafican con droga, pasando por la emergencia de una delincuencia cotidiana en la que niñas y niños no tienen alternativa: vivir es matar o morir; pero a la ciudad han llegado mafias internacionales que desde mediados de 1995 se dedican a traficar con mujeres de la Europa Oriental (mafia rusa y ucraniana) y grupos altamente especializados en el tráfico de órganos de niñas, niños y mujeres jóvenes, con una tecnología altamente especializada y con un mercado que paga enormes cantidades de dinero por uno de esos órganos. Estas organizaciones criminales encontraron en esta frontera una demanda de trabajo de los inmigrantes, que despojados de su condición y su dignidad humanas, bestializaron lo poco de humano que traían consigo cuando llegaron a la ciudad. La historia reciente de Ciudad Juárez (1984-2014) puede ser calificada como una variante de las “Memorias del subsuelo”. De las alcantarillas emergieron rostros endurecidos por el hambre y la inhumanidad más dolorosas; y en esos rostros se veía el signo del odio a todo y a todos. Esos niños y adolescentes constituyeron el mercado de la muerte organizada por las dos mafias del narcotráfico más poderosas: de esta lucha se derivó otro cartel, […], nacido en la ciudad merced a las condiciones socio-antropológicas de la mayor parte de sus habitantes.

A fin de cuentas, la frontera ha sido el paso de todos hacia Estados Unidos, que hasta la fecha no tiene grandes logros en materia de disminución del consumo de drogas y en cambio la industria estadounidense de armamento tiene en la misma frontera el paso de cientos de miles de armas de alto poder destructivo, superior al potencial policiaco local, federal y, aun pareciera, superior al de las fuerzas armadas de México (ejército y marina)”.

Una verdad esclarecida, aunque sea dolorosa, es condición previa a todo resurgimiento. La visita del papa ha de ser como como una luz que nos ayude a ver profundamente nuestra condición. Nuestro problema es moral esencialmente. La rebatinga no puede ser la norma. La Ciudad, decía S. Agustín, no son los muros, sino los ciudadanos. Juárez somos cada uno de nosotros.