Hace 50 años…

1.- El papa Pablo VI inició los viajes internacionales con un carácter eminentemente pastoral. Decía hace 8 días que la figura de estos hombres es el signo inequívoco de que Dios no ha abandonado a la humanidad; signos que también se reflejan en figuras como Luther King o Gandhi, entre otros. Ante la presencia de estos gigantes del espíritu, podemos preguntarnos, ¿por qué mueren en el desierto esos mensajes, desiertos poblados de aullidos? ¿Por qué chocan tales ideas de paz con una resistencia tan enconada? ¿O la enfermedad mortal de la violencia, de la mentira, la falta de autenticidad y la ceguera de los responsables, ha progresado tanto que ya éstos no son capaces de hacer suya esa oferta de liberación?

El cotidiano y sobresaturado mundo de la noticia repetida diariamente nos lleva al cansancio con la reiteración de los mismos estereotipos, de los mismos problemas añejos y la persistente negativa para emprender una solución de fondo. Detrás de esa cascada de palabras, habladas y escritas, se esconde la falta de voluntad para guiar a la comunidad. Privan los intereses personales o de grupo y el pueblo sigue soportando la infamia. El aumento de la pobreza y el escándalo del hambre destruyen el discurso social y político. El pueblo olvida y ríe. Ha gozado, con admiración, de la obra de ingeniería del sexenio! ¡Qué ingenieros! ¿Serán mexicanos? Ya escritas estas líneas, salta la noticia del golpe a la Cente, reflejo de que cuando hay voluntad, las cosas pueden arreglarse. Pero como las víboras, mientras conserven la cabeza, siguen siendo peligrosas. No basta quebrarles el espinazo. Confiscar cuentas, cerrar la llave de los millones y fincar cargos por delitos de “laesa patria”, y una acción policiaca en serio, sería la solución a un conflicto, el más añejo, después de las farc. ¡Cuánto dinero se ha gastado en ello!

2.- Hemos saboreado el mensaje hondo, comprometido, sencillo de papa Francisco en Sudamérica, un viaje que podríamos poner bajo las palabras de Atahualpa Yupanqui: “Con los pobres de la tierra, mi suerte yo quiero echar”. De regreso a Roma, para “descansar”, se encerró en su pequeña convento vaticano, Casa de Santa Marta, para preparar los mensajes de su próximo viaje a Cuba y a EE.UU., en septiembre próximo. Amén del gesto altamente significativo de su paso por Cuba para amarrar bien las cosas, – los tres últimos papas han estado en Cuba -, tres acontecimientos van a dominar la escena en EE.UU.: el discurso en la sede de la ONU, (25.09.15), y su presencia en el Congreso (24.09.15), cosa inédita, como otro Pablo en el Areópago, y el encuentro mundial de las familias en Filadelfia.

Francisco, 50 años después, estará en la Sede de la ONU, como lo hicieran P.VI, JP. II y B. XVI, en su momento. Es el evangelio de la paz que llama a la puerta de esa institución creada para garantizar la paz, los derechos humanos, la libertad, la dignidad de todo ser humano y el inalienable derecho a la vida. ¿Por qué esos mensajes están ocultos, incluso para los más directamente implicados en el trabajo por la paz?

3.- Sabrán que hay un profeta. Existe un célebre texto del profeta Ezequiel; Dios envía su profeta a sabiendas que no será escuchado, pero ha de quedar testimonio de que Dios ha cumplido. El pueblo, al menos, ha de saber que Dios ha enviado un mensajero. “Hijo de hombre, yo te envío a los israelitas, a un pueblo rebelde, que se ha sublevado contra mí. Son testarudos y obstinados. A ellos te envío para que les comuniques mis palabras. Y ellos, te escuchen o no, porque son una raza rebelde, sabrán que hay un profeta en medio de ellos”. (Ez. 2,2-5). Algo parecido sucede en nuestros días. México ha sido visitado muchas veces por los últimos papas, y no se ve nada. Desequilibrios y pobreza, violencia y muerte, corrupción y desaliento. Papa Francisco, me parece que cumple la función del profeta: que todos sepamos que hay un profeta en medio de nosotros aunque lo ignoremos y los despreciemos. Nos es necesaria la memoria.

 

4.- Para preparar la visita de Francisco, la Arquidiócesis de New York, ha puesto en marcha una serie de eventos que recuerdan la visita a esa Sede Episcopal y a la Sede de ONU, de Pablo VI, en el que fuera su tercer viaje internacional. En efecto, hace medio siglo, del 4 al 5 de octubre de 1965, el papa Pablo VI visitó N. York. Y la arquidiócesis ha organizado una serie de eventos para recordar aquella histórica visita: paneles, muestras museográficas, timbres postales, conferencias sobre los mensajes del papa, su plática privada con Johnson, la correspondencia con el cardenal Spellman. Incluso exhibición de boletos distribuidos, entonces, para asistir a la misa en Yankee Stadium. El lema de esta iniciativa, son las palabras de S. Francisco: «Make me an Instrument of Thy Peace».

 

«¡No más la guerra, no más la guerra! La paz, la paz debe guiar los destinos de los pueblos y de la humanidad toda». La histórica frase de Pablo VI en la ONU, entre otras, será objeto de reflexión en los paneles expositivos. «¿Llegará el mundo a cambiar la mentalidad egoísta y violenta, que hasta hoy ha tejido en gran parte su historia?», otra frase de Pablo VI, sobre la se reflexionará en el evento.

 

“Los expertos en sociología nos dicen que una comunidad, para prosperar, tiene necesidad de memoria y de sueños. Estos son los recuerdos de la Arquidiócesis. Los seños no pueden jamás realizarse si no están enraizados en la memoria, mientras que los recuerdos sin sueños se convierten en simple añoranza”, ha dicho el cardenal neoyorquino Th. Dolan. Subrayando la importancia del evento preparatorio, concluye: “Tenemos un gran archivo para dar vida a nuestros recuerdos, y tenemos la intención de hacer realidad nuestros sueños”, concluye el cardenal. Tal vez el evento cultural entonces, fue la exhibición en New York de «La Pietá», a mi juicio, la obra más hermosa e imponente del arte humano. Jamás la obra de Miguel Ángel había abandonado Roma. Ni volverá hacerlo. Recuero cuando Pablo VI pasó frente a la escultura, la miró con una leve sonrisa, con orgullo y satisfacción. María, con el Hijo muerto en sus brazos de madre dolorida.

 

5.- El discurso de Pablo VI constituye una joya de su magisterio; fue un mensaje dicho con dolor, hecho con tristeza, pero abierto al futuro que ha de pasar por la conversión. Fue un discurso memorable. Se presentó como «desprovisto de todo poder temporal, sin nada que dar, sin nada que pedir», más que los anhelos de paz y de justicia de toda la humanidad. ¿Se puede pedir más? En ese mismo discurso se refirió a sí mismo, no en cuanto a su persona sino como la personificación de la Iglesia, como «experto en humanidad». Mientras, en Roma, los obispos del mundo, trabajaban en el Concilio Ecuménico.

 

Felicitó a las Naciones unidas por los esfuerzos realizados en favor de la paz. Animó a proseguir dichos esfuerzos, también para evitar más guerras: «Aquí nuestro mensaje llega a su punto culminante. Negativamente primero: Es la palabra que aguardáis de nosotros y que nosotros no podemos pronunciar sin tener conciencia de su gravedad y de su solemnidad: Nunca jamás los unos contra los otros; jamás, nunca jamás. ¿No es con ese fin sobre todo que nacieron las Naciones Unidas: contra la guerra y para la paz? Escuchad las palabras de un gran desaparecido: John Kennedy, que hace cuatro años proclamaba: “La humanidad deberá poner fin a la guerra, o la guerra será quien ponga fin a la humanidad”. No se necesitan largos discursos para proclamar la finalidad suprema de vuestra organización. Basta recordad que la sangre de millones de hombres, que sufrimientos inauditos e innumerables, que masacres inútiles y ruinas espantosas sancionan el pacto que os une en un juramento que debe cambiar la historia futura del mundo. ¡Nunca jamás guerra! ¡Nunca jamás guerra! Es la paz, la paz la que debe guiar el destino de los pueblos y de toda la humanidad». (cf. M. Fazio F. Beato Pablo VI: Gobernar desde el dolor).

En esta intervención solemne no olvidó de hacer un valiente llamado a la defensa de la dignidad de la persona humana, y en particular de los dos derechos humanos más fundamentales: la libertad religiosa y el derecho a la vida: «Lo que vosotros proclamáis aquí son los derechos y deberes fundamentales del hombre, su dignidad y libertad y, ante todo, la libertad religiosa. Sentimos que sois los intérpretes de lo que la sabiduría humana tiene de más elevado, diríamos casi su carácter sagrado. Porque se trata, ante todo, de la vida del hombre y la vida humana es sagrada. Nadie puede osar atentar contra ella. Es en vuestra Asamblea donde el respeto de la vida, aun en lo que se refiere al gran problema de la natalidad, debe hallar su más alta expresión y su defensa más razonable. Vuestra tarea es hacer de modo que abunde el pan en la mesa de la humanidad y no auspiciar un control artificial de los nacimientos, que sería irracional, con miras a disminuir el número de convidados al banquete de la vida».

En su perfecto francés, se identificó: “Esta reunión, como bien comprendéis todos, reviste doble carácter: está investida a la vez de sencillez y de grandeza. De sencillez, pues quien os habla es un hombre como vosotros; es vuestro hermano, y hasta uno de los más pequeños de entre vosotros, que representáis Estados soberanos, puesto que sólo está investido —si os place, consideradnos desde ese punto de vista— de una soberanía temporal minúscula y casi simbólica el mínimo necesario para estar en libertad de ejercer su misión espiritual y asegurar a quienes tratan con él, que es independiente de toda soberanía de este mundo. No tiene ningún poder temporal, ninguna ambición de entrar en competencia con vosotros. De hecho, no tenemos nada que pedir, ninguna cuestión que plantear; a lo sumo, un deseo que formular, un permiso que solicitar: el de poder serviros en lo que esté a nuestro alcance, con desinterés, humildad y amor”.

“Si queréis ser hermanos dejad caer las armas de vuestras manos: no es posible amar con armas ofensivas en las manos. Las armas, sobre todo las terribles armas que os ha dado la ciencia moderna antes aún de causar víctimas y ruinas engendran malos sueños, alimentan malos sentimientos, crean pesadillas, desafíos, negras resoluciones, exigen enormes gastos, detienen los proyectos de solidaridad y de trabajo útil, alertan la psicología de los pueblos. Mientras el hombre siga siendo el ser débil, cambiante y hasta malo, que demuestra ser con frecuencia, las armas defensivas serán, desgraciadamente, necesarias. Pero a vosotros, vuestro coraje y vuestro valor os impulsan a estudiar los medios de garantizar la seguridad de la vida internacional sin recurrir a las armas. He aquí una finalidad digna de vuestros esfuerzos. He aquí lo que los pueblos aguardan de vosotros. He aquí lo que se debe lograr”

Terminaba su discurso con un llamado a la conversión y a la unión de los corazones, implorando la bendición de Dios. Fue realmente un momento culminante de su pontificado.

Jean Guitton fue un gran amigo de Pablo VI. Invitado, fue un laico que asistió e influyó en la doctrina conciliar sobre el papel de los laicos en la iglesia. Pablo VI le encargó un libro sobre los laicos, en pleno concilio. Y resultó una obra genial: L’Eglise et les Laics. (1963). Entrevista: “Usted estuvo muy ligado al papa Pablo VI”.

“Sí, estuve ligado al papa Pablo VI durante veintisiete años. Cuando lo vi por primera vez, un 8 de sep., él me dijo: «Guitton, prométame venir siempre a verme el 8 de septiembre». Y fui a visitarlo veintisiete veces en esa fecha. Estuve muy ligado a él, lo admiré y lo quise mucho”.

En un diálogo con Jean Guitton, Pablo VI explica el significado de esos tres primeros viajes, Israel, India y New York: «La Iglesia está encarnada en el tiempo. Es espiritual y temporal. No puede carecer de un rostro: es el rostro de un tiempo y de una nación. Sé que se le reprocha (a la Iglesia) de ser italiana, como antes, de ser francesa. ¡Habría que obligar al Papa a dejar de ser hombre! Lo que conviene es que el Papa elija un sitio, un lugar, un pueblo, una nación, un punto en el espacio; que se eleve sobre ese punto, y que lo visite como Cristo lo hubiera visitado. Las palabras de un Papa son diferentes a las de un jefe de Estado. Haga lo que haga, lo hace siempre como Padre universal. Y es eso lo que el pueblo que recibe sus palabras siente; es precisamente por eso que lo recibe. Usted subraya que en estos tres viajes nunca fuimos a una tierra propiamente católica. Se podría pensar que los primeros viajes del Santo Padre deberían ser reservados a los países de vieja tradición católica, a los grandes lugares de devoción católica. El Papa ha navegado mar adentro y se ha dejado llevar. Le fue necesaria fe, un poco de confianza, un poco de amor al riesgo. Ha sido recompensado» (J. Guitton, Dialogues avec Paul VI, cit., p.61). El 25 de julio de 1968, – ¡qué año! -, Pablo VI publicaba la encíclica más valiente e impopular, pero decisiva para la humanidad, la “Humanae Vitae”.

El turno es, ahora, de Francisco!