Julio 21 del 2013
Jornada Mundial de la Juventud

JMJ Rio 2013

JMJ Rio 2013

Mañana el Papa Francisco habrá iniciado su primer viaje internacional; será a Brasil con ocasión de la XXVIII JMJ 2013, del 22 al 28 de los corrientes. Brasil, país en llamas. En la JMJ 2011, B. XVI, encontró a España envuelta en una marea de indignación; ahí habían elementos abiertamente anticatólicos, pero la Jornada fue un éxito en todos los aspectos; hasta en el sector de la economía deprimida se sintió un alivio. Ahí mismo, el 21 de agosto, anunciaba B. XVI la próxima JMJ en Río de Janeiro. Ese día ha llegado. Y, será la primera gran prueba del Papa Francisco enfrentado a un auditorio multitudinario y en medio de una severa crisis. No cabe duda de que las visitas papales, en lo sucesivo, deberán contar con este fenómeno. Es evidente que hay preocupación por la seguridad del Papa que insiste en visitar zonas de riesgo. La agenda es la misma que se había trazado para B. XVI pero intensificada en algunos puntos para el Papa actual que goza de relativa mejor salud. El tema para este encuentro lo dictan las palabras finales del Resucitado: Id y haced discípulos míos a todos los pueblos (cf. Mt 28,19). Tal es la consigna gigantesca que el Papa asigna a nuestra juventud. ¿Estará capacitada para ello?

Los mensajes se olvidan; tal pareciera que también aquí las palabras se las lleva el viento aunque sean palabras de vida. Los discursos de B. XVI en España contienen auténticos programas de vida humana y cristiana para un sector tan expuesto como lo es el juvenil; pero la Iglesia tiene un grave problema de comunicación, no tiene gente preparada para estos momentos cibernéticos, para esta nueva forma de globalización instantánea y esos mensajes yacen en el olvido. Complot, olvido o simple desidia. O incapacidad para leer los signos del tiempo. En una reunión, en Burgos, de misioneros con reporteros del ABC, La Razón, El Mundo y El País, – nada más–, los reporteros de estos medios se quejaban de que, mientras que la Iglesia puede ser, y es, una fuente importantísima de información, no lo sea, porque no tiene gente preparada para ello lo que hace que los reporteros tengan problemas para relacionarse con la Iglesia en el mundo de la noticia. De esta manera, la noticia religiosa queda reducida a la anécdota. El viejo Talamás interpretaba las palabras de Jesús: “Lo que les digo en secreto, díganlo desde las azoteas”, diciendo que las azoteas, ahora, son los medios. Lo que Jesús nos ha dicho en privado, hay que decirlo, hoy, en los medios también. El reportero de El País decía, incluso, que le cuesta trabajo informar sobre los asesinatos de cristianos y de sacerdotes en el mundo musulmán.

Por otra parte, los medios no tienen gente preparada para cubrir esa fuente. Tiene gente preparada para muchas fuentes, y muy calificadas algunas, pero el campo religioso es cubierto por quienes no dominan ni siquiera la nomenklatura eclesiástica. ¿Será un círculo vicioso? De esta manera, todos los grandes mensajes quedan en el olvido y todo termina con el entusiasmo pasajero del día. La Iglesia necesita con urgencia aprender a usar lo medios para su fin, y usarlos de forma moderna e inteligente y no reducirse a una comunicación reductiva, apologista, con tendencias que, aún dentro de la Iglesia, son muy cuestionables. La Iglesia necesita también sus periodistas para lograr que su mensaje, vertido habitualmente en una forma eminentemente discursiva llegue traducido al gran público, el no creyente incluido. ¿Qué ha visto u oído, usted, en los medios de la JMJ 2013? Luego, no existe. Esta carencia se agrava en países como el nuestro cuyo espectro noticioso está cubierto por tres rubros: la violencia, el z-40 en primera plana, sin las esposas porque la CDH lo impide, la truculencia política y el deporte. Los criterios dominantes son preferentemente económicos al momento de decidir la información. Además, estamos ante un público que lee cada vez menos.

El mundo de los jóvenes ha de preocuparnos, y mucho. Los nuestros son países de jóvenes, son jóvenes los indignados que se han levantado en el mundo denunciando el fracaso de la política; jóvenes son los que mueren en Egipto, los que prendieron la primavera árabe y viven el invierno egipcio, y en Siria y en Turquía, en Grecia, en España y en Brasil con renovado brío. Entre nosotros, los jóvenes mueren en la pobreza y la falta de oportunidades, unos; otros en el mundo del crimen y en las drogas. Jóvenes, jóvenes son los que matan y mueren. No hay una idea de fondo capaz de dar sentido y profundidad a la acción y se comienza por el programa para obtener recursos; mala señal cuando comenzamos por aquí usando, incluso, la deleznable deformación del lenguaje, con expresiones como “fondear” que no llega ni a pochismo.

El Diario de Juárez ha publicado esta semana unos artículos relativos a problema juvenil en nuestra ciudad. Son muy de tener en cuenta y la información que proporciona es extremadamente importante, sin embargo, necesitamos ir todavía más lejos. Por lo general, todos estos trabajos hacen descansar la responsabilidad sobre las autoridades, desde los poderes Ejecutivos hasta las policías. Y en esto hay un error de perspectiva, sencillamente porque ninguna autoridad, ninguna policía, ni la Iglesia, ni el Estado, ni la escuela, ni los campamentos, ni el DIF, nadie, absolutamente nadie, puede suplir la familia. Hugo Almada, señor, acuñó una frase dura pero cierta: “La familia es, fatalmente, o formadora de personas o escuela de delincuentes”. Pero todavía tenemos que hacernos una pregunta más hacia atrás: ¿Y cuando no hay ni familia y la procreación misma se convierte en una fatalidad biológica? Pasamos muy de prisa por los acontecimientos, no nos detenemos a pensarlos, a radiografiarlos. Pongamos un caso sencillamente. Un sicario al que se le ordenó asesinar a unos policías llevó al lugar de los hechos a su hijo de 5 años quien dijo a los policías, según lo publicado: “Mi papá se bajó con un riflesote”. El pago sería con ser unas despensas. Con este tema se puede hacer una tesis doctoral en Harvard. Radiografíe, como diría Almada señor, este problema, y verá el resultado que arroja. Luego multiplíquelo. La policía no puede entonces suplir los núcleos vitales.

Y muchas veces, aunque estén un hombre y una mujer al frente fungiendo como padres, no existe, en realidad, una familia, es decir, una comunidad de vida y amor, una comunidad formadora de personas, la gran misión de la familia. Nunca debemos olvidar la sentencia de JPII: “El futuro de la humanidad pasa por la familia”; el futuro de Juárez, pasa por la familia. Y el problema número uno de Juárez se llama familia. Y esta deficiencia, sencillamente no puede ser sustituida por la policía. Ésta no dejará de ser preventiva, y eventualmente, represiva.

En su artículo Carmen Sosa, entrevistando a personas que hacen trabajo de campo, nos da los siguientes datos: “Realmente el consumo y venta de drogas nunca ha disminuido en esta ciudad y una de las cosas que más nos alerta es que cada día hay nuevos consumidores más jóvenes y sobre todo mujeres adolescentes que están consumiendo drogas”. “… En las colonias situadas al poniente de la ciudad y consideradas de alto riesgo por la elevada proliferación de puntos de venta de drogas e inhalantes al menudeo, este acercamiento de los menores con las drogas lo atribuye a diversos factores y el económico es uno de los más importantes”. Explica que en el último diagnóstico con adolescentes, éstos plantean lo caro que les resulta gozar de momentos de recreación. Asistir a una función de cine, por ejemplo, les implica gastar más de 200 pesos por persona. Por 200 pesos pueden comprar suficiente droga para un “buen viaje”. “… Nosotros nos damos cuenta, al andar en esos lugares, de lo que se está moviendo en la ciudad y sabemos que se está moviendo mucha droga”. En seguida viene una denuncia en contra de la policía dado que ésta atrapa a los consumidores y nunca a los vendedores. De esta manera el problema queda intacto, según la entrevistada, porque, por una parte, se está yendo a la cárcel un “bono profesional” que puede ser extraordinario para el país, y por otra el problema del tráfico y consumo queda intacto”. El problema se entorna sumamente complejo. No hay un entramado familiar capaz de sostener el crecimiento de una persona ni existe la asistencia social inteligente y bien dirigida que ayude, no que supla a la familia a cumplir con su misión, concluye el artículo de Carmen Sosa. “La ciudad se está volviendo insostenible porque no se quiere invertir en los jóvenes, es más viable que el gobierno local le apueste a los arrestos, a incrementar policías, a comprar más armamento, que a la inversión de oportunidades para los jóvenes, lo que vemos también es que el Estado quiere generar políticas públicas de la misma forma en la que invierte a las instituciones de combate al delito”. Si no hay una coincidencia de objetivos, políticas bien planeadas y que den en el blanco, si las instituciones intermedias no coadyuvan de la mejor manera posible y en sintonía, el problema se antoja insoluble.

Junto con todas las políticas e iniciativas buenas en sí mismas tenemos que abrirnos a un mensaje más alto, capaz de sustentar esas mismas iniciativas. Al fin y al cabo se trata de un anhelo común, de un problema que nos afecta absolutamente a todos. Oiremos los mensajes del Papa Francisco a los jóvenes del mundo reunidos en Brasil y esperamos que la Iglesia tenga la capacidad de hacerlos llegar al gran público. Y en éste afán los medios, antes que detenerse en lo anecdótico, harían un gran bien a la sociedad haciendo accesible ese gran acontecimiento.

Por lo pronto nos quedamos con unas palabras de B. XVI pertenecientes a la JMJ 2011: a) “Hay muchos jóvenes hoy que dudan profundamente de que la vida sea un don y no ven con claridad su camino. Ante las dificultades del mundo contemporáneo, muchos se preguntan con frecuencia: ¿Qué puedo hacer? La luz de la fe ilumina esta oscuridad, nos hace comprender que cada existencia tiene un valor inestimable, porque es fruto del amor de Dios. Él ama también a quien se ha alejado de él; tiene paciencia y espera, es más, él ha entregado a su Hijo, muerto y resucitado, para que nos libere radicalmente del mal. Y Cristo ha enviado a sus discípulos para que lleven a todos los pueblos este gozoso anuncio de salvación y de vida nueva.

b) En su misión de evangelización, la Iglesia cuenta con vosotros. Queridos jóvenes: Vosotros sois los primeros misioneros entre los jóvenes. Al final del Concilio Vaticano II, cuyo 50º aniversario estamos celebrando en este año, el siervo de Dios Pablo VI entregó a los jóvenes del mundo un mensaje que empezaba con estas palabras: «A vosotros, los jóvenes de uno y otro sexo del mundo entero, el Concilio quiere dirigir su último mensaje. Pues sois vosotros los que vais a recoger la antorcha de manos de vuestros mayores y a vivir en el mundo en el momento de las más gigantescas transformaciones de su historia. Sois vosotros quienes, recogiendo lo mejor del ejemplo y las enseñanzas de vuestros padres y maestros, vais a formar la sociedad de mañana; os salvaréis o pereceréis con ella». Concluía con una llamada: «¡Construid con entusiasmo un mundo mejor que el de vuestros mayores!» (Mensaje a los Jóvenes, 8 de diciembre de 1965)

b) Queridos jóvenes, esta invitación es de gran actualidad. Estamos atravesando un período histórico muy particular. El progreso técnico nos ha ofrecido posibilidades inauditas de interacción entre los hombres y la población, mas la globalización de estas relaciones sólo será positiva y hará crecer el mundo en humanidad si se basa no en el materialismo sino en el amor, que es la única realidad capaz de colmar el corazón de cada uno y de unir a las personas. Dios es amor. El hombre que se olvida de Dios se queda sin esperanza y es incapaz de amar a su semejante. Por ello, es urgente testimoniar la presencia de Dios, para que cada uno la pueda experimentar. La salvación de la humanidad y la salvación de cada uno de nosotros están en juego. Quien comprenda esta necesidad, sólo podrá exclamar con Pablo: «¡Ay de mí si no anuncio el Evangelio!» (1Co 9,16)

(B XVI. Mensaje a los jóvenes JMJ 2013). Todo esto requiere la valentía de creer. No es cuestión de “fondeo”.