• La Dignidad del Nonato

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    Ing. Rosa Fernández: Tú, recibida de Ingeniería Biomédica, tienes ahora una gran responsabilidad social. Defiende, en tu realidad profesional, la verdad absoluta y, así, al inocente que yace en el vientre de su madre.

    Cuando hablamos de dignidad, no pensemos en una idea vacía, o en una maraña de ideas  omplejas, ni en simples ideas, como quiera que éstas sean. Más bien, hablamos de una verdad concreta y visible, una realidad irrefutable y fundamento de todo derecho y mérito humano.

    Según el Diccionario de la Real Academia Española, Dignidad significa Merecedor de algo. Deriva de la palabra latina dignus, que puede traducirse por “valioso”; es la certeza de que somos valiosos, sin importar nuestra condición económica, material o social.

    La dignidad tiene que ver con el valor inherente[1] al ser humano en cuanto ser racional, dotado de libertad y poder creador, ya que las personas son, en potencia, modeladores y mejoradores de sus propias vidas mediante la toma de decisiones y la ejecución de su propia libertad. Significa que el hombre puede gobernarse a sí mismo, lo que no pueden hacer los animales ni las plantas.

    Una definición formal podemos encontrarla al alcance de un clic:

    “La dignidad es el valor intrínseco y supremo que tiene cada ser humano, independientemente de su situación económica, social y cultural, así como de sus creencias o formas de pensar” (Wikipedia).

    Ahora bien, la dignidad del ser humano es intrínseca, inherente, la tiene por sí mismo. Ninguna otra persona se la otorga, ningún otro organismo. Ningún grupo creado por los mismos hombres, ni una organización, ni una religión puede dar la dignidad. La dignidad del ser humano no es definida por otro ser humano. Ninguna organización puede atribuirse el arrogante derecho de decidir si el ser humano tiene dignidad o no. Ningún organismo social puede otorgar el derecho a la vida, la dignidad, el valor intrínseco. Puede defenderlo, sí, pero no otorgarlo. El hombre tiene dignidad de ser humano, desde el momento en que la biología hace lo suyo: en la fecundación. Ahí empieza la dignidad del hombre, ni antes, ni después.

    Una organización creada por el hombre ha dicho:

    “Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos”. (Declaración Universal de Derechos Humanos, primer artículo. Declarada y adoptada por Naciones Unidas).

    Pero observemos que, el ser humano, no empezó a nacer con libertad, dignidad y derechos a partir de que el organismo lo declaró. El ser humano ya nacía con libertad, dignidad y derechos antes de que el organismo lo dijera. Por eso los organismos sociales no pueden dar libertad, dignidad y derechos, solo defenderlos.

    Aclaremos una cosa. El hecho de que este organismo diga que los seres humanos “nacen” con libertad, dignidad, y derechos, no significa que antes de nacer, aquél que se encontraba en el seno materno, no fuese considerado un ser humano con dicho valor.

    Porque no es mentira que el ser humano nace libre y con derechos intrínsecos por su dignidad. Eso no es ninguna mentira. Pero nacen con esa libertad, dignidad y derechos, en cuanto que son seres humanos, y no en cuanto que nacen. Ahí está el detalle, diría Cantinflas.

    Para los que necesitan doble explicación. Naciones Unidas no hizo, estrictamente, una fórmula declaratoria, sino que reconoció una realidad. No dice que el hombre tenga libertad, dignidad y derechos porque nace. Sino que nace con libertad, dignidad y derechos, porque es ser humano. Si el que vive dentro del seno materno no fuese un ser humano (menudo disparate), no podría nacer con libertad, dignidad y derechos. Lógica elemental.

    Por tal motivo sorprende escuchar por ahí que el «nonato» no tiene dignidad humana porque no ha nacido (no quiero tener en  frente de mí al cabezón que lo dice). Sin embargo, si la dignidad humana dependiera del nacer, entonces aquellos que vienen al mundo por cesárea no son seres humanos. ¿O es que si se extrae el niño por cesárea, éste no es libre, con dignidad y derechos? Porque, si sólo se es ser humano cuando se nace, entonces no se podría sacar al niño del seno materno, puesto que dejaría de ser un ser humano[2].

    Cabe mencionar y aclarar que, estrictamente hablando, un nonato es aquél que es sacado del vientre de su madre por cesárea, es decir, no nace naturalmente[3]. Ergo, el nonato es un ser humano en toda la extensión de la palabra.

    Biológicamente el ADN de un embrión, o del producto de la fecundación, tiene exactamente la misma estructura que tendrá cuando hayan pasado 90 años. Por lo tanto estamos hablando del mismo organismo viviente, del mismo ser humano, ya recién fecundado, ó  ya un abuelito.

    Por eso, el embrión, el producto fecundado, tiene dignidad de ser humano. Y al tener dignidad de ser humano, estamos diciendo que tiene un valor intrínseco, por sí mismo, que ningún organismo social ni médico puede negarle y, por lo tanto, nadie tiene la autoridad para negarle crecer.

    No hay diferencia alguna entre atentar contra la vida del ser humano cuando es fecundado, cuando acaba de nacer, o cuando tiene 90 años de vida.

    La ley civil se supone que la hemos establecido para custodiar nuestra vida, no para terminarla. La ley civil sólo puede defender la dignidad de la persona, nunca otorgarla, y mucho menos eliminarla.

    La dignidad del niño que no ha nacido habla por sí sola, el niño en el vientre de la madre tiene un valor intrínseco y no existe organización ni ley ni opinión meramente humana que pueda quitarle ese valor, porque no tienen ninguna autoridad. La dignidad humana supera las leyes creadas por mentes retorcidas.

    Todos los derechos del hombre, se basan en la dignidad humana, y no al revés. El hombre no es digno por tener derechos, tiene derechos porque  tiene dignidad. Aunque se escuche feo, una mascota no tiene derechos[4].  Por lo tanto, la dignidad es la base de todos los derechos, empezando por el derecho a la vida.

    La expresión dignidad humana hace referencia al valor intrínseco e inalienable de todo ser humano, independientemente de su condición social o económica, raza, religión, edad, sexo, etc. La dignidad humana constituye la base de todos los derechos.[5]

    Y la dignidad del ser humano, en cuanto que es un ser racional y libre, tiene mérito. Es decir, es merecedor. Y es merecedor porque no vive en automático o por instinto, sino que puede decidir, pensar, elegir, razonar, amar. Por eso, la dignidad humana, supera en mucho a todos los demás seres vivos. Si en una pendiente cuelgan de mí en un brazo mi hermoso perrito y, en el otro, un ser humano al que ni siquiera conozco, lo ético, es decir, el acto moralmente bueno que yo debo hacer, es salvar la vida del ser humano, porque tiene mayor dignidad. De igual forma, si ante mí penden la vida de un nonato y la de su madre, tengo que hacer todo lo posible y de igual manera para salvar a ambos, puesto que tienen la misma dignidad, y no puedo descuidar a ninguno.

    En este contexto, ningún organismo, ley o incluso una madre, pueden privar a un ser humano recién fecundado, que inicia su largo proceso de desarrollo, porque tiene la misma dignidad de aquellos miembros de la organización, autores de la “ley” y de la madre. Por eso, una madre jamás podrá tener derecho a abortar, ese es un falso ideal porque atenta contra el derecho y la libertad del nonato.

    Termino esta reflexión con estas palabras del gran Gandhi:

    “En cuanto alguien comprende que obedecer leyes injustas es contrario a su dignidad de hombre, ninguna tiranía puede dominarle.” (Mohandas Mahatma Gandhi)

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    [1] Inherente. (Del lat. inhaerens, -entis, part. act. de inhaer?re, estar unido). 1. adj. Que por su naturaleza está de tal manera unido a algo, que no se puede separar de ello. (DRAE)

    [2] Es cierto que la cesárea es un tipo de parto, pero nacer es lo que ocurre cuando el hijo sale del vientre materno, no cuando lo sacan, y no por eso carece de dignidad.

    [3] Cf. Diccionario de la Real Academia Española 22° edición

    [4] Para más información sobre éste particular, leer el excelente artículo del P. Eduardo Hayen, “Mi perro no tiene derechos”, donde se lee: “Los animales no tienen derechos ni deberes porque no son sujetos morales”. Puedes consultarlo en: http://www.jesusmaestro.tk/mi-perro-no-tiene-derechos/

    [5] Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948

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