La injusta riqueza

En unos de sus sermones, decía san Agustín a los ricos: «Los ricos somos nosotros; ustedes son adinerados». Comparto contigo un pensamiento del S. Agustín sobre las riquezas:

“La «deshonesta riqueza» es la riqueza de este mundo… si deseas la verdadera riqueza búscala en otra parte. Fíjate en Job despojado de todo; él posee la riqueza en abundancia, porque su corazón está lleno de Dios. Ha perdido todo, sin embargo presenta a Dios su alabanza como otras tantas perlas preciosas. ¿De cuál tesoro se pueden obtener estas perlas, en el momento en que ya no se tiene nada? No posee nada, y sin embargo es verdaderamente rico! En cuanto a las otras riquezas, ha sido la mentira la que les ha dado este nombre. Tú las posees; Muy bien. Tu padre tenía una gran fortuna y tú la has heredado, magnífico, es legítimo. Tu casa está llena del fruto de tus fatigas, no te lo reprocho. Sin embargo, te lo repito una vez más: no llames «riquezas» a todas estas cosas. Darles este nombre significa ya amarlas, y si tú las amas perecerás como ellas. Dónalas y no perecerás; dala a los pobres, y serás rico, siembra y cosecharás. Estas, así llamadas riquezas, son mentira y engaño, traen consigo la miseria y la precariedad. Desde el momento en que las posees, ya no tienes reposo: «un ladrón puede robártelas, mi administrador podría malbaratarlas después de haberse deshecho de mí… ». No, si fueran verdaderas riquezas te darían la paz. Dios mío, lo que queremos es a ti, en ti nos apoyamos, seguros de no perderte y de no perecer; tú eres nuestra única riqueza.