Continuamos el recorrido por la Biblia para descubrir a la Madre de Dios, María Santísima

La Asunción al Cielo

María fue elevada al cielo en cuerpo y alma por el Señor Dios, como lo afirma la Constitución Munificentisimus Deus:

“La Inmaculada Madre de Dios y siempre Virgen María, terminado el curso de su vida terrenal, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria del cielo” .

En efecto, es una doctrina que no alcanzó a estar explícita en la Biblia porque, cuando se

La Virgen de la Asunción, del pintor Bartolomé Esteban Murillo

La Virgen de la Asunción, del pintor Bartolomé Esteban Murillo

escribieron los evangelios, María aún estaba con vida en la tierra. Ella vivía en casa de Juan. Sin embargo, ya lo dice el libro del Apocalipsis:

“había una señal en el cielo, una mujer” (Cf. Ap. 12).

Como es de suponerse entre los hermanos separados, hay  gran confusión  entre Asunción y Ascensión. Cuando Jesús ascendió al cielo, lo hizo por sí mismo. María, en cambio, fue asunta por Dios. Esa es la diferencia. Y eso de que Dios eleve personas al cielo no es algo nuevo, como lo dice la Escritura:

«Por la fe, Henoc fue trasladado [al cielo], sin ver la muerte y no se le halló, porque lo trasladó Dios. Pero aún antes de su traslado, recibió el testimonio de haber agradado a Dios» (Heb. 11,5).

De tal manera que María, por su fe -por su -, agradó a Dios y, más aún, halló gracia a sus ojos.

Tanto agradó a Dios que por puro amor la escogió para que fuese su madre y, así,  venir al mundo a salvarnos. Nuestra afirmación es una verdad irrefutable, pues la Escritura enseña claramente que Isabel alabó a María por su fe: ”Dichosa tú que has creído” (Cf. Lc. 1,45), por eso le dijo el Ángel:

“No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios (Lc 1.30)

¿Recuerdas que, anteriormente, la Sagrada Escritura nos desveló a María como el Arca de la Nueva Alianza?, pues bien, lo increíble es que ya estaba prefigurado en el Antiguo Testamento que el Arca de la Alianza entraría al cielo con el Señor:

«Sí, oímos de Ella que está en Efratá, ¡la hemos encontrado en los Campos del Bosque! ¡Entremos en el lugar donde Él habita, postrémonos ante el estrado de sus pies! ¡Levántate, Yahvé, hacia tu reposo, ven con el arca de tu poder!» (Sal. 132,6-8).

Resulta evidente que se refiere al Arca de la Alianza por el contexto del pasaje. El comentario a pie de página de la Reina Valera 1995 (referencia protestante) dice sobre el versículo 6:

«132.6 En los campos del bosque: Parece ser una referencia poética de Quiriat-yearim (que significa ciudad de bosques ), lugar situado a unos 15 km al noroeste de Jerusalén (cf. Jos 9.17), donde estuvo el Arca del pacto una vez que los filisteos la devolvieron (1 S 7.1)»

Y, ¿cómo sabemos que se cumplió lo prefigurado? Vayamos al libro del Apocalipsis donde se nos revela la liturgia celestial,  y dice:

«Y se abrió el Santuario de Dios en el cielo, y apareció el arca de su alianza en el Santuario, y se produjeron relámpagos y fragor y truenos y temblor de tierra y fuerte granizada» (Ap. 11,19).

La hermosura del lenguaje bíblico nos vuelve a iluminar, porque justo cuando se abre el cielo y Juan ve el arca de la Alianza, ¡describe a la mujer!

«Un gran signo apareció en el cielo: una Mujer, vestida del sol, con la luna bajo sus pies, y una corona de doce estrellas sobre su cabeza» (Ap. 12,1).

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Icono Ortodoxo sobre la Dormición de María

Esto no es casualidad alguna. Para cuando se escribió el Apocalipsis, según los expertos, sería entre el año 90 y 100. Otros lo ubican en el 70 por aquello de la destrucción del templo de Jerusalén. De los libros del Canon Bíblico fue el último que se escribió y, para esos momentos, ya María habría sido asunta, pues Juan la está viendo en el cielo y le está llamando Arca de la Alianza.

Es innegable, pues, que la Escritura nos enseña que María fue “trasladada por Dios al cielo”. Por eso la tradición de la Iglesia siempre ha estado consciente de este hecho. Los hermanos ortodoxos de oriente llaman a esto “la dormición de María”.

La mujer vestida de sol

En cuanto a la mujer que menciona el Apocalipsis, -vestida del sol, con la luna bajo sus pies-, puede identificarse al tiempo con Israel, con la Iglesia, y con María. Porque María es figura de la Iglesia. Israel es el pueblo de Dios. La Iglesia es el nuevo Pueblo de Dios. Por tanto, María es figura del Pueblo de Dios, y goza desde hoy de lo que para nosotros es promesa.

Algunos hermanos separados niegan que María sea esa mujer del Apocalipsis, pero sus argumentos se derrocan por sí mismos. Primero alegan: “esa mujer tenía muchos hijos y ustedes católicos dicen que sólo tuvo a Jesús“. Con eso dejan claro una cosa: su único objetivo es contradecirnos y no buscar la verdad, porque, con tal de contradecir la doctrina sobre María, son capaces de aceptar otras doctrinas, en este caso, la virginidad perpetua. Es curioso, que en un debate un evangélico sostenga que María perdió su virginidad pero, con tal de contradecirnos, después la admite. En el pasaje que nos concierne, se lee:

«Entonces despechado contra la Mujer, se fue a hacer la guerra al resto de sus hijos, los que guardan los mandamientos de Dios y mantienen el testimonio de Jesús» (Ap. 12,17).

Después de comparar lo que dice la Biblia con lo que afirman los protestantes,  sólo se puede sonreír. No sé si será inocencia, ignorancia, o realmente maldad. Ese pasaje en lugar de afirmar que la Mujer no es María, ¡lo que hace es demostrar la Maternidad espiritual de María sobre todos los cristianos! Está diciendo que aquellos que guardan los mandamientos de Dios y mantienen el testimonio de Jesucristo, son hijos de la Mujer, ergo, hijos de María. Esto está en perfecta consonancia con el evangelio de Juan, “Ahí tienes a tu Madre” le ha dicho al discípulo amado.  Juan, en su evangelio nos relaciona a todos con el discípulo amado y en su Apocalipsis, lo explicita.

No hay que ir muy lejos, si quieres conocer a esa mujer del Apocalipsis, basta con dar un vistazo a lo que aconteció en el Tepeyac… he aquí.

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La imagen de la Virgen de Guadalupe que está impresa sobre un ayate.

 

Continuará…