• María en los Padres de la Iglesia

    MARÍA EN LOS PADRES DE LA IGLESIA.

    Voy a iniciar haciendo alusión a la palabra padre en el contexto cristiano.  Comúnmente, los fieles llaman Padre a los sacerdotes, y con toda razón. Para San Pablo, un padre es aquél que engendra a Cristo en los corazones mediante el Evangelio (1 Co 4,8). Sobre todo, son padres porque engendran nuevas criaturas para el gran y único Padre Celestial mediante el bautismo, razón por la cual también a los diáconos suele llamársele Padre después de su primer bautismo.

    Así pues los Padres de la Iglesia, son aquellos que han engendrado a Cristo mediante la proclamación del evangelio y la doctrina cristiana, en los primeros siglos.  Y por el hecho de ser en los primeros siglos, son por lo tanto un testimonio de la auténtica doctrina, la verdadera Tradición, y el sano depósito de la fe.

    La tan defendida por San Pablo, “Sana Doctrina”, está especialmente guardada en la enseñanza de estos Padres de la Iglesia.

    Si hay una interpretación recta de la doctrina cristiana, ésta es la de los Apóstoles, sus sucesores y sus discípulos, en comunión con la Sede de Pedro (cf. Mt 16,18). O mejor dicho, el Magisterio de la Iglesia.

    Por lo tanto, si hay una auténtica doctrina sobre la Bienaventurada Siempre Virgen María, Madre del verdaderísimo Dios por quien se vive, creador del cielo y de la tierra… es la doctrina del Magisterio de la Iglesia, es decir, las Sagradas Escrituras interpretadas por los Apóstoles y sus sucesores.

    Los mayores escritores cristianos de todos los tiempos se encuentran agrupados en el período de oro de la Patrística, los siglos IV y V.

    Los padres de los últimos siglos, hasta el VIII, tienen menor influjo; aunque la tradición griega tiene en este tiempo autores de renombre.

    Ahora bien, nuestro objetivo aquí es conocer esa auténtica interpretación acerca de una persona, una Mujer, una Figura, un modelo. La Perfecta Siempre Virgen Santa María.

    Por lo tanto, cabe mencionar que el papel de maría en la teología primitiva, está directamente relacionado con la Cristología. Especialmente, con la afirmación de Jesús verdadero Hombre.

    Dios realmente se ha encarnado (Jn 1,1) y ha nacido de una Mujer. María, es verdadera Madre de Jesucristo, por lo tanto, María es verdadera Madre de Dios (gr. Theotokos). La Divinidad de Jesucristo es una realidad. La humanidad de Jesucristo es una realidad. Jesús es Verdadero Dios y Verdadero Hombre.

    Como es verdadero Dios, María es Madre de Dios. Y es su Madre, porque realmente se encarnó.

    Los padres de los primeros tiempos hablan de María en el contexto cristológico, al explicar las sagradas Escrituras, el evento de Cristo y de la Iglesia. Su valor en campo mariano es inmenso y permanente, porque son los testimonios más cualificados de la fe ininterrumpida, los pioneros de la investigación teológica, las columnas que soportan el edificio cultual y santo de la iglesia.

    Toda enseñanza nueva debe confrontarse con el anuncio y el magisterio de ellos; y debe colocarse en las estructuras puestas por ellos. (Carta Apostólica “Patres Ecclesiae”, AA 72, 5-6).

    Los Primeros Padres: Los Apóstoles. Los Apóstoles y sus discípulos son los primeros que proclaman el Evangelio y confieren el Bautismo, porque esa era su misión. Así engendran nuevas vidas para el cielo. Empiezan a poner por escrito el evangelio y la doctrina, se va armando el Nuevo Testamento, mismo que tardará aún más tiempo para ser formado como un solo canon. Se escribe también la Didajé (Doctrina de los Doce Apóstoles).

    Los apóstoles tienen que defender la fe, debido a las corrientes judeocristianas y gnósticas, que negaban la divinidad o la humanidad de Cristo, y así enfatizaron que María es Verdadera Madre de Jesucristo, Verdadera Madre de Dios.

    San Lucas, escribe en su evangelio: “Y sucedió que, en cuanto oyó Isabel el saludo de María, saltó de gozo el niño en su seno, e Isabel quedó llena de Espíritu Santo; y exclamando con gran voz, dijo: «Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno;  y ¿de dónde a mí que la Madre de mi Señor venga a mí? ” (Lc 1,41-43) (gr. Kyrios, así traduce la Septuaginta Yavé/Adonai en lugar de Yavé/Teos).

    Un ejemplo de uno de los primeros Padres de la Iglesia y su doctrina, es Ignacio de Antioquía, quien afirmaba  La verdadera maternidad de María:

    La salvación de Cristo no son puros mitos, sino hechos y acciones verdaderas y humanas de Cristo, Dios encarnado de María. Cristo Dios verdaderamente nació de María, comió y bebió, verdaderamente fue crucificado y murió… verdaderamente resucitó de entre los muertos… (Carta a los de Esmirna, 1, SC 10, 100).

    Además de afirmar la Concepción Virginal, y proclamarle Madre de Dios.

    Otros Padres como Justino Mártir, identificaron a María como la Nueva Eva. Así como por una mujer, Eva, entró el pecado, así por una Mujer, María, entró la Salvación. Así como por un hombre, Adán, el hombre perdió la gracia, así, por un hombre, Jesús, el hombre es redimido. A esto se le llama “La antítesis de Gén 3,1-20”. Por Eva, todavía virgen, cayó Adán. Por María, La Virgen, nace Cristo, Dios encarnado.

    Hacia el Siglo II aparece Ireneo de Lyón, gran apologista.

    Además, existen otros escritos cristianos (algunos con modificaciones de los gnósticos para que tengan tendencias a su doctrina), que nos hablan de María, por ejemplo, el Proto-evangelio de Santiago, donde se cuenta incluso su nacimiento.

    Esto y mucho más es lo que Los Padres escriben sobre María. Si pusiéramos todo, sería imposible reunir las páginas necesarias  del cuaderno de notas.

    Conclusión

    Desde los primeros siglos la Iglesia ha hablado de María, ha amado a María, ha venerado su nombre, se ha cubierto bajo su amparo. Los Padres, transmisores de esta auténtica fe, nos ayudan a penetrar el misterio de Santa María a la luz del acontecimiento de Cristo, de donde parte la teología de María.

    María es la humilde esclava del Señor, por eso ella no habla de sí misma ni se anuncia a sí misma, sino que habla y anuncia a Cristo. Ella quiere llevarnos a su hijo, como llevó a todos esos primeros cristianos.

    Conozcamos a María más allá de la costumbre popular de ir una vez al año de rodillas hasta la Basílica. Más que eso, penetremos en su misterio, conozcamos su vida, imitemos sus obras y actitudes, y hagamos caso a sus mensajes. “Haced lo que él os diga”.

    María, la Llena de gracia, ayúdanos a permanecer en gracia.

    Amén.

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