Beato Guerrico de Igny. Ca. 1080-1157)

 Dijo el Señor a Acaz: «Pide una señal». Respondió Acaz: «No la pido, no quiero tentar al Señor» Pues bien, nosotros acogemos este signo rechazado con fe y un respeto lleno de amor. Reconocemos que el hijo concebido por la Virgen es para nosotros signo de perdón y de libertad en las profundidades del abismo y signo de esperanza, de exultación y de gloria en lo más alto de los cielos.

 Sí, esta Madre virginal que concibe y da a luz es un signo para nosotros: signo de que este hombre concebido y dado a luz es Dios. De entre todos los sufrimientos y desgracias humanas que este Dios se dignó sufrir por nosotros, sin lugar a dudas, creo que el mayor es el hecho de que esta Majestad divina haya soportado ser concebido en el seno de una mujer  y  permanecer encerrado en él durante nueve meses. Durante un tiempo tan largo, la Sabiduría no dice nada, la Omnipotencia no hace nada visible, la Majestad escondida no se revela a través de ningún signo. En la misma cruz, Cristo no se ha mostrado débil. Pero en el seno, es como si no estuviera: su omnipotencia es inoperante, como si no pudiera nada, y el Verbo eterno se esconde bajo el silencio.