La cultura cristiana tiene una visión muy positiva del hombre y del mundo. Aunque el cristianismo reconoce que el ser humano lleva en su alma la herida del pecado, nuestra vida se puede lavar completamente. El escándalo de nuestros pecados se puede convertir en regocijo. San Pablo, de ser perseguidor de la Iglesia y un hombre impasible ante el asesinato de los inocentes, fue ‘atrapado’ por el Señor y se convirtió en un predicador del amor y de la paz. (Imagen: “La Conversión de san Pablo, Paul Rubens, 1620).