Cualquier religión tiene derecho de expresarse dentro de la armonía de la ciudad y los gobiernos deben permitir y regular estas manifestaciones. Las religiones contribuyen al bien común y forman parte de una convivencia democrática. Sin embargo la pinta que hizo la comunidad Luz del Mundo en la Sierra de Juárez es espantosa, y constituye una grave ofensa al ecosistema y a la imagen de la ciudad. Monumentos, mensajes, cruces, edificios y pinturas de cualquier credo deben tener un valor estético y contribuir al embellecimiento urbano. Pero esas pintas monumentales en los cerros afean el ambiente citadino y no reflejan nada de la belleza de Dios. Luz del Mundo no sólo debe lavar bien su letrero con agua y jabón sino que debe hacer un poco de penitencia y pasarse a la pinta que dice “La Biblia es la verdad, léela” para también desaparecerla.