Este día celebramos a Santa Teresa de Jesús un don de Dios para su iglesia, su iglesia de todos los tiempos.

Santa Teresa de Jesús es Maestra de vida cristiana para los fieles de todos los tiempos. En nuestro tiempo, a menudo carente de valores espirituales, que vive “como si Dios no existiese”, Santa Teresa nos enseña a ser testigos incansables de Dios, de su amor, de su misericordia, de su presencia y de su acción; nos enseña a sentir realmente esa sed de Dios que existe, sepámoslo o no, en lo más hondo de nuestro corazón, ese deseo de ver a Dios, de buscar a Dios, de estar en diálogo con él y de ser sus amigos. Esta es la amistad que todos necesitamos y que debemos buscar de nuevo, todos los días. Los Santos son un monumento a la disciplina.

Como todos los Santos, Teresa es el resultado final de una intensa vida de oración ininterrumpida no obstante que en su vida experimentó “la resequedad del desierto”. Ella nos dice lo esencial que es la oración en nuestra vida, y nos dice en una expresión muy suya, clásica, que rezar significa: «tratar de amistad, estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos nos ama». (Vida 8,5) «El bien que tiene quien se ejercita en la oración, hay muchos Santos y buenos que lo han escrito,….y cuando no fuera esto aunque soy poco humilde, no tan soberbia que de esto osara hablar. De lo que yo tengo experiencia puedo decir, y es que por males que haga quien la ha comenzado no la deje pues es el medio por donde se puede remediar, y sin ella será mucho más dificultoso».

Otra característica de S. Teresa fue su deseo ardiente de Dios. Así se desprende en los primero capítulos de su obra “Libro de la Vida”: « Deseaba vivir, que bien entendía que no vivía, sino que peleaba con una sombra de muerte y no había quien me diese vida, y no la podía tomar: y quien me la podía dar tenía razón en no socorrerme, pues tantas veces me había buscado y yo me negaba». (Libro 8). «Quiero ver a Dios», decía desde su infancia a sus padres y éste deseo informó toda su vida: «amor, saca amor». Ya mayorcita, Teresa hablara de sus lecturas de la infancia y afirmará que en ellas encontró la verdad, que resume sus dos principios fundamentales: por un lado, «el hecho de que todo lo que pertenece al mundo de aquí, pasa»; y, por otro, que Dios es «para siempre, siempre, siempre», tema que se reitera en la famosísima poesía «Nada te turbe / nada te espante; / todo se pasa. / Dios no se muda; / la paciencia todo lo alcanza; / quien a Dios tiene / nada le falta / ¡Sólo Dios basta!

La celebramos con inmenso cariño y tal vez nos animemos a leer el libro de su vida. Después de todo Ella fue asidua lectora de la vida de los Santos. Vio en ellos un libro abierto de cómo ha de hacerse el camino.