La Iglesia nació alrededor de la mesa eucarística donde Jesús entregó su Cuerpo y su Sangre. Por eso solamente se llama ‘Iglesia’ a la comunidad que celebra la Eucaristía. Es la gran fortaleza de los católicos, pues nos alimentamos del Cuerpo y Sangre real del Señor. Nuestros hermanos cristianos nacidos de la Reforma protestante, al no celebrar la Eucaristía, no son Iglesia sino simples comunidades cristianas. Sin embargo ellos tienen una fortaleza que los católicos no tenemos; ellos tienen comunidades fuertes en la oración y el crecimiento. Para vivir plenamente nuestro ser Iglesia, los católicos hemos de convencernos que la Eucaristía celebrada en comunidad fraterna hace más felices a los discípulos del Señor. Asistir a misa solos, de manera aislada, no basta para encontrar la alegría de ser cristianos. Debemos celebrar nuestra fe en la Eucaristía integrando pequeñas o medianas comunidades donde oremos juntos, conozcamos nuestra fe, nos lavemos los pies unos a otros, donde nadie se sienta solo, asilado, sino en la alegría de la comunión fraterna.