SUAVE PATRIA.

 

Los poetas.

Patria: tu superficie es el maíz,

tus minas el palacio del Rey de Oros,

y tu cielo, las garzas en desliz

y el relámpago verde de los loros.

«Hemos perdido la inteligencia del lenguaje usual y el diccionario susurra ….» (R. López V.). “Me duele hasta el alma ver que nuestra patria se desmorona”, ha dicho Fernando del Paso en su discurso, al recibir el premio José Emilio Pacheco, en Mérida.

Llama la atención que los artistas se pronuncien en forma contundente, franca rebeldía del pensamiento, sobre la situación del país. Rebasa las disonancias mediáticas. Denuncias sobre el agotamiento de las reservas de moral en el ejercicio del poder. Tales denuncias son más claras en los medios internacionales donde se escribe sin miedo ni compromisos. La inteligencia del lenguaje, o la simple inteligencia, se agota y solo quedan la astucia y la audacia como recursos últimos.

Poco he leído de Del Paso; es que hay demasiadas lecturas acumuladas y el ritmo de los acontecimientos, es vertiginoso; también hay cansancio, casi agotamiento. Y mucho trabajo, Y los genios, Proust entre otros, nos aguardan en la estantería para releerlos y aprender, en Proust, la importancia de la minucia. Dígame usted, preguntaría Proust, ¿cómo fue el vuelo a Londres? Una comitiva de 200 personas, médicos, modistas y estilistas incluidos, ¿de qué platicaban, dígame usted? ¿El menú? ¿Los vinos? Chascarrillos y momentos de trabajo. Cuénteme todo, dígamelo todo para mi próxima novela. Con ello podría hacer una novela de realismo puro. La ultísima moda ante la franca sencillez elegante de la reina. Y, de este lado, la pobreza de las indias, de las ideas y las campesinas y las obreras. “Justo durante la misma semana en que la Primera Dama de los Estados Unidos no tuvo más que elogios al lucir un hermoso vestido que cuesta tan sólo 30 dólares en cualquier tienda de la Unión Americana”. (J.F. Hndz.).

Pero México duele y desconcierta. “No amo a mi patria./ Su fulgor abstracto/ es inasible.” Así dice uno de los poemas más hermosos y valientes que conozco, su autor es José Emilio Pacheco. En seguida el poeta agrega:

“Pero (aunque suene mal)/ daría la vida/ por diez lugares suyos,/ cierta gente, puertos, bosques, desiertos, fortalezas,/ una ciudad deshecha, gris, monstruosa,/ varias figuras de su historia, montañas/ -y tres o cuatro ríos.”

« Patria: tu mutilado territorio/ se viste de percal y de abalorio». Ya nos cuesta trabajo la dulce tibieza melancólica y óptima de López Velarde. Pero también es cierto: « El Niño Dios te escrituró un establo/ y los veneros del petróleo el diablo». Y nosotros preferimos los veneros escriturados por el diablo. Y el diablo suele pagar mal, como a Fausto. Nos cuesta trabajo el pegajoso entusiasmo del poeta jerezano: « Diré con una épica sordina:/ la Patria es impecable y diamantina». Y esto es cierto; pero, tal parece que, junto con las reservas de moral, se han agotado las reservas del amor a la patria. ¿Qué le importa México al crimen organizado? Peor, aún:

«¡Ay, José Emilio! ¿De qué nos sirve recoger aquí y allá premios y reconocimientos mientras nuestro país se desprestigia ante los ojos del mundo… mientras México se “mexicaniza” para estar de acuerdo con sus películas y las más negras de sus leyendas?

Es una vergüenza que tengamos que vivir muchos años para enterarnos de la existencia de más de sesenta lenguas en nuestro territorio”

¡Ay, José Emilio! ¿Qué vamos a hacer, qué se puede hacer con veinte y tres mil desaparecidos en unos cuántos años? ¿O son veinte y tres mil cuarenta y dos? ¿Y cómo sabemos quiénes son culpables? ¿O vamos a fabricar culpables por medio de la tortura, como es nuestra costumbre?»

De ahí que Del Paso hable en su discurso del México de nuestros días como de otro México que duele en el alma; hablando con el amigo ido, dice: «Quiero decirte que yo también amé a tu manera a esa patria de los cuantos bosques y ríos y de la ciudad monstruosa que fue tu cuna y la mía.

Quiero decirte lo que tú ya sabes: que hoy también me duele hasta el alma que nuestra patria chica, nuestra patria suave, parece desmoronarse y volver a ser la patria mitotera, la patria revoltosa y salvaje de los libros de historia». La historia que vivió López Velarde que está en los libros.

El México que espera el amor de los suyos, el México que soñaron los poetas, los místicos, los santos, los filósofos, los artistas:

«Moneda espiritual en que se fragua/ todo lo que sufriste:/ la piragua prisionera,/ al azoro de tus crías,/ el sollozar de tus mitologías,/ la Malinche, los ídolos a nado,/ y por encima, haberte desatado/ del pecho curvo de la emperatriz/ como del pecho de una codorniz».

La prosa del dolor.

Ante el hechizo de la poesía, ruda, la prosa como narrativa insidiosa nos vuelve a una realidad cruda. La corrupción, fuente y culmen de la violencia, arranca en quienes son capaces de la denuncia, palabras airadas y admonitorias. “No es frecuente una crítica política tan acerva por parte de artistas e intelectuales que han llegado a la cima del éxito. Por lo general, muchos de ellos lo han logrado a la sombra del árbol generoso y cómplice del Estado; otros, simplemente, prefieren mantenerse al margen de la política para no lastimar oportunidades presentes o futuras.

No es el caso de González Iñárritu, Guillermo del Toro o Fernando del Paso, cuyo éxito internacional de alguna forma les blinda de las represalias que puede provocar una irritación de parte del gobierno mexicano”.(Zepeda P.).

El comportamiento de estos artistas exhibe a las élites (y bien podríamos incluir a Alfonso Cuarón, quien en repetidas ocasiones ha vertido duros cuestionamientos al estado de la política y la corrupción en nuestro país). Un garbanzo de libra que hace más visible la complicidad de las dirigencias políticas, empresariales e intelectuales con la enorme corrupción institucional que padece México, concluye Zepeda P.

Existe la crónica periodística sobre la política, y es la más socorrida; pero el discurso de Del Paso, viejo de casi 80 años, dolorido y profético tiene acentos vasconcelianos, es denuncia, es rabia, es dolor. Voces inconformes, voz de profetas que se alzan solitarias en el desierto de la mediocridad, de la inconciencia, de la indiferencia, de la ambición. Ello me afianza más en mi credo: La política se ha convertido literalmente en una cuestión de vida o muerte. El olvido de los indígenas, la barbarie criminal, la patria salvaje, la corrupción… Los males de una tierra enfrentada a sí misma emergieron en sus palabras. Amargas y crepusculares. “Estoy viejo y enfermo, pero no he perdido la lucidez: sé quién soy, quién fuiste y sé lo que estoy haciendo y lo que estoy diciendo. Lo único que no sé es en qué país estoy viviendo. Pero conozco el olor de la corrupción; dime José Emilio: ¿A qué horas, cuándo, permitimos que México se corrompiera hasta los huesos? ¿A qué hora nuestro país se deshizo en nuestras manos para ser víctima del crimen organizado, el narcotráfico y la violencia?”. “El arte nos ha sido dado para no morir por la verdad”, decía Nietzsche. Pero, a la postre, es compromiso con la verdad, o no lo es. La verdad redentora del arte.

Su lucidez le permite hablar en primera persona de plural; todos los mexicanos deberíamos preguntarnos a qué horas, cómo, cuándo lo permitimos, cuándo se deshizo en nuestras manos. Un hombre, luego de tres días sin comer, se convierte en un asesino, decía Víctor Hugo. Y mientras, los millones van y vienen: repartirán 23 mdp entre candidatos independientes.

“Dejé de estudiar no porque pensaba que perdía el tiempo, sino que prefería salir a trabajar, limpiar vidrios, lavar autos. Hoy día evidentemente me doy cuenta que fue una mala idea”. “Yo soy conformista, no me gusta tener, tener, tener ¿para qué?”. “Yo me imagino que leer debe ser una cosa muy linda, porque ahora yo agarro un papel y no sé qué dice ese papel”.

Estos son los comentarios de algunos de los pobres más pobres. En América Latina, uno de cada cinco viven en situación de pobreza crónica y es difícil que dejen de serlo, según un informe del Banco Mundial. Una combinación de educación, salud y programas sociales pueden ayudarlos a eliminar la creencia de que ellos y sus descendientes están condenados a ser pobres para siempre. Pero, ¿quién, cómo y cuándo implementará ese programa mágico? Quien lo propone, el banco mundial, es el más grande acreedor de los pobres, de esos pobres condenados a vivir en el círculo irrompible de la miseria.

Algunas reacciones.

Algunos intelectuales dijeron: Enrique Krauze. “Me conmueve el discurso de Fernando del Paso, uno de nuestros mayores novelistas. Su prosa, intensa y lúcida, sangra. Como nuestra historia. Su diálogo con José Emilio Pacheco es tan real que parece escrito desde la eternidad y para la eternidad. Tiene razón Fernando: México, nuestro pobre México”.

Juan Villoro: “Fernando del Paso ha hecho el mejor homenaje posible a José Emilio Pacheco; ha recordado lo que vale la pena de este país y la catastrófica situación que nos rodea.

Emiliano Monge. “El gran problema de México, aquél del que abrevan todos los demás: pobreza, desigualdad, impunidad, violencia, etcétera, es que no hemos sabido nunca responder la pregunta fundamental que se hacen los colectivos, desde la familia hasta la nación: ¿qué chingados somos?

A veces solo lo coloquial puede expresar el asombro. Sin embargo:

Suave Patria:

Te dará, frente al hambre y al obús,

un higo San Felipe de Jesús.

 

No me la va a creer.

Viernes, 10am. Termino de escribir el presente. En eso oigo un vendedor, de esos que recorren a diario nuestras calles voceando sus delikatessen; en esta ocasión, nopalitos tiernos y mole, rico mole, hecho por su mujer y presentado en pequeñas bolitas contenidas en una bolsita de plástico. Hoy viernes de cuaresma no está mal un platillo de nopalitos en mole. No es por demás agregarle unas tortitas de camarón. El voceador resultó ser un viejo desdentado, pobre, alegre y contento con la vida. Yo traía en la cabeza a López Velarde y no sé por qué se ocurrió decirle que soy de Zacatecas. ¿No me diga?, me respondió asombrado. Yo nací en Jerez, allí, en una casa que está en la plaza central, ahí donde está la “estuata” de López Velarde. Mientras reía mostraba los dos únicos dientes restantes. La tierra de Tony Aguilar, le dije. Y del Santo Niño de Atocha, que es el único que nos cuida, me contestó riendo, al tiempo que, agotada la mercancía, echaba a rodar su bicicleta igualmente vieja y destartalada. Alcancé a darle la mano.

Suave Patria.

Al triste y al feliz dices que sí,

que en tu lengua de amor prueben de ti

la picadura del ajonjolí.

Y del mole!