Es cierto que el mundo del trabajo todavía tiene muchas heridas a nivel social. Hay desempleo, a veces contratos y salarios injustos, explotación de personas y, sobre todo, de niños. El trabajo a nivel de nuestras ocupaciones personales también tiene sus fracturas. Hay mediocridad y pereza, o no sabemos trabajar en equipo. A veces los chismes, acosos y robos dañan severamente el ambiente laboral. Sin embargo cuando tenemos una visión espiritual sobre el trabajo y, sobre todo, amor a Dios, el trabajo se vuelve más ligero, tendemos a terminarlo bien hecho, mejoramos el ambiente y lo hacemos en un clima de respeto y amabilidad de unos hacia otros. Es Jesús, el hijo del carpintero que trabajó con manos de hombre, quien ayuda a que muchos milagros ocurran en el mundo del trabajo.