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Muy queridos hermanos sacerdotes y laicos interesados.

Quiero invitarlos a la tanda de Ejercicios que daré en ésta Parroquia de Jesús Maestro los días del 20 al 23 de marzo, en un horario de 8.00_9.00 p.m. Quiero hacer esta invitación con las hermosas palabras de papa Francisco con las que agradeció al Fraile Michelini haber dirigido sus Ejercicios. El tema de nuestras meditaciones será el Libro de Baruc, compuesto por una gran liturgia penitencial y un hermoso tema sobre la Búsqueda de la Sabiduría. Tengo el atrevimiento, amén de hacerlo personalmente de invitar a los seminaristas mayores, con la anuencia del Rector.

Palabras del papa:

Lo hizo esta mañana del viernes, una vez concluido el retiro iniciado el domingo pasado y minutos antes de regresar al Vaticano. “Gracias por tu normalidad, por el bien que nos has querido hacer y por el bien que nos has hecho. Ante todo, por mostrarte como eres, natural, sin ‘cara de santito’. Natural, sin artificios”, dijo.

Y expresó su gratitud “por todo el bagaje de tu vida: los estudios, las publicaciones, los amigos, tus padres, los jóvenes frailes que debes custodiar. Todo, todo”.

Porque preparar los ejercicios espirituales, añadió Francisco “significa responsabilidad, tomar las cosas en serio. Y gracias por todo esto que nos has dado. Es cierto, hay una montaña de cosas para meditar, pero san Ignacio dice que cuando uno encuentra en los Ejercicios una cosa que da consolación o desolación, se debe detener allí y no seguir adelante. Seguramente, cada uno de nosotros ha encontrado una o dos entre todo esto.

 

Y por el resto, aseguró el Papa , “no es desperdicio, permanece y servirá para otra vez. Y tal vez las cosas más importantes, más fuertes, a alguno no le dicen nada, y en cambio tal vez una palabrita, una pequeña cosa dice más” a otro.

 

Así, conversando siempre con el predicador, el Papa recordó una anécdota que había citado el franciscano durante los ejercicios acerca de un “gran predicador español”, al cual, después de “una gran predicación bien preparada, se le acercó un hombre, que era un gran pecador público, y en medio de las lágrimas le pidió la absolución y se confesó. Una catarata de pecados y lágrimas, pecados y lágrimas. El confesor, estaba sorprendido porque conocía la vida de este hombre y le preguntó:

-‘Dígame, ¿en qué momento usted sintió que Dios le tocaba el corazón? ¿Con cuál palabra?’

– ‘Cuando usted dijo: Pasemos a otro tema’”.

 

“A veces, las palabras más sencillas –concluyó el Santo Padre– son las que nos ayudan, o las más complicadas: a cada uno, el Señor le da la palabra justa”, y le deseó a fray Michelini “continuar trabajando por la Iglesia, en la Iglesia, en la exégesis, en tantas cosas que la Iglesia le confía”. Y sobre todo “te deseo que seas un buen fraile”.