Domingo XVI de Tiempo Ordinario B
Jr 23, 1-6; Sal 22, 1-3a. 3b-4. 5. 6; Ef 2, 13-18; Mc 6,30-34

Oración opcional. Concede una vez más oh Padre a tu iglesia, convocada para la pascua semanal, gustar en la Palabra y en el pan de vida la presencia de tu Hijo, para que, reconozcamos en él al verdadero profeta y pastor, que nos guía a las fuentes del gozo eterno. Por NSJ…

Jr 23, 1-6 – Cambio de régimen – Muchas cosas se derrumban en torno al profeta igual que a nuestro rededor; con frecuencia, la culpa es de los jefes, de los líderes llenos de limitaciones e incluso, en muchos casos, superados por la realidad. Pero Jeremías no es un polemista, no se limita a desenmascarar a los responsables: ¿de qué serviría? Que caigan, sin más con los muros vacilantes de su ciudad, de sus seguridades. Dios no abandona su proyecto, él prepara para su pueblo un guía, un líder según su corazón.

Sal 22, 1-3a. 3b-4. 5. 6 – Salmo de confianza – Domina un tono sereno, apenas turbado por una referencia pasajera al enemigo.

El contexto sacro del salmo facilita la transposición al contexto cristiano sacro. Esta transposición global se articula en esta serie de imágenes o símbolos arquetípicos: el agua, la comida, la unción, la copa, la morada. En este nivel de símbolos arquetípicos se encuentra nuestro salmo con los sacramentos de la nueva alianza, símbolos de salvación en la «pastoral» de Cristo: «fuentes tranquilas» del bautismo, «el reparar las fuerzas» en la confirmación, la «mesa y la copa» de la eucaristía, «la unción» del sacerdocio, acompañan y guían al cristiano por «el sendero justo» hacia «la casa del Señor, por años sin término» (cf. Jn. 10).

Ef 2, 13-18 – Las distinciones no tienen sentido – Jesús ha puesto fin a todas las distinciones que dividen a los hombres. La humanidad en él se encuentra unida y reconciliada. Su cruz es el punto de encuentro donde pueden dialogar religiosos y no religiosos, gobernantes y gobernados, monjes y laicos. La cruz, elevada hacia al cielo y plantada en la tierra, hunde sus raíces en el corazón de toda existencia humana, pero desemboca en la libertad sin límites de todos los horizontes. En Cristo, hasta el adversario se convierte en hermano, para recomponer juntos una humanidad herida.

Mc 6,30-34 – Pequeña comunidad en un mundo inmenso – Marcos se complace en subrayar que Jesús lleva a sus apóstoles a un lugar apartado, en privado para explicarles todo (4,10;4,34;7,17;9,31). Ellos son el nuevo pueblo de Dios, pequeño rebaño formado en el desierto, pero que tiene en sí la vocación universal anunciada por los profetas. La iglesia, también hoy, asume el mismo destino. Su fecundidad no le viene del apoyo de los poderes de este mundo, o del prestigio de las instituciones, sino de su pequeña comunidad, ferviente, de fe y decidida a testimoniar hasta las últimas consecuencias la novedad del evangelio. Pequeña comunidad que, por lo demás, debe prevenirse contra la tentación de encerrarse en un gueto, y mantenerse abierta a los pobres del mundo.

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Si nos fijamos cuidadosamente en la forma como está estructurada la liturgia de la Palabra, a lo largo del Año, notaremos su admirable confección; hay una línea que lo atraviesa, una epifanía constante, una manifestación del Señor en su Palabra. Los temas se van integrando o desgranando en unidad temática; existe un hilo conductor tirado por el evangelio en turno, en este caso Marcos, que va prestando unidad y sentido a la liturgia de la Palabra a lo largo del año. Aun desde el punto de vista pastoral, la liturgia tiene una importancia decisiva.

En efecto, la liturgia, además de ser “la acción de Cristo y de la Iglesia”, – la celebración–actualización del misterio Pascual – es, al mismo tiempo, pedagogía, enseñanza, escuela; momento privilegiado de catequesis a condición de que se celebre cuidadosamente. Por sí sola, la celebración litúrgica, cuidadosamente, preparada, – el domingo con un plus de significado- , es una estupenda oportunidad para la evangelización y la catequesis. Si superamos la tentación de la prisa, si el cansancio, como es natural, (el número de misas, el calor, etc.), no nos abate, la liturgia eucarística constituye, aún desde el punto de vista pastoral, una oportunidad insuperable para educar al pueblo “en la esperanza de la salvación”.

El tema de la Palabra, por lo menos desde el Domingo XIV, sigue siendo la presencia de Dios en medio de su pueblo, trámite los hombres que él envía: los profetas, los pastores, los apóstoles. Ellos representan, – en el sentido de hacerlo presente ante el pueblo -, a Dios. El nos habla por medio de ellos, ellos son sus embajadores ante nosotros. Son el signo de que Dios no ha abandonado a su pueblo. El inicio de la carta a los Hebreos nos lo dice con toda claridad: “de muchas maneras y en muchas ocasiones habló Dios a nuestros padres en el pasado por medio de los profetas. En los últimos tiempos nos ha hablado por su Hijo”.

Pero así como hay quienes son profetas verdaderos o buenos pastores, hay quienes lo son, falsos y malos. El tema de profetas falsos y verdaderos, de buenos y malos pastores, es todo un filón bíblico teológico sobre el que puede decirse mucho, entonces y ahora. Así empieza el tema de este domingo: “¡Hay de los pastores que dispersan y dejan perecer a las ovejas de mi rebaño, dice el Señor!” (Jer 23,1). El tema de la denuncia de los malos pastores es constante en la literatura profética; los profetas con mucha frecuencia se enfrentan a la institución sacerdotal, es decir, a los encargados de pastorear al pueblo, para hacerles ver sus errores. “Ustedes han rechazado y dispersado a mis ovejas, y no las han cuidado. Yo me encargaré de castigar la maldad de las acciones de ustedes”. A esta denuncia del profeta, sigue el oráculo de salvación, dinámica frecuente en los profetas: ante el fallo de los pastores, Dios mismo actúa a favor de su pueblo. Un día él será el Pastor. Por lo demás, esta fe–esperanza constituye la riqueza del pueblo como lo vemos en el Sal 22.

Esta esperanza llegará a su plenitud en la persona de Jesús el Buen Pastor, tal como aparece en el capítulo 10 de Juan. Frente a los mercenarios, frente a los que hacen del ministerio su modus vivendi, frente a los que anuncian mentiras y despiertan falsas esperanzas, falsas expectativas, está el Buen Pastor, que conoce a sus ovejas y al que sus ovejas conocen; está el Buen Pastor que da la vida por sus ovejas, que las lleva a los buenos pastos, que cura a las enfermas, que atiende a las recién paridas, y lleva en sus brazos a los recién nacidos. Ha sido Ezequiel, aunque no exclusivamente, quien ha desarrollado con mayor intensidad el tema de los pastores malos que descuidan al rebaño, que lo esquilman y que cuando ven venir al lobo, huyen porque son asalariados. Es famoso el sermón de San Agustín sobre los pastores, que leemos las semanas XXV y XXVI del Tiempo Ordinario en el Oficio de Lectura. Único caso en que un autor es leído durante dos semanas seguidas; se trata de una lectura obligada.

Si en la liturgia de hoy Jeremías inicia con esa grave denuncia, el evangelio nos presenta a Jesús que se compadece de las multitudes «porque eran como ovejas sin pastor». El pasaje paralelo de Mateo dice que “estaban extenuadas y desamparadas, como ovejas sin pastor”. De esta constatación brota el gesto de amor de Jesús. El amor, es el “alma de todo apostolado”. Jesús siente compasión de las multitudes de entonces y de todos los tiempos. «Y se puso a enseñarles muchas cosas», dice Marcos.

Dom Chautard ha escrito un librito de permanente actualidad: “El alma de todo apostolado”. En su reciente viaje a Francia, reunido con los sacerdotes y seminaristas, B. XVI aludía a la obra de este religioso francés para animar el trabajo pastoral de sacerdotes y seminaristas, que ha de estar inspirado siempre en el amor. El prólogo de la edición de 1978 trae una cita del Papa Pablo VI que dice así: “La doctrina del P. Chautard en su libro El alma de todo apostolado siempre es de actualidad en sus afirmaciones fundamentales que nos incitan a buscar dentro las raíces del apostolado externo. El apostolado es un fenómeno de sobreabundancia espiritual que, en una persona, se convierte en ejemplo, voz, acción, y se difunde a su alrededor. Quien no posee una vida interior personal, ardiente y profunda, no llegará a ser un apóstol auténtico… para ser apóstol hay que tener un amor apasionado, un amor personal, real, total por Cristo Jesús. El apostolado es el amor que desborda, que estalla, que se traduce en testimonio y acción” (Osservatore Romano I-II-1968). Jesús es un vivo ejemplo de esa actitud; ni la necesidad del descanso impide el trabajo. Pero este trabajo brota de la caridad, brota de la obediencia, brota del amor con que Jesús ha amado al Padre y nos ha amado a nosotros. “La voluntad del que me envió es que yo no pierda nada de lo que me ha dado sino que lo resucite el último día”, nos dice Jesús en el evangelio de Juan.

Jesús busca el reposo, un poco de tranquilidad y descanso; y para este fin, se lleva a los suyos a un lugar solitario, “porque eran tantos los que iban y venían en torno a él, que no tenía tiempo ni para comer”. Las palabras han de tomarse en serio, y lo más admirable es, que si no tenía tiempo para comer, nunca le faltó el tiempo para la oración. Las noches y los lugares solitarios fueron el ambiente privilegiado para hablar con su Padre. El activismo es un veneno para la acción fecunda. Combinar el silencio, la oración y la contemplación, incluso el descanso, con una vida activa consagrada al servicio de los demás, tal es el reto. Jesús siente compasión de las multitudes, les enseña muchas cosas, les predica el Reino, realiza el milagro de los panes, cura a los enfermos, expulsa a los demonios, en fin, se hace presente en la débil y accidentada existencia humana. Eso es evangelizar.

«Ovejas sin pastor»: Tal es el espectáculo que contempla Jesús con el corazón conmovido por la compasión. Porque nuestro mundo está siempre bajo la mirada de Dios, también ahora ha de inspirarle los mismos sentimientos. Y ahora estamos nosotros aquí para ser buenos pastores, unos de otros, para hacer presente el amor misericordioso del Padre que se hace visible en Jesús. Hoy también, y no sé si decir que más que en otros tiempos, la multitud que anda extraviada y extenuada como ovejas perdidas. “Cada quien siguiendo su propio camino”. La metáfora nos alcanza en todos los tiempos.

Los efectos de ese amor comprometido de Jesús es lo que canta inspiradamente Pablo en la segunda lectura; es la realización plena de la seguridad y confianza que canta el conocido salmo 22.

Podemos rezar la Plegaria Eucarística V/c. Jesús, modelo de caridad.

UN MINUTO CON EL EVANGELIO.
Marko Iván Rupnik. sj.

Jesús está rodeado por los discípulos, que le cuentan lo que han vivido durante la misión: he aquí una bellísima imagen de la oración.
Ya los antiguos padres decían que un tipo de oración es la de Mostar al Salvador todo lo que se vive y se experimenta. Contar a Cristo nuestra vida, nuestra jornada, desde las cosas que estamos haciendo hasta las cosas que nos ocurren, a lo que sentimos, lo que pensamos. Cristo sugiere a los apóstoles retirarse a descansar porque el ir y venir de la gente es exagerado, pero cuando llegan al lugar solitario encuentran una gran multitud que les antecede y allí Cristo se conmueve y cambia su proyecto. En lugar de descansar, se entrega a la gente. La compasión y la conmoción del Señor son sentimientos y actitudes que suscitamos en Dios con el auténtico deseo de él, con una sincera búsqueda para encontrarlo.