• XVII Domingo Ordinario B.

    Domingo XVII de Tiempo Ordinario B.
    II Re 4,42-44; Sal 144; Ef 4,1-6; Jn 6,1-15

    Oración opcional. Oh Padre, que en la pascua dominical nos llamas a compartir el pan vivo que ha bajado del cielo, ayúdanos a partir en la caridad de Cristo, también el pan terrenal, para que sea saciada toda hambre del cuerpo y del espíritu. Por NSJ…

    II Re 4,42-44 – Un Dios generoso – Eliseo, como Elías, tiene la misión de despertar la conciencia del Pueblo, en el momento en el cual Baal, (dios de los paganos), estaba de moda. Hoy tenemos muchos Baales: y están en todo su apogeo. Su multiplicación de los panes recuerda a todos que Dios es la única fuente de la vida y de la fertilidad, y que su generosidad no tiene límites. Ser ministro de tal generosidad, es el signo que caracteriza al hombre de Dios. En un momento en que la mayor parte de la humanidad sufre hambre, en un momento en que millones de seres humanos mueren sencillamente porque no tienen un vaso de agua, ¿los cristianos podemos tomar parte en el banquete eucarístico sin preocuparse de los hermanos que apenas tienen algo que llevarse a la boca? En el transcurso de esta eucaristía ya habrán muerto muchos niños, ¡de sed!

    Sal. 144 – Salmo alfabético – El artificio literario no estorba la composición del himno, con invitaciones a la alabanza, y una serie descriptiva de la misericordia de Dios.

    Cristo viene a establecer el reino y a someterlo a su Padre: «Reino eterno y universal: el Reino de la verdad y de la vida, el Reino de la santidad y la gracia, el Reino de la justicia, del amor y de la paz». Un reino cuya ley suprema es el amor, un reino cuyos ciudadanos cantarán siempre la gloria de Dios: “los ojos de todos te están aguardando, tú les das la comida a su tiempo; abres tú la mano, y sacias de favores a todo viviente.” (vv. 15-16) Himno que canta la providencia de Dios.

    Ef. 4,1-6 – Ocasión a la unidad – Estas breves frases denuncian la división de los cristianos, exhortando a caminar hacia la unidad y dispuestos a pagar el precio: humildad, dulzura, paciencia. Estas frases son también un grito de esperanza: la unidad de Dios es indivisible, y todo lo que de bueno surja del corazón de los bautizados, cualesquiera que sea su iglesia, proviene de una única fuente, como resultado de un único proyecto. Dios está por encima de todas nuestras divisiones y está presente en todos aquellos que se atreven a declararse hijos suyos en Cristo Jesús.

    Jn 6,1-15 – El «signo» del pan – Jesús parte los panes para nutrir a la multitud hambrienta. Este gesto de generosidad es en sí mismo un signo: aquél que sacia hoy a la multitud puede y quiere apagar todas las hambres que están en el corazón del hombre. Observando que la pascua está cercana, el evangelista evoca claramente la eucaristía, en la que Cristo se hará, él mismo, “pan partido para nosotros.” La gente queda impresionada por el prodigio: he aquí el nuevo Moisés, hay que llevarlo al poder; se trata del nuevo maná, el porvenir está asegurado. El malentendido es total: Jesús no quiere hacer derivar su influencia de un prestigio, (la vieja propuesta del demonio que lo tentó en el desierto), por lo tanto escapa. El que sacia el hambre de los pobres no es un rico, es un indefenso como ellos. Pero dispuesto a compartir; es más, él mismo se hace «pan partido» para su pueblo.

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    Por buenos seis domingos vamos a leer el capítulo 6 de san Juan. Para ayudar en la lectura de esta joya de la teología del N. T., te envío la traducción y el texto estructurado de dicho capítulo; esto facilitará la lectura y nos permitirá tener una visión de conjunto. No debemos perder de vista que leeremos fragmentos del capítulo que no responden a la división estructural del texto, por eso es importante leerlo completo, y el texto que anexo al fina, puede ayudar a tal lectura. De ese modo, estaremos en mejor condición para comentarlo

    En términos generales podemos decir que la multiplicación de los panes se refiere a un hecho que revistió una gran importancia para el cristianismo primitivo; se trata, en efecto, del único milagro que narran los cuatro evangelistas en seis versiones diferentes. Este indicio literario nos habla de la importancia que este milagro tuvo para los cristianos de la primera época. Y ha de tenerlo también para nosotros.

    Es fácil, por ello, intuir el contenido y el significado profético que el gesto de Jesús tuvo en la predicación cristiana. La provisión milagrosa del pan aquí narrada tiene como fondo las otras provisiones de pan en la tradición bíblica, tales como el maná en el desierto, el milagro de Elías y él de Eliseo, y, en fin, la cena Eucarística: tres filones que se iluminan entre sí. Es difícil conocer la modalidad del evento original dada las estratificaciones sucesivas; pero cuenta el momento final, que no está constituido por la cena eucarística, sino por el banquete escatológico que Jesús espera celebrar con los suyos en el Reino del Padre.

    El valor del relato de Juan estriba en el hecho de que ha convertido el relato de la multiplicación de los panes en un «signo». Le quita, por lo tanto, el valor meramente social o político que fácilmente podía adquirir, y lo convierte en una «señal» precisamente del banquete escatológico que pregustamos en la Eucaristía. El hecho de que Jesús se escape para evitar que lo proclamen rey constituye una corrección interpretativa de primer orden.

    Sin embargo, es muy importante notar que la evangelización abarca también al hombre en sus necesidades inmediatas, materiales, y no de refilón; por el contrario, según consta en textos del Nuevo Testamento, socorrer al hermano necesitado es tarea esencial y realización del amor fraterno. Si un hermano o una hermana están desnudos y carecen del sustento diario, y alguno de vosotros les dice: “Id en paz, calentaos y hartaos”, pero no les dais lo necesario para el cuerpo, ¿de qué sirve? (St. 2,15-16). Y es que la fe sin obras, es una fe muerta. Así lo ha hecho Jesús. No sólo ha mandado a sus discípulos a curar a los enfermos, a expulsar los demonios, a resucitar los muertos, sino que también les dice: denles ustedes de comer. Así pues, la tarea de compartir, la cultura de la solidaridad, constituyen el centro del mensaje evangélico.

    Este mensaje reviste una quemante actualidad. Conocemos los datos dolorosos de la pobreza en nuestra patria y en el mundo reflejos de la ausencia del amor. La reciente encíclica del Papa B. XVI, es sin más, una ilustración de la necesidad de realizar el amor en la verdad; no basta, aunque de momento no quede otro recurso, una mera labor asistencial, sino que necesitamos transformar a la luz del evangelio las macro-estructuras donde se toman las decisiones que afectan a millones y millones de seres humanos.

    Más de 50 millones de mexicanos viven sumidos en la pobreza; se trata del 47.4% de la población. Un total de 50.6 millones de mexicanos viven en situación de pobreza patrimonial, es decir, no cuentan con ingresos suficientes para satisfacer sus necesidades de alimentación, salud, educación, vivienda, vestido y transporte público. No obstante los informes oficiales, según los cuales la pobreza había descendido, la realidad es que aumentó en 5,1 millones de mexicanos que ingresaron al ámbito de la pobreza (CONEVAL). Y por este camino podríamos continuar a lo largo y ancho. Sabemos que las nuevas circunstancias económicas han disparado la pobreza a nivel mundial. En mi artículo dominical en El Diario de Juárez de hace ocho días aludía a esta situación, teniendo como telón de fondo la nueva encíclica papal.

    En el relato de Juan, entre otros aspectos propios, resalta éste, que me parece importante destacar. Frente a la lógica del “comprar”, está la lógica de “compartir”. Para ponerlo a prueba, Jesús le dice a Felipe: ¿Cómo compraremos pan para que coman estos? Felipe le responde: ni 200 denarios de pan bastarían para que a cada uno le tocara un pedazo. La lógica de comprar no da resultado precisamente porque, según ésta, el que tiene con qué, compra y come; el que no, no. Frente a esta lógica está la actitud del muchacho que trae 5 panes de cebada y 2 pescados secos; y lo más importante, está dispuesto a compartir. Es muy importante notar el hecho de que el milagro no parte de cero. Si aquél muchacho no hubiera compartido, en circunstancias tan adversas, lo mínimo que traía, el milagro no hubiera sido posible. Sólo la cultura de la solidaridad, de la responsabilidad, del amor, podrá ayudarnos a enfrentar el escandaloso problema del hambre mundial. El Magisterio de la Iglesia es constante en esta enseñanza. Siendo un problema acuciante y dolorosamente actual, debemos, además de aprender a compartir, leer cuidadosamente y poner en práctica lo que B. XVI nos dice en su encíclica.

    Y aquí tomo unos datos: “en muchos países pobres persiste, y amenaza con acentuarse, la extrema inseguridad de la vida a causa de la falta de alimentación: el hambre causa todavía muchas víctimas entre tantos Lázaros a los que no se les consiente sentarse a la mesa del rico epulón. Dar de comer al hambriento (cf. Mat 25,35.37.42) es un imperativo ético para la Iglesia universal que responde a las enseñanzas de su Fundador, el Señor Jesús, sobre la solidaridad y el compartir. Además, en la era de la globalización, eliminar el hambre en el mundo se ha convertido también en una meta que se ha de lograr para salvaguardar la paz y la estabilidad del planeta. El hambre no depende tanto de la escasez material cuanto de la insuficiencia de recursos sociales, el más importante de los cuales es de tipo institucional…” (n. 27). El Papa pasa enseguida, a sugerir un sistema de instituciones capaces de garantizar una adecuada distribución del agua y el alimento que se necesita para vivir. Hay lugares todavía, en donde se destruye la comida para mantener los precios; hay lugares en donde la comida se desperdicia porque no hay estructuras que la acerquen a los núcleos de población.

    Así pues, atender a las necesidades materiales de nuestros hermanos, y no sólo de manera asistencial, sino transformando las estructuras, evangelizándolas, constituye una prioridad impostergable de nuestra fe. El amor es el motivo inspirador de esta actitud. “La caridad da verdadera sustancia a la relación personal con Dios y con el prójimo; no es sólo el principio de las micro relaciones, como en las amistades, la familia, el pequeño grupo, sino también de las macro relaciones, como las relaciones sociales, económicas y políticas. Para la iglesia – aleccionada por el evangelio – la caridad lo es todo…” (n. 2) “La caridad es la vía maestra de la doctrina social de la Iglesia” (Ibíd.). (Deus Caritas Est).

    Un minuto con el evangelio.
    Marko Iván Rupnik.

    ¿Dónde podemos comprar el pan, para que estos tengan de comer?; así decía el Señor para poner a prueba Felipe, que razona aún con la lógica comercial, con un pensamiento cerrado, contando el dinero y haciendo cálculos. El otro discípulo, Andrés, corre de aquí para allá para ver si entre la gente alguien tuviera algo para comer. Cristo hace que todos se sienten sobre la hierba para evocar la imagen descrita en un salmo: En verdes praderas me hace reposar. Preparas una mesa ante mí. Pero la gente, incluidos los apóstoles, no captan el mensaje, no descubre la asombrosa verdad de que Cristo es la Palabra que crea y el pan que da la vida. Su mirada y su conocimiento se detienen en el aspecto externo y se contentan con saciarse. Inmediatamente piensan en lo cómodo y bello que sería si él llegara a ser rey, porque daría gratuitamente de comer el alimento que – por sí mismo – no salva la vida. Pero Cristo se retira, porque desea que descubran lo que él da, que es un alimento diferente. Debemos descubrir a Cristo como el Pan de Vida si queremos que no llegue a faltarnos, también, en pan de la tierra.

    JESÚS PAN DEL CIELO
    Jn. 6

    “ESTE ES EL MISTERIO DE NUESTRA FE”

    (Traducción y Texto Estructurado).

    TEXTO ESTRUCTURADO DE Jn. 6

    I. EL SIGNO DE LOS PANES (6,1-15)

    1. Luego de estas cosas JESUS SE FUE al otro lado del mar de Galilea, (en los entornos) de Tiberíades.
    2. Una gran multitud lo seguía, porque VEÍAN LAS SEÑALES QUE HACÍA con los enfermos.
    3. JESUS, entonces, SUBIÓ AL MONTE y se sentó allí con sus discípulos.
    4. Estaba cerca la PASCUA, LA FIESTA DE LOS JUDÍOS.
    5. JESUS, levantando los ojos y viendo una gran multitud que venía hacia EL, dice a Felipe: ¿Dónde compraremos EL PAN para que éstos coman?
    6. Decía esto para PROBARLO; porque EL sabía lo que iba a hacer.
    7. Le respondió Felipe: DOSCIENTOS DENARIOS DE PAN NO LES BASTARÍAN PARA QUE CADA UNO TOMASE UN PEDAZO.
    8. Le dice uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro:
    9. “Aquí hay un muchacho que tiene CINCO PANES DE CEBADA Y DOS PESCADOS; ¿PERO, QUÉ ES ESTO PARA TANTOS?
    10. Entonces dijo JESUS: hagan que los hombres (la gente) se recuesten. En aquel lugar había mucha hierba. Se recostaron entonces los hombres en número casi de cinco mil.
    11. JESUS entonces TOMÓ LOS PANES Y DANDO GRACIAS LOS DIO A LOS RECOSTADOS, y lo mismo con los pescados cuanto querían.
    12. Y cuando fueron saciados dice a sus discípulos: recojan los pedazos que sobraron para que nada se pierda.
    13. Los juntaron, pues, y llenaron doce canastos con las sobras de los CINCO PANES DE CEBADA.
    14. Aquellas gentes, entonces, AL VER EL SIGNO QUE HABÍA HECHO decían: “ESTE ES VERDADERAMENTE EL PROFETA QUE DEBÍA VENIR AL MUNDO”.
    15. Pero JESUS, sabiendo que van a venir a agarrarlo PARA HACERLO REY, se retiró a la montaña El solo.

    II. LA TRAVESÍA POR EL MAR (16,16-21)

    16. Al caer la noche los discípulos se hicieron a la mar,
    17. y, subidos a la barca, querían ir a la otra orilla del mar, HACIA CAFARNAUM. SE HIZO NOCHE Y JESUS AÚN NO HABÍA VENIDO CON ELLOS.
    18. El mar estaba agitado porque soplaba un viento fuerte.
    19. Habiendo remado unos 25 o 30 estadios, VEN A JESUS CAMINANDO SOBRE EL MAR ACERCÁNDOSE A LA BARCA Y TUVIERON MIEDO.
    20. Pero el les dijo: YO SOY, NO TENGAN MIEDO.
    21. Querían, entonces, recibirlo en la barca, pero, luego, la barca llegó A LA TIERRA A DONDE SE DIRIGÍAN.

    III. EL DISCURSO DE CAFARNAUM (6,22-58)

    a) I n t r o d u c c i ó n. (vv. 22-25)
    A 22. Un día después la gente que estaba en la otra orilla del mar notó que allí no había habido más que una barca y que JESUS no se había embarcado con sus discípulos; éstos se habían embarcado solos.
    B 23. Pero de Tiberíades habían venido OTRAS BARCAS al lugar donde habían comido el PAN luego que EL SEÑOR DIO GRACIAS.
    B’ 24. Cuando la multitud vio que JESUS no estaba allí, ni sus discípulos, SUBIERON A LAS BARCAS Y FUERON A CAFARNAUM EN BUSCA DE JESUS.
    A’ 25. Y contrándolo en la otra orilla del mar le dijeron: ¿RABBÍ, CUÁNDO VENISTE ACÁ?

    b)
    LA OBRA QUE DIOS QUIERE QUE HAGAMOS (26-31)

    A 26. Les respondió JESUS y les dijo: EN VERDAD EN VERDAD LES DIGO: me buscan, no porque HAN VISTO SEÑALES, sino porque han comido PANES hasta hartarse.
    B 27. Trabajen no por el PAN que perece, sino por el PAN que permanece para LA VIDA ETERNA, LA QUE EL HIJO DEL HOMBRE LES DARÁ, porque A ESTE EL PADRE, DIOS, LO SELLÓ.
    C 28. Le preguntaron, entonces: ¿qué debemos hacer PARA REALIZAR LA OBRA DE DIOS?
    B’ 29. Respondió JESUS y les dijo: ESTA ES LA OBRA DE DIOS: QUE CREAN EN AQUEL QUE EL HA ENVIADO.
    A’ 30. Le dijeron, entonces: ¿Qué SEÑAL HACES TÚ PARA QUE VEAMOS Y CREAMOS?
    31. Nuestros padres comieron el MANA en el desierto, como está escrito: PAN DEL CIELO LES DISTE A COMER.

    c)
    EL PAN DEL CIELO Y LA FE (vv. 32-46).

    A 32. Les dijo JESUS, entonces: EN VERDAD EN VERDAD LES DIGO: Moisés no les ha dado EL PAN DEL CIELO; MI PADRE LES DA EL VERDADERO PAN DEL CIELO.
    33. Pues EL PAN DE DIOS ES AQUEL QUE BAJA del cielo, y DA LA VIDA AL MUNDO.
    34. Le dijeron, entonces: Señor, danos siempre de ESE PAN.
    35. Les dijo JESUS: YO SOY EL PAN DE LA VIDA.
    B 35b. El que VIENE A MÍ no tendrá hambre,
    35c. y el que CREE EN MÍ no tendrá sed jamás.
    36. PERO, LES DIGO, HAN VISTO Y NO CREEN.
    C 37. Todo lo que el Padre ME DA, VIENE A MI, y el que VIENE A MI, YO no lo echaré fuera ,
    38. porque HE BAJADO DEL CIELO, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del QUE ME ENVIÓ.
    D 39. Y esta es la voluntad DEL QUE EM ENVIÓ: QUE NO SE PIERDA NADA DE LO QUE ME HA DADO, sino que LO RESUCITE EL ÚLTIMO DÍA.
    40. Pues esta es la voluntad de mi PADRE: que cualquiera que CONTEMPLA AL HIJO y CREE en EL TENGA LA VIDA ETERNA Y LO RESUCITE EL ULTIMO DIA.
    A 41. Ahora los judíos MURMURABAN de EL porque había dicho: YO SOY EL PAN QUE HA BAJADO DEL CIELO,
    42. y decían: ¿no es ESTE JESUS, el hijo de José, del que conocemos padre y madre? ¿Cómo dice: HE BAJADO DEL CIELO?
    C’ 43. Respondió JESUS y les dijo: no MURMUREN entre ustedes.
    44. NINGUNO PUEDE VENIR A MI SI EL PADRE QUE ME HA ENVIADO NO LO ATRAE, y a ese yo lo RESUCITARÉ EL ULTIMO DIA.
    C’’ 45. Está escrito en los PROFETAS que serán discípulos de Dios; todo el que escuche al PADRE y aprende viene a mí.
    46. No es que alguien haya visto al PADRE, sino AQUEL que está junto a Dios, ESE HA VISTO AL PADRE.
    47. EN VERDAD EN VERDAD LES DIGO: EL QUE CREE TIENE LA VIDA ETERNA.

    d)
    EL PAN DE LA VIDA – LA VIDA ETERNA (vv. 48-52)

    A 48. YO SOY EL PAN DE LA VIDA.
    49. Sus padres, en el desierto, comieron el MANA Y MURIERON.
    B 50. ESTE ES EL PAN QUE HA BAJADO DEL CIELO, PARA QUE EL QUE LO COMA NO MUERA.
    B’ 51. YO SOY EL PAN VIVO QUE BAJO DEL CIELO
    51b. SI ALGUNO COME DE ESTE PAN, VIVIRÁ PARA SIEMPRE,
    A’ 51c. EL PAN QUE YO DARÉ ES MI CARNE POR LA VIDA DEL MUNDO.
    52. Entonces los judíos DISCUTIAN entre ellos diciendo: ¿Cómo puede ESTE darnos a comer (su) CARNE?

    e)
    MI CARNE VERDADERA COMIDA
    MI SANGRE VERDADERA BEBIDA… (vv. 53-58)

    A 53. Les dijo JESUS: EN VERDAD EN VERDAD les digo: SI NO COMEN LA CARNE DEL HIJO DEL HOMBRE Y NO BEBEN SU SANGRE, NO TIENEN LA VIDA EN USTEDES.
    54. EL QUE COME (traga) MI CARNE Y BEBE MI SANGRE TIENE LA VIDA ETERNA Y YO LO RESUCITARÉ EL ÚLTIMO DÍA
    55. MI CARNE ES VERDADERA COMIDA Y MI SANGRE ES VERDADERA BEBIDA.
    B 56. EL QUE COME MI CARNE Y BEBE MI SANGRE PERMANECE EN MÍ Y YO EN EL.
    B’ 57. Como el PADRE, EL VIVIENTE, me h enviado y yo vivo por el Padre, así, el que me COMA VIVIRÁ POR MI. ESTE ES EL PAN QUE HA BAJADO DEL CIELO
    A’ 58. No como el que comieron los padres y murieron, EL QUE COMA DE ESTE PAN VIVIRÁ ETERNAMENTE.
    59. ESTO LO DIJO ENSEÑANDO EN LA SINAGOGA DE CAFARNAUM.

    IV
    . LA REACCIÓN DE LOS DISCÍPULOS ANTE EL DISCURSO (6,59-69)

    60. Entonces muchos de sus discípulos, oyéndolo, dijeron: “este discurso es duro, ¿quién puede escucharlo?
    61. Sabiendo JESUS, dentro de sí, que sus discípulos MURMURABAN DE ESTO, les dijo: ¿ESTO LOS ESCANDALIZA?
    62. Pues si vieran al HIJO DEL HOMBRE SUBIR A DONDE ESTABA PRIMERO
    63. EL ESPIRITU ES EL QUE DA VIDA, LA CARNE DE NADA AYUDA. LAS PALABRAS QUE LES HE DICHO SON ESPÍRITU Y VIDA.
    64. Pero entre ustedes hay quienes NO CREEN. JESUS sabía desde el principio que había quienes no CREÍAN, y sabía quien era el que lo iba a entregar.
    65. Y decía: POR ESO LES HE DICHO QUE NINGUNO PUEDE VENIR A MI SI EL PADRE NO SE LO CONCEDE.
    66. DESDE ENTONCES, MUCHOS DE LOS DISCÍPULOS SE FORMARON PARA ATRÁSY NO SE DEJABAN VER CON EL.
    67. Dijo JESUS a sus discípulos: ¿A CASO TAMBIÉN USTEDES QUIEREN MARCHARSE?
    68. Respondió Simón Pedro: SEÑOR ¿A QUIÉN IREMOS? TÚ TIENES PALABRAS DE VIDA ETERNA.
    69. Y nosotros HEMOS CREÍDO Y HEMOS CONOCIDO QUE TÚ ERES EL SANTO DE DIOS.

    E P Í L O G O

    70. Les respondió JESUS: ¿no los he elegido yo a ustedes, LOS DOCE? Y sin embargo, entre ustedes hay un diablo.
    71. Se refería a Judas, el de Simón Iscariote; éste, no obstante siendo uno de los DOCE, lo iba a entregar.

    RESÚMEN DEL ESQUEMA

    I 6,1-15: EL SIGNO DE LOS PANES
    II 6,16-21: LA TRAVESÍA POR EL MAR
    III 6,22-59: EL DISCURSO DE CAFARNAUM
    a) Introducción (vv. 22-25)
    b) La obra que Dios quiere que hagamos (vv. 26-31)
    c) El Pan del cielo y la fe (vv. 32-47)
    d) El Pan de vida y la Vida Eterna (48-52)
    e) MI CARNE VERDADERA COMIDA. MI SANGRE VERDADERA BEBIDA… (vv. 53-59)

    IV 6,60-69: LA REACCIÓN DE LOS DISCÍPULOS ANTE EL DISCURSO.

    III. ESTRUCTURA Y DIVISIÓN

    Por estructura entendemos aquí la distribución y el orden interno de las partes de una obra literaria. Ella da consistencia y solidez lógica a la obra, como el armazón arquitectónica a un edificio o el esqueleto a un ser vivo vertebrado; sin ella no hay verdadera unidad literaria. Una auténtica estructura hace que las diferentes partes de que se compone una obra no sean meros bloques yuxtapuestos, sino expresión visible de la fuerza de una o de varias ideas madres o motrices que despliegan ordenadamente sus virtualidades internas. Naturalmente, estas ideas responden a la vida interna del autor o autores que las van manifestando. Generalmente la estructura o división de un libro muestra la cohesión o no cohesión de sus partes integrantes; puede ser, por tanto, más o menos perfecta.

    Al descubrir la estructura de un libro, no mejoramos el libro, pero estamos en mejores condiciones para conocerlo y hasta quizá pueda revelarnos algunos de sus misterios ocultos, sabidos sólo por el autor consciente o inconsciente.

    SIGNO: LO QUE REPRESENTA OTRA COSA EN VIRTUD DE UNA CORRESPONDENCIA ANALOGICA (LALANDE).

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