Favor de estudiar la lección, y el domingo después de misa de 12:00 hrs, se analizará el texto con ayuda de los tutores.

Aviso. La fecha para la confirmación será sábado 18 de abril a las 9:00 a.m. Hay que estar tres cuartos de hora antes.

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TERCERA LECCIÓN

 

En esta tercera lección vamos a considerar más detenidamente los aspectos del bautismo. El bautismo es el pórtico por el que entramos a la vida nueva, a la vida en el espíritu.

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El texto de la Escritura que vamos a meditar es el pasaje que narra el encuentro de Jesús con Nicodemo. Nicodemo era un fariseo que experimentaba la inquietud religiosa, que buscaba sinceramente la salvación. Y de noche va a buscar a Jesús. El reconoce en Jesús “un maestro que ha venido de parte de Dios”; y le dice expresamente: “nadie podría realizar las señales que tú haces si Dios no estuviera con él”. Jesús le responde a bocajarro:

«Pues sí, yo te aseguro que, si uno no nace de nuevo, no podrá gozar el Reino de Dios.»

Nicodemo le replicó: “¿Cómo puede uno nacer siendo ya viejo? ¿Podré entrar otra vez en el vientre de su madre y volver a nacer?”

Jesús le contestó: “Pues sí, te lo aseguro. Al menos que uno nazca del agua y del Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios. De la carne nace carne, del Espíritu nace Espíritu. No te extrañe que te haya dicho: «Tenéis que nacer de nuevo».” (Ver Jn. 3, 1-8).

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Leer con suma atención este texto de S. Juan fijándonos en todos los detalles. En un lenguaje simbólico Jesús va a hablar de la necesidad del bautismo como medio de salvación; va a hablar del bautismo como de un nuevo nacimiento. Nacer de Dios. En el prólogo de su Evangelio, Juan dice: «Él vino a los suyos, pero los suyos no lo recibieron. Pero a los que lo recibieron los hizo capaces de ser hijos de Dios.»

A los que le dan su adhesión (los que creen en él), éstos no nacen de la carne ni de la sangre, ni del deseo de varón, sino que nacen de Dios» (Jn. 1, 10-13). Ser bautizados es “nacer de Dios”, es “ser hijos de Dios”. Se trata del nuevo nacimiento.

A través de nuestros padres, de su íntima unión de amor, Dios nos llama a la vida, pero a una vida natural, marcada necesariamente por la muerte; pero nuestros padres no pueden darnos la vida divina. Lo que nace de la carne es carne. Ése nuevo nacimiento es un don de Dios, es nacer de lo alto, es nacer de Dios por la fe y por el sacramento del Bautismo.

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De esta manera podemos leer nuevamente los textos que vienen en la segunda lección.

Revisemos de nuevo el n. 1266 para ver cómo se despliega la potencia de ese nuevo nacimiento. Ya se ha hablado del perdón de los pecados. Luego el bautismo confiere el don de las virtudes infusas: nos hace capaces de creer en Dios, de esperar en él, y de amarlo. Fe, esperanza y caridad, estas son las virtudes teologales, fruto del bautismo.

El bautismo hace posible también, con nuestra cooperación, el que podamos actuar bajo la acción del Espíritu mediante los siete sagrados dones (sabiduría, inteligencia, consejo, fortaleza, ciencia, piedad, temor de Dios).

Por último, nos permite crecer también en las virtudes morales.

Así todo el organismo de la vida sobrenatural del cristiano tiene su raíz en el santo Bautismo.

Por ahora, con ayuda de los tutores han de analizarse estos textos.