Un día, el abad Macario volvía del campo a su celda llevando unas hojas de palmera. En el camino, el diablo le abordó con una hoz queriéndole herir, pero no lo logró. El diablo le dijo entonces: “Macario, padezco muchos tormentos por tu causa, porque no te he podido vencer. Sin embargo, hago todo lo que tú haces: tú ayunas, y yo no como nunca; tú vigilas, y yo no duermo jamás. Hay una sola cosa en la que me puedes.” _ ¿Cuál? preguntó Macario. – “Es tu humildad la que me impide vencerte.”

San Macario. Monje egipcio que vivió sesenta años retirado en el desierto de Scitia (+390?)