ROMA EN LLAMAS.

Creo en la iglesia, una, santa, católica.

(Símbolo de los Apóstoles. s.II).

 

A veces hay que recorrer la biblioteca completa en busca de la frase. Pero la encontré. Aparece en un comentario a las parábolas de C.H. Dodd; sin duda es una frase anterior pero no pierde su intensidad, máxime en estos días.  Comenta Dodd un pasaje del evangelio, donde Jesús denuncia la actitud de permanente inconformidad estéril de los hombres de su generación, – y nosotros somos de su generación -; gente estacionada en el punto muerto de la inconformidad, a la que nada ni nadie da gusto, de todo se quejan y permanecen atrapados en su desidia. Jesús los asemeja a esos niños que riñen entre ellos y se dicen: Hemos cantado cantos tristes y no habéis llorado; hemos tocado la flauta y no habéis bailado.  Y Jesús aplica a su generación la breve e incisiva parábola: «Vino Juan, que ni comía ni bebía y decís: ‘Esta endemoniado`. Vino el Hijo del hombre, que ni come ni bebe, y decís: ‘Ahí tenéis a un glotón y a un bebedor, amigo de publicanos y pecadores’».

Parábola relampagueante que denuncia la abulia  de una generación que no se compromete, se excusa de todo con cualquier pretexto; en el fondo, no quieren compromisos. Cada quien busca solo el propio interés. No se puede decir, escribe Dodd, que Jesús y sus discípulos sean los niños que tocan la flauta, y Juan y sus discípulos los que entonan el canto. El cuadro no encaja. Por el contrario, el cuadro de los niños quisquillosos que riñen en sus juegos hace pensar en la actitud frívola de una generación  incapaz de ver que el movimiento inaugurado por Juan y llevado por Jesús a un término inesperado, era una crisis de primera magnitud, y gastaba su tiempo en criticar neciamente el ascetismo del uno y la camaradería del otro. ‘Tocaban la lira mientras Roma ardía’.

Este cuadro queda muy bien en la situación, imposible de ocultar, que enfrenta papa Francisco.  Los lobos que ya denunció B. XVI, ahora rodean a papa Francisco. Esos lobos son peores que los de Wall Street porque, éstos, a ello se dedican; los otros, los de Roma, están disfrazados con piel de oveja, por “ello, su castigo será muy riguroso”. Tocan la lira, ‘mientras Roma arde’.

¡Qué triste espectáculo! Roma es una prisión; y puede serlo también para la iglesia. Los papas “extranjeros” han tenido que abandonar la ciudad non sancta mediante viajes que buscan hacer realidad la vocación universal del cristianismo.

Sin compartir del todo lo escrito por R. Amón, (El País), existe una verdad de base. Exagerando un poco las cosas, dice, Juan Pablo II se dedicó a evangelizar el mundo porque no soportaba la burocracia ni la elite endogámica de Roma. Ratzinger decidió abdicar porque se supo agotado para transformar los hábitos incorregibles de eminencias y monseñores.

Por eso adquieren un valor profético la Roma de Federico Fellini, el desfile de la moda pontificia, la descripción fantasiosa, delirante de una jet set eclesiástica anestesiada en su propio incienso, intrincada en la política nacional y profundamente local.

Se explica así la incredulidad de los papas ‘extranjeros’ en su concepción global del mensaje cristiano, extraños en una ciudad subterránea cuyos misterios incitan o invitan a recelar hasta de los monaguillos.

Benedicto XVI se definió a sí mismo como un pastor rodeado de lobos. No podía fiarse ni de su mayordomo ni tuvo suficientes tragaderas para encontrarse donde ahora se expone la ingenuidad de su heredero, traicionado a su vez por un ecónomo, Vallejo Balda, al que se atribuye desmesurada y noveleramente la urdimbre de una conspiración del Opus Dei contra la Compañía de Jesús. (Yo supe que los célebres Legionarios aspiraban a apoderarse de la U. Gregoriana, cuyo Réctor Magnificus es el mismo papa, quitándosela a los jesitas).

Y las cosas parecen más simples. Tan simples como la resistencia de la vieja guardia, del antiguo régimen, a las ambiciones quijotescas con que Francisco pretende rectificarles el tren de vida y reprocharles la tergiversación blasfema de las obligaciones cristianas. Y todo, mientras Roma arde!

No debemos asustarnos. La tarde, cuando B.XVI se despedía del papado, recordaba a los cristianos; «No tengan miedo; la iglesia no es mía, no es de ustedes. Es de Cristo». Se retiraba en un gesto de humilde reconocimiento. Las fuerzas se agotan  en una lucha contra un enemigo intangible, pero real, disfrazado, astuto, casi incorpóreo, pero temible. Algo tan sencillo como eso.

Es la decadencia de la decadencia, dice el autor citado. Que no la agonía, pues la remota fundación de Roma ocho siglos antes de Cristo la convierte en una fortaleza indestructible, mixtificada, incluso ajena a la revolución coyuntural que aspira a proponerse un pontífice argentino, un marciano contra el que conspiran sus propios cortesanos. El lado oscuro de esa ciudad, descrito en el Apocalipsis.

Estando así las cosas, caben a la perfección las palabras del papa, dichas el domingo pasado: «Queridos hermanos y hermanas: Sé que muchos de vosotros os habéis preocupado por las noticias que han circulado en los días pasados a propósito de documentos reservados de la Santa Sede que han sido robados y publicados.

Por esto quisiera deciros, sobre todo, que ‘robar’ estos documentos es un ‘delito’. Es un acto deplorable que no ayuda. Yo mismo había pedido hacer ese estudio, y esos documentos, mis colaboradores y yo ya los conocíamos bien y se han tomado medidas que han comenzado a dar frutos, y también algunos visibles.

Por eso quiero aseguraros también que este triste hecho no me distrae ciertamente del trabajo de reforma que estamos llevando adelante con mis colaboradores y con el apoyo de todos vosotros. Sí, con el apoyo de toda la Iglesia, porque la Iglesia se renueva con la oración y con la santidad cotidiana de cada bautizado.

Por eso os doy las gracias y os pido que sigáis rezando por el Papa y por la Iglesia, sin dejarse molestar, sino yendo adelante con confianza y esperanza».

Por eso tienen sentido las declaraciones de Mons., Fernández arzobispo de Buenos Aires. No se concibe una catarsis de Roma, pero sí podría extirparse el mal de la Curia trasladando la cruz a una fundación incontaminada, dice.

En efecto, el arzobispo de Buenos Aires, Víctor Manuel Fernández, de 52 años, ex rector de Uca, ha ofrecido una larga e incisiva entrevista al Corriere de la Sera. He aquí un fragmento:  «¿Está aislado el papa? Para nada. La gente está con él. Sus adversarios son más débiles de lo que creen. ¿La curia vaticana? No es esencial. El papa podría residir fuera de  Roma, tener una secretaría en Roma y otra en Bogotá. ¿Un retorno al pasado, después de Francisco? Nunca se vuelve al pasado. Aun cuando ya no sea  papa, su herencia quedará.  ¿El Vaticano, la curia, los cardenales?  Vistos desde Buenos Aires, siguen siendo un grumo de poder misterioso y tenaz. Lo esencial, son los obispos y el papa. La iglesia es el pueblo de Dios guiado por sus pastores. Es necesaria una lectura no eurocéntrica o romana, sino latinoamericana, asiática o africana, y original,  de cuanto está sucediendo: en el bien y en el mal».

La iglesia ha pasado por períodos muy oscuros. En el s. IX inicia lo que se conoce como la «época de hierro del pontificado»; como denominador común, está la intervención de personas e intereses ajenos a la naturaleza de la iglesia. Épocas oscuras de las que parecía imposible salir. Siglos después, las mismas injerencias determinaron que el papado se instalara en Aviñón, en Francia.  Roma se había vuelto irrespirable. En esas y  parecidas circunstancias, los papa fueron traídos de los monasterios y los conventos. León Magno, Gregoria Magno!

Las cosas han de ser vistas, así, como son; ocultarlas, no solo no ayuda sino que perjudica la fe auténtica. Para mí, la iglesia está ahí donde una comunidad, unida a su pastor, celebra la eucaristía, cree, ama, espera y comparte. Siempre abierta.

Muchos se preguntan sobre la cobertura mediática de estos sucesos. Desde luego, los medios no han creado esta crisis, la crisis es interna, concretamente, en el entorno vaticano. Y como en otras ocasiones, los hombres de la iglesia se ponen a nivel de los escribas que critica Jesús: les gustan los honores y ocupar los primeros lugares en todas partes, pero se echan, con el pretexto de largos rezos, sobre los bienes de los pobres.  Pero los escribas de hoy parecen no haberse dado cuenta todavía de la post modernidad ni del mundo mediático.  Y todo, mientras Roma arde!

“Nuestra alegría también es ir contracorriente”, ha dicho papa Francisco. Que Roma siga ardiendo; entre tanto, papa Francisco, se apesta a visitar las repúblicas centroafricanas, done toda desgracia tiene su asiento, a reafirmar la vocación salvífico-universal del cristianismo, querida por Dios y manifestada en Jesucristo. Luego vendrá a México.

¿Cree, Ud., que el papa permanece en la casa de Santa Marta por motivos de seguridad personal? Para nada, responde Mons. Frenández; no veo argumentos en este sentido; creo, más bien, que como religioso, (no proviene del clero diocesano), gusta estar en comunidad. Permanecerá en la Casa de Santa Marta, firme y con plena confianza.

Y, que Roma siga ardiendo!